Torni Segarra

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El diccionario es uno mismo. Ha de ser uno mismo.
 
Para inquirir ha de haber un estado de vacío, de nada.
 
Por tanto si tengo una imagen de mí mismo o de lo que ha de ser la respuesta, ésta estará mediatizada.
 
Ahí estamos. ¿Por qué ha de haber un centro?
 
¿Tenemos miedo de vivir sin centro, de no ser nada, ni Toni, ni Alfredo, ni Fernando?
 
Vivir sin imagen es vivir como un loco. Y nadie quiere que le llamen loco.
 
La conciencia y la percepción fueron lo primero, luego llegó el pensamiento que las manejó a su antojo. Y de ahí llega toda la confusión y el desorden.
 
El pensamiento que cataloga, contrasta, dice este me gusta, este otro no.
 
Por tanto el pensamiento es el que se opone al vació, a la nada. Por eso el pensamiento sirve para saber cómo me llamo, etc.
 
En el ámbito psicológico, espiritual, el pensamiento no es adecuado para resolver los problemas, ya que él siempre es el pasado.
 
Si suben sin que opere el pensamiento, será el orden.
 
El ‘yo’, llegado un momento no puede operar porque no es tan rápido como la percepción. Y entonces, es cuando uno va más allá del ‘yo’.
 
Jiddu Krishnamurti, puede entrar por cualquier tema y perderse. Podría terminar con lo que está hablando en un segundo. Pero, tiene que terminar el tiempo previsto de la conferencia. Por ejemplo, cuando preguntaba y preguntaba, ¿por qué somos violentos? Diciendo que es porque tenemos miedo, todo habría concluido. Es su magia, siempre en trance.
Gracias, Etania por tu colaboración.
 
El pensamiento, el sentimiento o la conciencia, es todo lo mismo. Primero la conciencia, luego el pensamiento, finalmente el sentimiento. Porque el sentimiento es una reacción de lo que se conoce, es decir el pasado. Es decir, en el pensamiento es donde está la memoria, el pasado, los sentimientos y las emociones, todas reacciones.
 
El infinito se expande y contrae como los océanos con sus mareas altas y bajas, con sus olas que salen a la orilla de la costa para volver a entrar. Pero eso es un fragmento solo, porque por ser infinito no se le puede abarcar, entender, comprender, visualizar, pues no tiene confines, ni paredes, ni muros, ni fronteras. Y por eso, es mejor dejarlo y no hablar de él.
 
¿Puede el pensamiento acceder a lo desconocido, a lo que está ocurriendo, en el ahora? No puede, porque se enreda con los problemas que ve e inventa, que son todos recuerdos del pasado. Y ahí está empantanado, clavado en suelo como un pilar.
 
De algo bueno, como renunciar, desapegarse, desacondicionarse, el amor, ¿se puede decir que estamos demasiado influidos por eso? Lo bueno no molesta, pues está más allá de toda medida. Puede que moleste a los otros que no lo entienden. Pero, ese es el problema de los otros. Si también hacemos nosotros un problema de eso, es que no hay comprensión de eso que es bueno, adecuado, preciso -renunciar, desapegarse, desacondicionarse, el amor-.
 
La libertad sólo puede ocurrir, cuando ya hemos comprendido el conflicto, tanto interno como externo, y vamos más allá de él. Porque decir, que somos libres, que vivimos en la unidad, que somos la mente universal, etc., todo son palabras graciosas que nos halagan y auto convencen de algo que no es real.
 
Es más sencillo, cuando hay unidad entre el cuerpo y lo psíquico, ahí está todo funcionando como una misma cosa. Por eso, lo verdaderamente importante es estar libre de división y conflicto. No hay otra cosa más que hacer que descubrir, darse cuenta, entender que mientras haya división y conflicto no habrá unidad. Y por tanto, todos los problemas proseguirán tal como sucede ahora, en el presente.
Uno tiene que arder por librarse de ese conflicto. Si es así, que uno no puede vivir en conflicto,  esa misma visión tan radical y absoluta de lo que es, no libera de él.
 
Marianela. Si solamente dices y te repites miles de veces que,  "El verdadero secreto del poder es la conciencia del poder. La Mente Universal i", y ahí se acaba todo. Eso es como la magia de los magos: te digo que eres bonita para que te lo creas. Y claro, tú te lo crees, aunque sabes que es mentira. Ya que así vivimos en el consuelo auto compadeciéndonos.
 
Dime con quién andas y te diré quién eres. Y las amistades de ese señor anacrónico y espabilado, todo a la vez, no son de las que se distinguen ni por la compasión ni por el amor. Si no que son corruptos e inmorales guerreros.