Vivir es destruir, amor y construir. 31-03-2017

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984. No es una mentira, es la otra parte que se opone, la que hace las cosas de manera para que parezca imposible: se niega rotundamente a aceptar la libertad de la otra parte. Poniendo en marcha toda una campaña de desprestigio, por todo el mundo. Ya que, tiene acceso a los organismos, foros, de todo tipo, internacionales.

Y, como mayoritariamente, los demás países son como ellos, los apoyan de todas las maneras. Pues, ellos se sienten obligados también a estar en contra de la libertad, porque son iguales: no quieren ceder, renunciar, negarse al egoísmo brutal, cruel.

Por eso, a veces, las reclamaciones de libertad, por la opresión, la falta de respeto, por las humillaciones recibidas durante mucho tiempo, desencadenan disturbios, revueltas, violencia, guerras.

Y por eso también, toda confrontación, nunca tiene la responsabilidad solamente una parte. Aunque la parte más poderosa, vencedora, dé la culpa al más débil, que parece que tenga menos, pocas, posibilidades de acceder a la libertad que necesita; que el que oprime, el opresor, cerrándole todas las puertas para solucionar el conflicto de la necesaria libertad.

Eso, se ve más claramente, cuando los esclavos reclamaban su libertad. Y sus dueños y señores, se negaban de todas las maneras. ¿Saben por qué? Porque, sus riquezas, su manera de vivir derrochadora, caprichosa, se basaba en esa esclavitud, en la que ellos eran los únicos libres de hacer lo que les daba la gana, incluso comprarlos y venderlos, o matarlos, según les convenía. Con la ventaja, o por eso, con las leyes inventadas para tal efecto, por ellos mismos, para que todo fuera legal.

Por eso, la legalidad, cuando hay una gran reclamación de libertad, no tiene ningún valor verdadero. Pues, esa legalidad, es incapaz de resolver los problemas, el conflicto, el enfrentamiento, porque es juez y parte a la vez.

 

 

985. Rectificar, es de sabios. Y perdonar, también. De lo contrario, ya sabemos lo que va a proseguir: la jarana, el lío, lo que unos dicen contra lo que otros dicen. Y así, el negocio absurdo de esta vida, que no pare: vender diarios, que todo ruede y funcione a tope, aunque se destruya todo, nos destruyamos.

 

 

986. La taberna ya hace tiempo que está allí. La taberna de las mentiras, de las corrupciones, de los chanchullos. De los que van allí, con la excusa de que es para servir a los demás, y a lo que van es a hacerse ricos, con los negocios sucios de la política. ¿Es qué estamos ciegos, bobos, o es que también somos como ellos? Por cierto, los que votan a personas corruptas, es porque ellas también lo son.

 

 

987. La verdad, la diga quien la diga, sigue siendo verdad. Al menos para quien la diga; y los millones que creen en ella, en esa verdad.

Por lo que, siempre es lo mismo: A contra B. Y, B contra A. ¿Se puede romper esa dinámica infernal? Eso lo tiene que descubrir cada cual.

 

 

988. Romperá por otro lugar, como haces tú, todos lo hacemos. Sólo los muertos están quietos, son sumisos, obedientes, cómplices de las maldades humanas.

 

 

989. La pregunta es: ¿Puede un robot aprender por sí mismo? No puede. Pero, sí lo puede hacer, un robot a otro robot. Y así, por añadidura, evolucionar como nosotros.

El problema está en su alimentación, que es la energía. Por lo que, la manera de controlarlos es cerrando el botón, desconectar la conexión a su fuente de energía.

Todo un peligro. Porque, nuestro paradigma, es el sobrevivir, al precio que sea, incluso matando. Por lo que, los robots al ser hijos nuestros, nuestro fruto, es preciso que también quieran sobrevivir -no morir- al precio que sea: con conflictos, con violencia, con guerra, para destruir a los que les quieren destruir a ellos.

 

 

990. El Sr. Hernández, ya hace tiempo que pierde aceite: va detrás del poder y del dinero. Y no le importa nada la dignidad, la verdad, el humanismo, se ha quedado raquítico.

Aunque, todo eso, de una manera o de otra, nos pasa a todos, aunque sea a un nivel diferente. Nosotros quisiéramos, que fuera más sensible a la libertad de los oprimidos. Pero, cada uno es como es. No hay más cera que la que arde.