Torni Segarra

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Colaboraciones, 06-01-2013

1. Por tanto, Eloy, ya estamos de acuerdo en la esencia, la raíz, de todo el problema de la vida: el conflicto y la división que lo genera.

2. Humberto, la cosa está como siempre muy complicada para los que no ven. Pues, vimos con ansiedad, para conseguir aquello que creemos nos va a mejorar nuestra situación. Pero nos damos cuenta que eso que hemos conseguido, no es lo que realmente nos libera de la angustia, del dolor. Entonces, recurrimos al psiquiatra o al psicólogo, al que creemos que sabe, a algún gurú o maestro. Y así nos dejamos llevar, convirtiéndonos en repetidores de lo que otro dice.

El hombre tiene miedo. Y ese miedo le afecta a toda su existencia. Por lo que, en vez de descubrir qué es ese miedo, seguimos huyendo de él, queriendo transformarlo mediante las distracciones, repitiendo lo que otros han dicho. Y así es como llevamos cien mil años. ¿Puede uno ser original, sin depender de ninguna autoridad, ya sea espiritual, psicológica, o del que dice que sabe?

3. Es más grave que la sed del poder y gloria. O tal vez, todo es lo mismo. Porque, al final se trata de ser o no ser, se trata de la existencia de cada cual. Porque, en realidad la vida es una guerra de todos contra todos por sobrevivir. A eso hay que añadir la vanidad, que generan los celos, las disputas, la ira pronta a estallar. La cuestión está en verlo tal cual es, como un veneno que es, y que uno, si es afortunado y cuerdo, ha de apartar.

4. La conciencia es lo primero, que si uno no se inmiscuye en ella genera orden. Esa conciencia que ve y actúa sin ningún obstáculo, es la que puede generar el cambio, donde el ‘yo’ desaparece. Por tanto, es el ‘yo’ el obstáculo, con su pasado, el que ha de darse cuenta que es un impedimento. Y lo hace. Porque, cuando actuamos con toda la pasión -que no es obsesión ni fanatismo-, con toda la energía, con todos los nervios operando, ante un reto, todo lo conocido desaparece y sólo queda la conciencia respondiendo a lo que es. Y es ahí donde el ‘yo’ no puede operar y por eso es que llega el orden.

Ahora bien, tú Humberto, decías que ¿cómo es posible que siendo el ‘yo’ el problema pueda llevarnos a la solución, a su auto-destrucción. Y es que el ‘yo’ no se auto-destruye. Sino que, al ir más allá de él, cesa momentáneamente en su actividad. Es decir, es una ilusión creer que el ‘yo’ va a desaparecer para siempre. Por eso, cuando me doy cuenta que estoy inatento -cuando soy consciente de la actividad del ‘yo’- es cuando vuelvo a estar atento. De la misma manera que cuando vemos un peligro inminente, donde está en peligro nuestra vida, actuamos -actúa la conciencia pura- y ya no está el ‘yo’ para operar. Es decir, que la conciencia pura es la que hace que vayamos más allá del ‘yo’. Y ahora la pregunta es: ¿Cómo llega la conciencia pura? Pues, cuando vamos más más allá del ‘yo’, cuando la energía se condensa y explota, en su máxima expresión, en ese momento dado. Por eso, uno ha de actuar ante un reto negativamente, que es de la manera donde el ‘yo’ no puede operar, y cuando toda la energía llega en su plenitud, pues ya no hay división ni deseo con respecto a ese reto, ya que no sabemos lo que va a suceder. Al contrario, si encaráramos el reto positivamente, ya sabríamos los resultados posibles y el ‘yo’, el deseo empezaría a maniobrar, a desencadenar lo que quiero y el conflicto con lo que es, que es lo desconocido.

5. En la inacción hay acción total. Porque en la inacción el ‘yo’ no puede operar. Pues, al no actuar no hay deseos. Así que la relajación toma su sitio, sin saber lo que va a venir.

6. Cuando uno actúa con libertad, puede que genere un caos. Pero ese caos le lleva a su orden. Porque el orden tiene su propia dinámica implacable.

7. Para calmar la mente, Rolando, no basta con tranquilidad, ejercicios de concentración, retirarse a un lugar a practicar eso que le llaman meditar -que no es en absoluto, sino un aquietar y concentración-. Para calmarnos, hemos de actuar de manera que no generemos conflictos, disputas, donde el ‘yo’ está a sus anchas. El problema es que no vemos la realidad tal cual es. Y empezamos a inventar nuevas realidades, que nos gustan más y satisfacen.

8. La realidad, es lo que estás haciendo ahora -leer este comentario-. Eso es muy sencillo, la realidad es todo lo que hacemos y existe. El problema está, Emmanuel, cuando esa realidad no nos gusta, Y queremos inventar otra realidad más acorde con nuestros gustos y deseos. Y entonces, se genera un conflicto entre la verdadera realidad, lo que es, y la realidad que yo quiero e invento. Por lo que, es por eso que hemos construido esta sociedad y su manera tan desordenada y caótica de vivir, porque nuestras vidas son divisivas, están en conflicto. Y donde hay conflicto, hay enfrentamiento y contienda, hay la lucha por dominar, violencia y guerra.

9. ¿Es la libertad elección, opción? Evidentemente no lo es. Uno no puede optar por ir en dirección contraria por la autopista, ni puede elegir el robar un coche para pasearse y disfrutar. Porque toda esas opciones -si es que buscamos el orden que es la ausencia de conflictos con quien sea: la autoridad, la familia, el vecino, con un mismo-, nos van a complicar la vida. Y la vida en sí ya tiene sus problemas inherentes a ella. Por lo que añadir más problemas por nuestras tonterías del deseo de más placer, etc., no es libertad en absoluto.

10. Lo real es todo lo que existe. Nosotros también existimos, formamos parte de esa realidad, que nos puede gustar o no. Y esta existencia tiene el problema de que está llena de dificultades, de problemas, que nos causan dolor y sufrimiento, Por tanto, uno tiene que ver de qué manera ese dolor -que nos altera y nos hace feos- no estará en mí.

Y cuando uno hace lo que le da la gana, el dolor está ahí. Por eso, la acción ha de tener su orden, su sentido, su dirección correcta. No se trata de reprimir, de vivir como un monje, fraile, ermitaño que vive en un rincón apartado para no ser tentado ni contaminado. Si no de ver dónde nos lleva la libertad que yo quiero, porque me gusta y satisface más que la que llega con el orden que es sin opción. Yo no puedo optar por violarte, agredirte cruelmente, ni optar el no pagar la luz ni el agua, los servicios básicos para que todo funcione adecuadamente. ¿Comprendes, Luli, de qué estamos hablando? No estamos filosofando ni hablando intelectualmente, estamos hablando de hechos. Y el hecho es que el dolor nos está destrozando. Porque queremos vivir haciendo lo que nos da la gana, optando, eligiendo, sin darnos cuenta dónde nos va a llevar a parar esa actitud. Y si nosotros nos estamos destrozando, estamos destrozando todo lo que nos rodea, las relaciones entre nosotros, entre los animales, toda la naturaleza y lo que existe.