Torni Segarra

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* Diálogo de Jiddu Krishnamurti y David Bohm.

“¿Pueden ser resueltos los problemas personales, y terminar la fragmentación?

13º

3

DB: Algunas personas podrían decir que no sólo tenemos opiniones, sino intereses personales. Si dos personas tienen intereses particulares en conflicto, no hay modo, mientras mantengan su apego a estos intereses, de que puedan trabajar juntas. ¿Cómo irrumpimos en esto, entonces?

K: Si usted me señala que debemos trabajar juntos, y me muestra la importancia de ello, entonces también yo veo que es importante. ¡Pero no puedo hacerlo!

DB: Ese es el punto. Ni siquiera basta con ver que la cooperación es importante, y tener la intención de cooperar. Con esta incapacidad, se introduce un nuevo factor. ¿Por qué no podemos llevar a cabo nuestras intenciones?

K: Uno puede dar muchas razones para ello, pero esas causas, razones y explicaciones, no resuelven el problema. Volvemos a lo mismo: ¿qué hará que la mente humana cambie? Vemos que el cambio es necesario, y a pesar de eso, no estamos dispuestos a cambiar o somos incapaces de hacerlo. ¿Qué factor ‑qué nuevo factor‑ se necesita para esto?

DB: Pienso que es la capacidad que una persona pueda tener para observar profundamente qué es lo que la retiene impidiéndole cambiar.

K: ¿El nuevo factor es, entonces, la atención?

DB: Sí; eso es lo que quise decir. Pero también tenemos que considerar qué clase de atención.

K: Discutamos primero qué es la atención.

DB: Puede tener muchos significados para diferentes personas.

K: Por supuesto, como de costumbre, ¡hay tantas opiniones!

Donde hay atención, no hay problema. Donde hay inatención, surgen todas las dificultades. Entonces, sin hacer de la atención misma un problema, ¿qué entendemos por atención? ¿Podemos comprender lo que significa, no verbalmente, no intelectualmente, sino profundamente, en nuestra propia sangre? Es obvio que la atención no es concentración. No es un esfuerzo, una experiencia, una lucha por estar atento. Usted debe revelarme la naturaleza de la atención, la cual consiste en que, cuando hay atención, no hay un centro desde el cual “yo” esté atento.

DB: Sí; pero ésa es la dificultad.

K: No hagamos de ello un problema.

DB: Quiero decir que la gente ha estado intentando esto por mucho tiempo. Pienso que, en primer lugar, hay alguna dificultad en comprender qué se entiende por atención; dificultad que se debe al contenido del pensamiento mismo. Cuando una persona está considerando ese contenido, puede pensar que está atenta.

K: No; en ese estado de atención no hay pensamientos.

DB: Pero ¿cómo detiene usted el pensamiento, entonces? Vea; mientras el pensamiento está en marcha, se tiene cierta impresión de estar atento; lo que no es atención. Pero uno cree, uno supone que está prestando atención.

K: Cuando uno supone que está prestando atención, eso no es atención.

DB: ¿Cómo comunicamos entonces, el verdadero significado de “atención”?

K: ¿O diría usted, más bien, que para descubrir lo que es la atención, deberíamos discutir lo que es la inatención?

DB: Sí.

K: Y a través de la negación, llegar a lo positivo. ¿Qué ocurre cuando estoy inatento? En mi inatención, me siento solo, deprimido, ansioso, etcétera.

DB: La mente comienza a dividirse y entra en confusión.

K: Se produce la fragmentación. Y en mi falta de atención, me identifico con muchas otras cosas.

DB: Sí, y ello puede ser placentero, pero también puede ser doloroso.

K: Descubro más tarde, que lo que era placentero, se convierte en dolor.

Todo eso es, por lo tanto, un movimiento en que no hay atención. ¿Correcto? ¿Estamos llegando a alguna parte?

DB: No lo sé”.

‘¿Estamos llegando a alguna parte?’.

En el momento que nos fragmentamos, dividimos, toda la dicha de la atención se convierte en dolor.

El problema es: ¿Por qué nos dividimos?

Porque, el ‘yo’ se pone en acción.

Y el ‘yo’ es todo lo que somos: el lugar de nacimiento, la raza, el país y su nacionalismo, la religión, la envidia, el odio a todo lo que no me identifico.