Torni Segarra

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1. En realidad sabemos bien poco de lo que hacen los demás en su intimidad, ya que nosotros no tenemos acceso a ella. Las personas sabiendo que siendo previsibles, algunas veces nos sorprendemos por algo que otros hacen. Eso es debido al estar distraídos, al no estar atentos a lo que es la realidad: que la vida no se puede manejar. Y la vida somos las personas.

Aunque ya sabemos cómo podemos derrotar ante un reto cualquiera, la inatención que es el sentimentalismo, el romanticismo, las ilusiones, el querer cambiar la realidad, es lo que hace que nos sorprendamos y alteremos por los eventos e incidencias.

 

2. Unos psiquiatras han publicado un informe en el que advierten que creer en dios es una alteración mental. Es decir, es como tener a alguien que hemos inventado en nosotros, dentro de nosotros, dependiendo de él, contándole todo lo que nos sucede, pidiéndole todo lo que necesitamos, lo imposible, pues creemos en su poder, decimos que él nunca nos falla.

Pero todo eso más engrandecido por la idea que hemos creado de dios: alguien omnipotente, omnisciente, todo poder y toda gloria, etc. El estar poseído por una persona vulgar y corriente –una amiga, la pareja, alguien importante como un cantante, alguien que dice que sabe, un maestro o gurú-, de eso es bastante fácil de desengancharse, liberarse de ella. Pero tratándose de los dioses –de dios-, eso ya es otra cosa, ya que hay millones y millones de personas que creen en ellos, personas poderosas, influyentes, ya que el poder mundano, sea conchabado con el religioso-espiritual para que esa epidemia mental continúe. Ya que de una manera o de otra, ese dios, la religión que lo sostiene y el poder político-mundano, se benefician mutuamente. Pues rara vez entran en colisión frontal entre ellos, sus relaciones son de socios con los mismos intereses: el poder y la influencia sobre las personas que manejan para sus propios beneficios.

 

3. Siguiendo con la inutilidad de las palabras, cuando Mark Lee dice refiriéndose a Jiddu Krishnamurti: ‘Vivió  una vida sin autoridad psicológica ni religiosa.’ ¿Es eso posible en una persona tan poderosa e influyente como él? Es como si se dijera de Obama que no es una autoridad política ni social.

Todo lo que hacemos, queremos o no va a influir en los demás, ya sea con el corte de pelo, la manera de vestir, de comer, de hablar, de vivir. Podemos decir que no somos una autoridad, pero eso no es estrictamente cierto.

 

4. Cuando perdemos algo, ¿por qué no somos conscientes que lo nuevo está al llegar? Y lo nuevo es perder eso que teníamos, así todo un mundo nuevo se abre a nosotros. Pero no nos gusta lo nuevo, queremos ser viejos, repetitivos, para estar seguros, viviendo en la tibieza de la seguridad. Pero la seguridad no existe, sólo existe la absoluta inseguridad. Así que agarrarse a lo que tenemos, es la llegada del sufrimiento y el dolor.

 

5. Tener  convicciones es no tener nada, solamente una remota hipótesis de algo que podría ser o suceder.  Lo que cuenta e importa son los hechos.  

 

6. Si somos capaces de ver lo bueno que hay en los demás, también seremos capaces de ver lo malo. Pues tanto lo uno y lo otro, es lo que genera tanto lo bueno como lo malo. Ya que eso lo sabemos en relación a su opuesto.

Cuando decimos que alguien es bueno, es porque lo comparamos con alguien que decimos que no es bueno, y al revés.

 

7. Lo que decimos lo perfecto, lo verdadero, eso es una opinión personal. Pues a los otro les puede parecer, que no sean ni perfectos ni buenos.

 

8. Cultivar el bien no es posible. Pues en todo cultivo hay un  deseo, un  plan, una estrategia, que nos divide del presente, del reto del ahora.

Sólo podemos estar atentos, despiertos  a todo cuanto ocurre, para poder ver lo falso y descartarlo. Lo falso es todo lo que nos divide, el ego, el ‘yo’.

 

9. El amor no apoya ni deja de apoyar. Eso son términos que nosotros hemos inventado para apoyarnos en ellos. El amor se atiende a la realidad, lo que es, lo que está sucediendo. Y ante la realidad de lo que está sucediendo el amor es. Aunque los resultados no nos satisfagan.

 

10. Una de las cosas más difíciles es atenerse a los hechos. Y para a tenerse a los hechos hay que saber lo que es un hecho. Pues cada cual intenta interpretar los hechos a su manera y necesidades personales. De manera que alguien puede estar en el infierno y decir que está en el cielo, o decir también que no sabe dónde está.

 

11. Eso mismo lo podría decir alguien que es subdesarrollado mentalmente de otro que está un poco más desarrollado mentalmente. Todo depende de la referencia con quien nos confrontamos, con quien nos comparamos, con quien nos contrastamos.

Pues el observador es lo observado. Todos somos básicamente iguales en lo psicológico. Cada uno a un nivel, a su nivel.

 

12. La verdad no son palabras, son hechos. Algunos hechos se pueden cambiar si vemos esa verdad. El cambio es infinito para vivir en la verdad.

 

13. Quien quiere la verdad no ve obstáculos. Quien no la quiere sólo ve complicaciones. Porque lo de dentro es más poderoso que lo de fuera.

 

14. La verdad exige honestidad. Los honestos con poco se contentan. Los deshonestos nunca tienen bastante, aunque derrochan y les sobra de todo.