Torni Segarra

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576. Aunque lo que digan los demás de nosotros no es lo definitivo, lo verdadero, sí que tiene su importancia y valor. Ya que sólo en la relación con los demás es cuando realmente nos conocemos, no venos tal cual somos. 

 

577. El arma más poderosa para cambiar el mundo, es cambiar uno mismo. Pues si no cambio yo, qué sentido tiene querer que cambien los demás. Ni podemos saber si ese cambio del mundo es una realidad u otra ilusión que nos venden para tenernos ocupados, distraídos, manejables y obedientes. Pensando que un día u otro todo va a cambiar, pero siendo indiferentes al cambio necesario ahora, para que no haya hambre, injusticias, corrupción ni inmoralidad, que es lo que causa y genera la pobreza y la miseria, las revueltas, las revoluciones sanguinarias, la violencia y las matanzas de  las guerras.

 

578. Todos los métodos, disciplinas, todo lo que digamos, es producto del pensamiento. Y el pensamiento no puede ir a lo que está más allá de él: la verdad. Por lo que el problema es ver cómo opera el pensamiento, su condicionamiento, ver cómo nace y se expande. Para así ir más allá de él y todo lo que genera de corrupción e inmoralidad, de sufrimiento.

 

579. De la vida no se puede huir, pues de eso que huimos lo llevamos dentro de nosotros hasta la muerte. Por tanto, en la comprensión de que toda huida es una ilusión, que nos divide de la realidad, de lo que es, de lo que somos, es cuando llega la paz y la serenidad ante las incesantes incidencias de la vida.

 

580. ¿Podemos ser tan completos sin necesitar a las personas que nos proporcionan lo que necesitamos? No hay nadie, si no es un demente, que pueda vivir sin depender de alguien o de algo.

 

581. ¿Nos podemos fiar de los demás, sean quienes sean? Si realmente nos conociéramos de verdad, no nos fiaríamos de nadie.

 

582. Si hemos de vivir, de seguir viviendo, hemos de tener toda la paciencia para poder soportar la vida. Nunca habrá bastante, pero no nos faltará.

 

583. Ese dios en el que creemos, podemos creer que es todo lo grande que queramos, pero no nos salvará del miedo, de la enfermedad, de las miserias de la vida: hambre, injusticia, terremotos, huracanes, inundaciones, los problemas. Nunca lo han hecho los dioses y nunca lo harán, porque ellos son un invento para consolarnos de la amargura que puede convertirse la vida.

 

584. Las palabras no pueden trasmitir lo que hay más allá de ellas. Por tanto, hay que ser escéptico a todo lo que se dice, se ha dicho.

 

585. Hoy ha sido, sigue siendo, una de las mañanas más frías de lo que llevamos de invierno. Es un frío blando, de los que no escuecen las manos ni la cara. Pero esa blandura afecta al cuerpo obligándolo a actuar con torpeza y lentitud. Es un frío como el de siempre, como el de otros días ya pasados, pero con él lleva ya el empuje, la luz y claridad,  la energía del final del invierno.

Las personas que se veían en la primera hora de la mañana, todas eran ágiles, llenas de energía, y no les importaba el frío. Los niños, de pocos años, aunque arrimados y protegidos por las personas mayores que los acompañaban a las escuelas, se veían empequeñecidos, como luchando con algo que era invisible.

Todo nos condiciona: en un día oscuro nos parece que el frío es más intenso;  y en  un día lleno de luz, de sol, todo parece mejor. Pero la ley de la vida funciona a su aire y manera, pues un niño de pocos días, si es para la vida, con todo el frío mañanero sus padres si lo tienen que sacar a la calle, lo aguanta con toda naturalidad.

 

586. La verdad de uno no es la de otro, pero ése no es el problema. La pregunta es qué hace uno con lo que dice que es la verdad. Es decir, ¿cómo se enfrenta a los desafíos que son la vida con honestidad, de manera no corrupta?

 

587. Esa medida es la que nos hace competir para ser los mejores, los campeones, batir los records mundiales. Por lo que se genera la comparación, la contradicción, los enfrentamientos. Y de ahí cuando llega al ámbito de la religión, de la política, de las ideas, todo se convierte en un conflicto entre el ‘tú’ y el ‘yo’, el ‘nosotros’ y el ‘ellos’, dispuestos para el conflicto, la violencia.

 

588. Para ir más allá de lo conocido, hemos de ver el vacío que hay en todo, en cada idea o cosa con la que vivimos. Ese vacío es el amor, que es caprichoso, que no se puede llamar ni ir a él.

 

589. Juzgar el pasado no es posible. Pero las personas queremos juzgar a los que nos precedieron, a los padres, etc. Y el resultado de ese juicio siempre va a ser negativo, pues todo pedimos lo que nosotros no somos capaces de dar: la perfección.

 

590. Las personas sabemos que hagamos lo que hagamos el final va a ser el mismo: la vejez, la decrepitud, la desaparición, la muerte. Por eso, cuando alguien hace algo –deportes de riesgo, exponer su vida, depender de alguien o de algo, etc.- se deja bajar por la pendiente. De manera que no vemos otra salida a la situación que vivimos.

Hay personas que pronto ven ese drama que es la vida y se sumergen en la corriente, ya sea de  las drogas, el alcohol, el sexo, que ya no quieren ni pueden salir. Pues ellos solamente tienen eso, ya que allí tienen sus amigos y colegas, su mundo.