Torni Segarra

Seleccionar página

* Para soportar el matrimonio, sólo hace falta la necesidad. De pareja y todo lo que ello lleva consigo. Así que, la necesidad se convierte en ley. Para el que, está necesitado de algo.

* Enfrentarse con la realidad, la verdad, no es posible sin una conmoción ante un hecho. O ante el hecho de vivir.

* Pero, por eso que es así, es que estamos cien mil años destrozándonos. ¿No podemos descartar esa inmensidad de tiempo y sus maneras, de matarnos para resolver los problemas? O tal vez, es que somos adictos a la energía del conflicto, de la violencia, de la guerra. Porque, si no es así languidecemos. Pues no sabemos disfrutar de la belleza de la vida: de los árboles, las montañas, los animales, las relaciones entre los vecinos, los amigos, o cualquier persona. Escuchar lo que dicen, sin querer imponernos. Y de esa manera, que surja el orden que no es el ‘mío’ ni el ‘tuyo’, de nadie. Sino que es, lo que es. La realidad, que no se puede cambiar.

* Creo que no comprendes cómo funciona la vida. Todos los seres vivos, han de comer. Y están obligados a ir a donde hay comida. Porque, están obligados a sobrevivir. De manera que, si alguien tiene mucho de sobra, los que no tienen nada, han de ir donde sí que hay. Por tanto, si vivimos en la abundancia, en el derroche, los que no tienen han de venir donde sí que hay en abundancia. Y esa ley, no es mía ni tuya ni de nadie. Es la ley del universo. Y que no se puede cambiar.

Pero ahora resulta, que hay unos no quieren compartir lo que les sobra. Y entonces, viene el conflicto entre el que necesita algo para sobrevivir, y el que no quiere compartir lo que tiene de sobra. Ese es el conflicto con el que vivimos, desde hace un millón de años.

* Si no tiene la necesidad, no querrá quitarnos nada. Porque, existe también la programación del mínimo esfuerzo. Ya que, todo esfuerzo, lleva consigo su peligrosidad.

* Decir que la guerra es el último recurso, cuando fallan los demás. Eso es la consecuencia, de no ver que la vida y sus posibilidades son infinitas. Sólo falta amor. Miremos cuando nos enamoramos de una persona: no hay obstáculos para que ese amor no sea. Porque, aunque vengan un millón de obstáculos, ese amor no podrá dejar de ser.

* El universo como es infinito, tanto puede ser violento como no. Nosotros, al inventar el amor, la paz, la compasión. Hemos provocado todo el desorden, al salir de la naturaleza. Es como si hubiéramos dado un golpe de estado a la primigenia ley. Donde no existe ni el mal ni el bien.

* Poca hambre tiene el gato -ante un ratón-. Los animales cuando tiene hambre, todos los otros animales que son menor que ellos, los cazan y se los comen.

* Ser en el camino correcto, ¿quién es ese? Pues todos, los caminos tienen su peligrosidad. Es decir, no hay ningún camino ni sendero, fácil, sin dolor. Respecto de la espiritualidad, el comino, la senda, el método, son un obstáculo para que llegue la verdad. Porque, el camino, el sendero, nos atrapa, vivimos en el pasado, de lo viejo que se repite.

* Hay invasiones de países, que son escandalosas. Pero, todos de una manera de otra, somos invadidos por otros. Por eso, uno ha de estar muy atento cuando alguien, quiere sacar un provecho de nosotros. Pues, ahí empieza la invasión. Que es robar, aprovecharse de la inferioridad, la debilidad, el descuido, de los otros.

Aprovechando la ocasión, cuando España, invadió Sur América, se calcula que tenía un millón de personas. Y la pregunta es: ¿Qué buscaban con tanto ahínco, hasta el extremo de gastarse una fortuna para ir a un lugar desconocido? Fueron a lo que querían hacer, robar, invadir las tierras, esclavizar a los aborígenes, que se rebelaban contra los invasores.

Mientras en España, y otros países europeos invasores, se tenían que abrir hospitales, hacer escuelas, empedrar calles, construir riegos, caminos, puentes, carreteras. Pero, la codicia y su crueldad, era tan poderosa, que blanqueaban sus invasiones con frailes, religiosos. Que se dedicaban a bautizar a los nativos, a justificar lo que se hacía. Y castigar al que no lo consentía.