Torni Segarra

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1. Las emociones no las podemos manejar, ellas al ser pensamiento son ingobernables. Además, como nos proporcionan placer aún tienen más poder. Por lo que hay que encararlas sin huir de ellas, sin querer cambiarlas. Porque el conflicto que eso desencadenaría, sería la continuación de esas emociones.

 

2. Las personas que más han sufrido tienen la capacidad de observar la realidad y relativizarla. Por lo que parecen que están más allá del bien y del mal –que no les afecta-. Y así son menos controlables y parecen más peligrosas a la autoridad, a las personas convencionales.

 

3. Cuando cuestionamos todo lo que se nos dice, cuando queremos investigarlo, es cuando parecemos insoportables a los demás que quieren que seamos superficiales y obedientes.

 

4. En el fondo, en realidad, todos somos iguales: pedigüeños, desvalidos, necesitados, y por eso somos tan caprichosos, sin comprender la realidad de lo que somos, y de qué somos capaces de hacer para conseguir eso que queremos: el placer, la seguridad. Pero la seguridad no existe, por lo que parecemos ciegos caminando en la oscuridad.

 

5. ¿No es lo mismo que nos necesiten porque nos quieren, que nos quieran porque nos necesitan? Porque en ambos casos está el deseo de algo. Pues al querer a alguien, ya dependemos de él y lo estamos manipulando para retenerlo el máximo tiempo posible.

 

6. Cuando nos enojamos, y perdemos el control, es cuando aparece y se impone la parte animal que aún somos: dominadores, implacables, brutales y crueles, violentos. Y parece todo lo feo que podemos ser, ya que nos causamos el máximo daño posible.

 

7. Evidentemente una persona es infiel a otra, cuando ésta no tiene lo que necesita de la otra. Y, ¿qué necesitamos las personas en la relación, en todo lo que hacemos? Necesitamos seguridad. Y esta seguridad sólo puede llegar cuando consigo lo que quiero: el placer.

O sea, que la causa de infelicidad es la búsqueda y persecución de más placer.

 

8. Cuando amamos a alguien de manera que no queremos cambiar su manera de ser, eso quiere decir que somos libres, al darle libertad a la otra persona. Y cuando somos libres no tenemos regla ni compromisos, ni leyes, que nos aten de ninguna de las maneras.

 

9. ¿Algo puede ser inolvidable? Solamente algo puede ser inolvidable, cuando no prestamos atención a la vida, cuando somos indiferentes a todo lo que está pasando. Es decir, lo inolvidable es una desatención, una distracción, como un pasatiempo, que nos hace indiferentes a lo que está pasando ahora: la vida en todo su esplendor.

 

10. Cuando somos capaces de decir que somos más que los otros, es que tenemos un problema. Y ese problema es el de la amargura, la sed venganza, que todo lo quiere destruir: hasta lo más sagrado que es la vida y las relaciones entre las personas.

 

11. La gratitud es a todo lo que existe, porque todavía participamos de esta vida, porque estamos vivos. Y todo lo que existe nos ha respetado de manera para que podamos estar vivos, aunque sea a costa de los otros que ya sean muerto –salvo los muy viejos que ya estaban completamente consumidos-.

La esperanza es otra cosa. Ya qué esperanza quiere decir que ya tenemos un programa, un guion, de cómo tiene que ser nuestra vida, cómo han de ser los resultados. Y esa esperanza es la que construye un plan, una estrategia, con sus normas, preceptos y leyes. De manera que nos hacemos insensible e indiferentes a la realidad que no vaya en la dirección de la consecución de ese plan, de esa esperanza. Y así es como nos hacemos egoístas, brutales y crueles, indolentes.

 

12. Si el amor existe, ahí estará el compartir, el ceder y no ceder según la ocasión, el indagar y ver lo que es mejor para todos. Por eso, el amor es sin conflicto alguno. Libre de la división y la fragmentación interna, que va a generar las disputas, los enfrentamientos, la contienda, con toda la confusión, el desorden. Por lo que la relación no puede ser, porque se quiere dominar, vencer, aplastar y destruir al otro.

 

13. Cuando vivimos en el pasado y sus recuerdos placenteros, que nos proporcionan la seguridad de lo conocido, es preciso que nuestra vida no sea total, entera, completa. Porque esa parte del pasado se inmiscuye en el presente. Y para que la vida sea, tenga su sentido y significado, ha de haber un fluir de toda la energía para poder responder a los retos adecuadamente. Y esa energía solamente puede llegar cuando la división con el presente, a causa del pasado que es el obstáculo, ya no es.

 

14. Cuando vivimos la vida con toda intensidad, no hay nada más que el presente, el ahora. Y en ese ahora no hay nada que recordar, nadie que nos pueda esperar o a quien ir, solamente está el gozo del vivir, con todas sus dificultades, placeres y amarguras. Que esa intensidad en el vivir, que es la atención total y absoluta a lo que estamos haciendo, hace que todo recuerdo del pasado o la proyección en el futuro, no puedan ser.