Torni Segarra

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Interlocutor: “Cuenta la Leyenda que Narada le dijo a Krishna en una ocasión: “Señor, muéstrame a Maya”. Pasaron unos días y Krishna le pidió a Narada que fuese con él a un bosque. Después de caminar varios kilómetros, Krishna dijo: “Narada, tengo sed, ¿puedes coger un poco de agua para mí? “Iré de inmediato, Señor, y le traeré agua.” Así que Narada se marchó. Había un pueblo a una cierta distancia. Entró en él buscando agua, llamó a la puerta y la abrió una hermosa muchacha. Al verla, olvidó inmediatamente que su Maestro estaba esperando el agua, quizá muriéndose por ella. Lo olvidó todo y empezó a hablar con la muchacha. Gradualmente, la charla se transformó en amor. Pidió su mano al padre de la muchacha, se casaron, vivieron allí y tuvieron hijos. Así pasaron doce años. El suegro de Narada murió y él heredó sus propiedades. Narada creía llevar una vida muy feliz con su mujer y sus hijos, sus campos, su ganado, etc. Entonces llegó una inundación. Una noche el río subió, se desbordó por las riberas e inundó todo el pueblo. Las casas se derrumbaron, se ahogaron personas y animales, y todo quedó flotando en la corriente del río. Narada se vio obligado a escapar. Sujetó a su mujer con una mano y a dos de sus hijos con la otra; con otro hijo sobre los hombros, trató de vadear esa tremenda avalancha. Después de dar unos pasos se dio cuenta de que la corriente era demasiado fuerte, se le cayó el hijo que llevaba a hombros y se lo tragó el agua. Narada profirió un grito de desesperación. Al intentar salvar a ese hijo, dejó de sujetar a los demás y también los perdió. Finalmente, su mujer, a quien estaba agarrando con todas sus fuerzas, fue arrastrada por la corriente, y él fue lanzado a la ribera sollozando y gimiendo con lamentos amargos. Una voz amable surgió a sus espaldas: “Hijo mío, ¿dónde está el agua? Fuiste a coger un jarro de agua y te he estado esperando. Has estado fuera más de media hora”. “¡Media hora!”, exclamó Narada. En su mente habían transcurrido doce años, ¡todas esas escenas habían sucedido en media hora! Esto es Maya. Y de una u otra forma, todos estamos en ella. Vivekananda”.

–Toni: Todo eso es una tonta alucinación -como gusta hacer también a los hindúes-.

Sólo para decir que ‘maya’ -la ilusión-, y el karma -premio castigo; o de causa efecto- operan.

–Interlocutor:  Ya que parece que la entendiste ¿puedes bajarla a tierra sin despreciar de una a 1000 millones de hindúes?

–Toni: ¿Eres tan atrevido de creer que 1000 millones de hindúes, son supersticiosos, fanáticos, ignorantes? Como también lo son los millones de millones de cristianos.

–Interlocutor: No creo en absoluto que los hindúes sean supersticiosos, fanáticos, ignorantes. Pero repito que fuiste tú el que escribió: Todo eso es una tonta alucinación al referirte a la leyenda del post.

–Toni: No lo captas.

Dije que los 1000 millones de hindúes, no pueden ser fanáticos, supersticiosos -algunos habrá que pasan de eso-.

Atente a eso, y no inventes nada, que no se ha dicho.

 

* La libertad, es lo que nos enseña, educa, en directo. Si nos dicen, cuidado que ese hierro está muy caliente. Pero no hacemos caso. Y lo tocamos quemándonos. Ahí está la lección.