Torni Segarra

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* Sin soledad, estar solo -no aislado-, ¿qué se puede hacer de verdadero, que no genere desorden? La soledad, nos purifica, serena, es un estado de comunión con lo que uno es. Si nos hacemos adictos a la soledad, es cuando llega la división, el conflicto entre lo que es y lo que me gustaría que fuera.

* ‘Todo en esta página que es similar a lo que K dijo, es mío a menos que sea una cita de K.’.

Repetir lo que otros han dicho, sin haberlo vivido como si fuera por primera vez, es como comer y no tener ningún sabor del original. Porque, el original está ahí. Y lo que dicen los otros, está allá muy lejos.

* Transcender, es ir más allá de lo que tenemos entre manos, lo que somos. Y que no podemos liberarnos de eso. No es fácil, pero póngase a prueba. Y si somos afortunados, veremos lo que nunca habíamos visto: la verdad, la realidad.

* Como las personas que son una leyenda, ésta como tantas otras. Millones lo adoraban. Y millones lo odiaban.

* No nos podemos fiar de nadie. Porque cada uno tiene sus prejuicios. Es decir, su programación. Y nuestra programación es: sobrevivir al precio que sea. Mintiendo, falseando la realidad, robando. Maltratando a los demás, como lo hacen todos. Por tanto, las acusaciones que nos hacen, también se podrían hacérselas a ellos. Pues, todos somos iguales en lo básico. Tanto física, como psicológicamente.

* ‘¡Quién soy yo?  ¿A quién estoy buscando?’.

El que pregunta, ¿no es la consciencia y su percepción? Que nada tiene que ver con el ego, el ‘yo’.

* El amor es de instante a instante. Pues la vida -la mente- es tan rápida, que las palabras no lo alcanzan. Así que, el amor nace y muere a cada instante. No se le puede atrapar ni tampoco rechazar.

* ‘¿Te has preguntado por qué chocas con algunas personas?’.  

Las personas, es preciso que choquemos con los demás. Para sobrevivir es preciso chocar. No han visto en los bautizos de los niños, donde echan golosinas, chuches, caramelos, juguetes, dinero, lanzado por el aire donde están las personas que asisten a esa costumbre, o echado desde un balcón. ¿Qué hacen las personas cuando ven en suelo lo que les lanzan? Se abalanzan como si estuvieran hambrientas, necesitadas. Sin reparar en que tropiezan y pelean, por recoger más que nadie. Y esa costumbre tan vieja, los niños que ya pueden recoger lo que se lanza, participan como si lo que van a recoger fuera un tesoro. De manera que, el conflicto entre ‘tú’ y ‘yo’, se tolera, se práctica, como algo preciso, natural.

Los niños hacen lo que se les enseña, lo que ven que sus padres hacen con toda naturalidad. Y los padres, también han pasado por esas lecciones, costumbres, maneras. Tan insensibles y falta de respeto por los demás. Cuando lo adecuado es ceder, participar de lo que hay, repartirlo. De manera que, no haya ningún agravio, injusticia, desprecio. Porque, con esa compasión y amor, es como las personas no chocamos unos con otros. Ya que esos choques es el camino por donde vamos a los conflictos, a las peleas, a la violencia, a la crueldad, a las matanzas de la guerra.