Torni Segarra

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* ¿Pueden ser resueltos los problemas personales, y terminar la fragmentación?

13º

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K: Siento que la atención es la solución verdadera para todo esto: ¡Una mente que está en verdad atenta, que ha comprendido la naturaleza de la inatención y se ha alejado de ésta!

DB: Pero en primer lugar, ¿cuál es la naturaleza de la inatención?

K: Indolencia, negligencia, interés en uno mismo, contradicción interna; todo eso es la naturaleza de la inatención.

DB: Sí. Vea; una persona que sólo se interesa en sí misma, puede sentir que está atendiendo, pero está meramente ocupándose de sí misma.

K: Sí. Si en mi existe una contradicción interna y presto atención con el fin de no ser contradictorio conmigo mismo, eso no es atención.

DB: ¿Podemos aclarar esto? Porque comúnmente uno podría pensar que esto es atención.

K: No; no lo es. Es meramente un proceso de pensamiento, que dice: “Soy tal cosa, no debo ser tal otra”.

DB: Entonces, lo que usted dice es que este intento de llegar a ser algo, este devenir, no es atención.

K: Sí; correcto. Porque el devenir psicológico genera inatención.

DB: Sí.

K: ¿No es muy difícil, señor, estar libre del devenir? Ésa es la raíz del problema: terminar con el devenir psicológico; con ese querer llegar a ser esto o aquello.

DB: Sí. No hay atención; y por eso existen estos problemas.

K: Sí; y cuando usted señala eso, el prestar atención también se vuelve un problema.

DB: La dificultad está en que la mente juega tretas, y al tratar de habérselas con esto, vuelve otra vez a hacer lo mismo.

K: Por supuesto. ¿Puede la mente, que está tan repleta de conocimientos, de vanidad, de contradicción interna y todo lo demás, llegar a un punto en que, psicológicamente, se sienta incapaz de moverse?

DB: No hay parte alguna hacia la cual moverse.

K: ¿Qué le diría usted a una persona que ha llegado a ese punto? Yo acudo a usted; estoy lleno de esta confusión, de esta ansiedad y de un sentimiento de desesperación, no sólo por mí mismo, sino por el mundo. Llego a ese punto y quiero abrirme paso a través de eso. Por lo tanto, ello se vuelve un problema para mí.

DB: Entonces estamos de vuelta en lo mismo; es otra vez un intento de llegar a ser otra cosa.

K: Sí. Eso es lo que quiero averiguar. ¿Es ése, pues, el origen de todo esto? ¿El deseo de “llegar a ser”?

DB: Debe tratarse de algo muy próximo a eso.

K: ¿Cómo examino entonces, sin ese movimiento del devenir, del llegar a ser, todo este complejo problema de mí mismo?

DB: Parece como si uno no hubiera tomado en cuenta lo total. No hemos considerado la totalidad del devenir cuando usted dijo: “¿Cómo puedo prestar atención?”. Una parte de ello pareció desprenderse inadvertidamente, convirtiéndose en el observador. ¿Correcto?

K: El devenir psicológico ha sido la maldición en todo esto. Un hombre pobre anhela ser rico, y el rico anhela ser más rico; ése es, todo el tiempo, el movimiento del devenir, tanto externa como internamente. Y aunque ello trae consigo muchísimo dolor, y a veces placer, este sentimiento de “llegar a ser”, de realizarse, de lograr algo psicológicamente ha convertido mi vida en todo eso que es. Ahora me doy cuenta de ello, pero no puedo detenerlo.

DB: ¿Por qué no puede detenerlo?

K: Investiguemos eso. En parte, el llegar a algo me interesa porque al final de ello hay una recompensa; también estoy eludiendo de ese modo el dolor o el castigo. Y en ese circuito estoy atrapado. Esa es, probablemente, una de las razones por las que la mente continúa tratando de llegar a algo, de devenir internamente. Y la otra razón tal vez sea una ansiedad o un temor profundamente arraigado, que si no llego a esto o a aquello, estoy perdido. Me siento perplejo, inseguro, y por eso la mente ha aceptado estas ilusiones y dice: “No puedo poner fin a este proceso del devenir”.

DB: ¿Pero por qué la mente no termina con eso? También tenemos que investigar el problema que implica estar atrapado en estas ilusiones”.

 

TS: ¿Pero por qué la mente no termina con eso?

Porque no puede. Nosotros no podemos cambiar la vida, la programación, el paradigma.

Sólo podemos establecer un plan, conversaciones con la realidad, lo que es. En el que nadie pierda ni gane.

Mientras haya un perdedor, o un ganador, el desorden está ahí. Y la división, los conflictos, las guerras -las domésticas y las sanguinarias-.