Torni Segarra

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1. Cuando más creemos en algo, más nos irritamos y dividimos con los que nos ponen el espejo para que nos veamos tal y como somos. A veces solamente con la sola presencia, el nombrar o recordar a alguien, ya nos genera conflicto y división. La religión por eso, es estar más allá de toda idea y teoría, de todo concepto, viviendo en el vacío, la nada. Pues es en ese vacío, donde puede florecer eso que llamamos amor –la no división ni el conflicto tanto interna como externamente-. Si no hay amor, ¿Qué sentido tiene la religión, para qué sirve? La religión no son los ritos, los preceptos y sanciones, formar parte de una secta aunque la integren millones de personas, no son las supersticiones e inventos acomodaticios y egoístas.
Cuando alguien que se denomina religioso, viste su hábito, etc., con sus maneras convencionales de bondad y suavidad, de educación y de respeto, y alguien lo cuestiona, es cuando nos damos cuenta de la falsedad de las palabras, los conceptos, las ideas. En realidad, son como los políticos: unos funcionarios de algo que han planificado y se tiene que llevar a término, para que pueda proseguir adelante. Y esa trama es la que se antepone al vacío, donde uno nada más es que un ser humano, desvalido y vulnerable ante toda la grandiosidad del universo.
Y esa visión de la vulnerabilidad, e incomprensión de todo lo que sucede, es lo que nos genera el miedo. Y del miedo –del dolor- es donde se genera la religión. Sin dolor, la vida no tendría el sentido que tiene, tal y como la conocemos, con sus fenómenos físicos y químicos que actúan en nosotros obligándonos a ceder, renunciar, o sufrir, la agonía y perecer.
Y esos dolores físicos son los que por la evolución, al desarrollarnos por medio de la repetición de las experiencias del sufrimiento, etc., durante millones de años, se han convertido también en psicológicos. Por tanto, todo es un proceso lógico y matemático. Primero, la vida, con el cuerpo. Después la conciencia de que tengo que eludir el dolor –cosa precisa para que pueda proseguir la vida, de lo contrario no podría ser: no huiríamos del fuego, no nos resguardaríamos de los animales, de los otros, que nos quieren devorar, destruir, etc.-. Y al final, que es donde estamos ahora, solucionar el dolor psicológico. Y el dolor psicológico –del alma-, es división y fragmentación interna.  
Por tanto, todo el problema de la religión consiste en cómo me liberaré de la división interna. Pues si existe la división, existe el conflicto, los problemas, las disputas, la violencia y la guerra. Y todo eso, es dolor y sufrimiento.
Ahora bien, como una persona religiosa convencional que eres, te preguntarás, ¿Y dios dónde queda, dónde está? Para qué queremos perder el tiempo con dios –si existe o no existe, si el mío es mejor que el tuyo, disputando por el nuestro, etc.-. Pues todo esto, la defensa, la especulación, genera división. Y si hay división, la religión no tiene sentido ni puede ser.
 
2. Gracias, la solución ha sido darle más volumen. Pero, si puedes por favor, explica lo que estaba diciendo esa persona.
 
3. Cuando nos damos cuenta que cualquier reacción, va a generar el mismo desorden que queremos evitar, es cuando uno no hace nada. Y en esa inacción, hay acción total, que es orden. El fin de la confusión y conflicto.
 
4. La realidad directa cuando llega, sólo es percepción. Pero el mundo material sigue continuando: cae la lluvia, sale el sol, los pájaros vuelan, los cuerpos sienten sus molestias, etc.
En ese estado de percepción total, todo es vivido como antes, pero yendo más allá de todo. Es decir, sin hacer problemas ni tener conflictos. Sólo ver, participar de ese ver.
 
5. Sí, ese monstruo que podemos ser -o que somos-, ya está descrito. Y ahora, ¿qué? ¿Habrá que hacer algo al respecto de ese monstruo que puede empezar a operar en cualquier momento? Porque no se trata de un niño revoltoso, sino de un loco adulto, que puede destruir toda la humanidad y la tierra. Y antes de eso –porque eso no llega en un instante- todo el dolor de las revueltas, la violencia y la guerra.
 
6. Hola Paty. He visto que no puedo publicar en el muro de ‘Huellas de la divinidad’. ¿Puedes informarme a que se debe, si es una avería temporal? Gracias.
 
7. Ya hace unos cuatro o cinco meses que dejé de ser administrados. Gracias, por la respuesta e información.
 
8. Paty. ¿Cómo has quedado con tus indagaciones respecto de que no pueda publicar como antes en ‘Huellas de la divinidad’? Gracias.
 
9. Fernando, ¿puedes explicar qué pretende Swami -maestro espiritual- Hanumat con sus explicaciones? Es que el audio es muy deficiente y no entiendo casi nada. Gracias.
 
10. Será lo mejor. Cuando lo subtitules, si te acuerdas, envíamelo. Gracias por todo, Fernando.
 
11. Gracias, la solución ha sido darle más volumen. Pero, si puedes por favor, explica lo que estaba diciendo esa persona.
 
12. Es verdad, Fernando, no sé cómo hablan, o es que el filtro del sonido es inadecuado. Pues entre lo que dice el conferenciante, y lo que dice la traductora, se genera un ambiente sonoro que no logro escuchar nítidamente. Sé de lo que habla, porque su imagen, etc., da entender quién es. Pero, los detalles y las descripciones personales, la manera de expresarlo, es algo que no puedo escuchar. O habría que estar repitiendo cada explicación o respuesta varias veces, yendo atrás en el video. Así que lo siento, pues no puedo escribir sobre lo que decía el Swami –maestro espiritual-.
 
13. Todo lo que queramos que hagan los otros, si uno no lo hace él mismo en cada acto de su vida, ¿eso qué sentido tiene todo? Y eso es en realidad, lo que hacemos, porque no comprendemos. No comprendemos cómo funciona nuestro pensamiento. Y por eso, tenemos una idea equivocada de lo que tiene que ser la vida, de cómo nos tenemos que comportar. Y por tanto, de lo que nos llega.
 
14. Gracias Daniel. Para saber cómo vivían los hombres hace trescientos mil años, no hay que estudiar mucho. Pues, el hombre siempre es el mismo, Pueden cambiar las costumbres a la hora de vestirse y acicalarse, llevar el pelo y la barba larga o cortada. Pero, internamente seguimos divididos, en conflicto con los demás, o la naturaleza.