Torni Segarra

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* La base del ser y la mente humana

Jiddu Krishnamurti. David Bohm. I.

K: … Dios es meramente una idea.

DB: Sí; pero la idea contiene algo similar a la idea oriental de que Dios está más allá del conocimiento. La mayoría lo acepta de ese modo, aunque unos pocos puedan no aceptarlo. Por lo tanto, existe una especie de noción similar.

K: Pero usted me dice que “la base” no es algo creado por el pensamiento. Así que, bajo ninguna circunstancia, puede uno dar con esa “base” mediante la manipulación del pensamiento en cualquiera de sus formas.

DB: Sí; entiendo. Pero lo que trato de decir es que existe este problema, este peligro, esta ilusión, en el sentido de que la gente dice: “Sí; eso es totalmente cierto; es a través de una experiencia directa de Jesús que damos con ello; no mediante el pensar en Dios”. No puedo expresar con exactitud la opinión de ellos. ¿La gracia de Dios, tal vez?

K: La gracia de Dios; sí.

DB: Algo más allá del pensamiento.

K: Como un hombre educado, reflexivo, yo rechazo todo eso.

DB: ¿Por qué lo rechaza?

K: En primer lugar, porque se ha vuelto común; común en el sentido de que todo el mundo dice eso. Y también porque puede haber en ello un gran sentimiento de ilusión creado por el deseo, por la esperanza, por el temor.

DB: Sí; pero algunas personas parecen encontrar esto muy significativo, aunque pueda ser una ilusión.

K: Pero si ellas jamás hubieran oído nada de Jesús, no experimentarían a Jesús.

DB: Eso parece razonable.

K: Si les hubieran contado algo diferente, eso es lo que experimentarían. Quiero decir que en la India…

I: Pero las personas más serias en el campo de las religiones, ¿no dicen acaso que Dios ‑o lo que fuere, el Absoluto, ¿la Base‑ es algo que en esencia no puede experimentarse mediante el pensar? También ellas podrían llegar tan lejos como para sostener que eso no puede ser experimentado de ninguna manera.

K: Oh; sí; yo he dicho que eso no puede experimentarse. “X” dice que eso no puede experimentarse. Digamos nosotros, “no sé”. Aquí hay alguien que dice que tal cosa existe. Yo lo escucho, y no sólo me comunica eso con su presencia, sino a través de su palabra. Aunque me advierte que sea cuidadoso; que la palabra no es la cosa; pero él emplea la palabra para comunicar que existe algo tan inmenso que mi pensamiento no puede capturarlo. Y yo digo: Muy bien, usted ha explicado esto muy detenidamente, pero cómo mi cerebro, que está condicionado, disciplinado en el conocimiento, ¿cómo podrá liberarse de todo eso?

I: ¿Podría liberarse comprendiendo su propia limitación?

K: Entonces usted me está diciendo que el pensamiento es limitado. ¡Demuéstremelo! No mediante el hablar, la memoria, la experiencia o el conocimiento; yo entiendo eso, pero no capto el sentimiento de que el pensar es limitado, porque veo la belleza de la tierra, la belleza de un edificio, de una persona, de la naturaleza. Veo todo eso, pero cuando usted dice que el pensamiento es limitado, eso no lo siento. Es sólo un montón de palabras que usted me ha dicho. Entiendo intelectualmente. Pero no capto el sentimiento de ello; no percibo su fragancia. ¿Cómo me mostrará usted ‑no mostrarme‑ cómo me ayudará a sentir que el pensamiento mismo es frágil, que es un asunto tan insignificante? De modo que ello esté en mi sangre; ¿comprende? Una vez que está en mi sangre, lo he captado. Usted no tiene que explicármelo.

I: ¿Pero no será que el posible modo de abordar esto, es no hablar de “la base”, que por el momento está demasiado distante, sino más bien ver directamente lo que la mente puede hacer?

K: Que es pensar.

I: La mente es el pensar.

K: Eso es todo lo que tenemos. El pensar, el sentir, el odiar, el querer, usted conoce todo eso. La actividad de la mente.

I: Bueno, yo diría que no la conocemos; sólo pensamos que la conocemos.

K: Yo sé cuándo estoy enojado. Sé cuándo me siento lastimado. No son ideas; tengo el sentimiento de ello; llevo la herida dentro de mí. Estoy hastiado de la investigación, porque eso es lo que he hecho durante toda mi vida. Acudo al hinduismo, al budismo, al cristianismo, al islamismo y digo que he investigado todo eso; lo he estudiado; examinado. Y digo que no son más que palabras. ¿De qué modo yo, como ser humano, he de tener este extraordinario sentimiento de aquello? Si no tengo pasión, no estoy investigando. Quiero tener esta pasión que me arrancará explosivamente de mi mezquino encierro. He construido un muro alrededor de mí; un muro que soy yo mismo. Y el hombre ha vivido con esto durante millones de años. Y yo he intentado salir de eso mediante el estudio, la lectura, la frecuentación de los gurús, mediante toda clase de cosas, pero sigo anclado ahí. Y usted me habla de “la base”, porque ve algo grandioso, inmenso, ¡y eso parece tan vivo, tan extraordinario! Y yo estoy aquí, anclado en este lugar. Usted, que ha visto “la base”, debe hacer algo explosivo; algo que demuela este centro completamente”.

Dios es el infinito, ¿no? ¿Cómo se puede describir el infinito?

El infinito, aunque estuviéramos discutiendo, queriendo describirlo desde el principio hasta el final, eso no lo describiría.

Es como la eternidad. ¿Para qué queremos saber si existe la eternidad o no?