Torni Segarra

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Colaboraciones, 01-01-2013

1. Los dictadores no quieren dejar el poder porque saben que pueden perder la vida, y antes de eso perder todo lo que tienen. Los que los quieren echar, son como los dictadores asesinos -porque usan la violencia, matan y destruyen con su terrorismo, poniendo bombas a las puertas de los edificios públicos donde hay personas inocentes, transeúntes, etc.-. La diferencia está en que el dictador tiene más capacidad de matar y destruir que los que lo quieren derrocar y eliminar. Entonces, el dictador como un ser humano que es, también tiene la necesidad de defender su existencia que se la está jugando a vida o muerte.

El dictador tiene la mala fama que se ha cosechado por sus actitudes crueles y brutales. Los que lo quieren derrocar y eliminar, son dictadores pequeños -infantiles- pero con el tiempo si llegan al poder serán básicamente lo mismo que el dictador que han derrocado. Porque tienen la misma manera de proceder: vencer sea como sea. Es decir, viven en la división y el conflicto, que al desarrollarse llega la violencia, el estado de guerra perenne. Y por eso, es que todos los dictadores tienen ejércitos y policías, espías y chivatos, jueces que ejecutan las leyes que van a su favor, le ayudan a proseguir en el poder.

2. Patricia, si la ignorancia fuera más rápida que la inteligencia, tal vez, ya hubiéramos desaparecido de la faz de la tierra. Porque el más rápido se supone que es el que vence, a la corta o a la larga.

Lo que quiere decir ese texto que has publicado, es que el ignorante -el insensible y cruel- ese sí que corre sin importarle el mal que cause y genere. Y el inteligente -el sensible- es más observador, es más cauto, no es ansioso ni neurótico, porque sabe que a cada paso que da está destruyendo toda clase de vida -recordemos cuando vamos al campo abierto o un gran parque, todo lo que pisamos y aplastamos, tropezamos y molestamos a la vida que allí existe, vive.

3. Cuando somos felices, Juan Carlos, ¿qué poco transcendentes que somos? Gozamos de todo, todo nos da placer, dicha, vitalidad y belleza. Ahora hay que descubrir, ¿por qué el hombre ha inventado a Dios y se pregunta dónde está? ¿Es por qué tiene miedo, se encuentra aburrido, vacío, sin soportar la soledad?

4. Patricia, ¿puedes explicar a qué te refieres cuando recomiendas a Seassure y Barthes? Pues, aunque son lingüistas, especialistas en escritura y en comunicación, no acabo de ver a qué te refieres al mencionar esas personas. Creo que será interesante leer lo que tengas que decir. Gracias.

5. Una cosa que no existe nos se puede estudiar ni describir. Solamente se puede decir que no es. Y eso es el camino: no hay sendero, ni camino. Sólo hay un responder a cada reto. Responder a cada segundo muriendo a él instantáneamente.

6. “La “Causa” -del universo- es eterna. El universo es infinito. Lo Eterno contiene a lo infinito. Lo infinito no puede existir sin lo eterno”.

Lo eterno y lo infinito son lo mismo. Una cosa es la otra. Aunque cambiemos poniendo a uno como soporte del otro. Porque el que soporta es lo mismo que lo soportado. Porque desde el principio que lo investigamos hasta el final -según la apreciación humana- todo es una unidad indivisible, la misma energía.

7. Tito, si tú no ves el sufrimiento, el dolor que hay por todas partes, porque no ves la vida tal y como es. O, es que estás completamente más allá del bien y del mal, o es que estás ciego y no te enteras de nada. Como les pasa los que tienen la mente profundamente alterada -los discapacitados mentales-.

8. He leído tu entrevista en el diario…, de ayer.

Voy a escribirte en castellano, por si no entiendes adecuadamente el catalán.

El problema que tenemos los seres humanos, es que cada cosa que hacemos puede ser adecuada o no. Pues todo lo que hacemos como está participado del infinito, de lo que no tiene fin, puede acabar todo en una carrera por llegar a ninguna parte. Por lo que nos genera ansiedad, confusión, desorden, que se manifiesta en la división y el conflicto en que vivimos.

Por tanto, ¿somos conscientes -tanto los científicos, como cualquier persona- que por mucho que corramos no vamos a encontrar nunca la meta, el final?

Desde hace millones de años, los hombres están evolucionando, investigando para derrotar la angustia y el miedo a la vida, el dolor, la muerte, pero eso no es posible. Porque siempre habrá algo que nos derrotará, que no alcanzaremos. Psicológicamente, sí que hay una posibilidad de ir más allá del dolor que nos proporciona la vida -no en lo físico y material-. Viendo que el deseo de más y más seguridad es vano, ya que la seguridad no existe en absoluto. Entonces si ves que no hay nada que conseguir, es cuando el tiempo psicológico se detiene -con todo su pasado, el presente, el futuro, que es el invento del pensamiento, que es toda la memoria acumulada de todo lo que nos ha acontecido a lo largo del tiempo, durante millones de años-.

Si vemos que el deseo en lo psicológico es un peligro -como lo es-, lo descartaremos ¿no? Y si descartamos el deseo que nos hace avariciosos, codiciosos de más y más, entonces todo el desorden que genera -división y conflicto, insensibilidad e indolencia, brutalidad, violencia, guerra- estará fuera de nuestras vidas. Porque el orden llega cuando descartamos el desorden, la confusión, la división, el conflicto. Solamente, uno tiene que ver que ese desorden y confusión es un peligro en el que nos va la vida en ello, como cuando estamos al borde de un gran acantilado, un precipicio. Y si vemos realmente, sin huir ni querer cambiar eso que vemos, la acción que llegue es la inteligencia, que es amor. Por eso en la inacción, hay acción total. Es como llenar un globo de aire, si no te detienes cuando ya está lleno, esa inacción hace que provoque la acción total que es orden, el que reviente. Pues, en la observación es lo mismo, al no huir ni querer alterar lo que observamos, ello ha de operar, pero sin nuestra voluntad. Ya que en la voluntad está la subjetividad, la acción del ‘yo’ divisivo y conflictivo, generador del desorden.

9. Todo eso que se dice en el escrito, es cierto. Es lo que solemos decir, que tanto el observador como lo observado, forman una unidad, es lo mismo; sobre todo si son de la misma lengua y cultura. Pero dando un paso más, cuando el observador y lo observado se fusionan en una unidad indivisible, no hacen falta pronunciar palabras para poder comunicarse. Para mí la comunicación no verbal es más profunda, interesante, sincera y verdadera. Gracias, Patricia por tu eficiencia y claridad.