Torni Segarra

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Krishnamurti y Jonas Salk

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J S: ¿Está usted preguntando si se puede descondicionar al individuo que ha sido condicionado?

K: ¿Puede el individuo condicionado por la sociedad, el lenguaje, el clima, la literatura, los periódicos, por todo lo que lo ha formado, le ha impresionado e influido, de algún modo salirse de dicho condicionamiento?

J S: Con gran dificultad, porque tiende a convertirse en algo fijo; y ésta es la razón por la que debemos prestar atención a los jóvenes, a cada nueva generación que se incorpora y es formada por el contexto social, por esas circunstancias. Con las mentes nuevas y todavía no formadas, no moldeadas, tenemos la oportunidad de ejercer sobre ellas una influencia más sana.

K: Uno ha estado en contacto, si se me permite hablar al respecto, con muchísimos jóvenes; con miles de ellos. Desde los cinco a los doce años de edad parecen ser inteligentes, despiertos, curiosos, rebosantes de energía, vitalidad y belleza. Después de esa edad, los padres, la sociedad, los periódicos, sus propios amigos, la familia, son responsables de que todo se les venga encima y parezca apabullarlos; volverlos tan desagradables y violentos. Usted sabe que eso es en lo que se ha convertido toda la raza humana. ¿Se puede, por lo tanto, educarlos de otra manera?

J S: Creo que sí. En algo que escribí no hace mucho, propuse que necesitamos una educación inmunizadora. La analogía que estoy empleando es la de inmunizar contra una enfermedad paralizante. En este caso, me refiero a la atrofia de la mente y no meramente a la parálisis del cuerpo.

K: ¿Podríamos investigar eso un poco? ¿Qué es lo que atrofia la mente, no a nivel superficial, sino esencialmente? Si se me permite la pregunta: ¿es básicamente el conocimiento?

J S: El conocimiento equivocado.

K: Empleo la palabra “conocimiento”, ya sea éste correcto o equivocado, en el sentido de conocimiento psicológico. Aparte del conocimiento académico, del saber científico, la tecnología del ordenador y demás, aparte de todo eso, ¿ha sido el hombre ayudado interiormente por el conocimiento?

J S: ¿Se refiere usted a la clase de conocimiento que resulta de la experiencia?

K: Sí; esa clase de conocimiento es, después de todo, la acumulación de experiencia.

J S: Yo distingo dos clases de conocimiento: veo un conjunto de conocimiento organizado que resulta, pongamos por caso, de la ciencia; y veo el tipo de conocimiento que resulta de la experiencia humana.

K: La experiencia humana; limitémonos a la experiencia humana. Hemos sufrido guerras probablemente durante unos diez mil años. Y en la antigüedad se mataban con flechas o garrote, doscientas o trescientas personas como mucho. Ahora se matan por millones.

J S: De forma mucho más eficaz.

K: Sí. Uno está allá arriba en el aire y no sabe a quién está matando. Puede que, a su propia familia, a sus propios amigos. Por lo tanto, ¿esa experiencia de miles de años de guerra le ha enseñado algo al hombre respecto a no matar?

J S: Bueno, a mí me ha enseñado algo. No le veo ningún sentido, y hay un número creciente de personas que están tomando conciencia de lo absurdo de ese tipo de conducta.

K: ¡Al cabo de diez mil años! … ¿Me comprende?

J S: Sí; lo comprendo.

 

TS: Está claro que matar es preciso cuando se trata de insectos -hormigas, pulgas, mosquitos, las plagas de las verduras, frutas, etc.

Pero, ¿para qué matar animales, matar a las personas?