Torni Segarra

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* Charla entre N, David Bohm y Jiddu Krishnamurti.

“La senilidad y las células cerebrales

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DB: El cerebro empieza a contraerse a cierta edad. Eso es lo que se ha descubierto; y del mismo modo que cuando no usamos el cuerpo, los músculos comienzan a perder su flexibilidad…

K: Entonces, ¡a realizar gran cantidad de ejercicios!

DB: Sí, se aconseja ejercitar el cuerpo y ejercitar la mente.

K: Si. Estando preso en cualquier patrón, en cualquier rutina, en cualquier directiva, el cerebro tiene que contraerse.

DB: ¿Podríamos investigar qué es lo que le hace contraerse?

K: Es bastante simple. La repetición.

DB: La repetición es mecánica, y no utiliza realmente la plena capacidad del cerebro.

K: Uno ha advertido que las personas que han gastado años y años en la meditación, son las personas más embotadas de la tierra. Y también con los abogados y los profesores hay una amplia evidencia de todo eso.

N: Se ha sugerido que el pensar racional pospone la senilidad. Pero el pensar racional mismo, puede a veces convertirse en un patrón.

DB: Podría hacerlo. El pensar racional practicado en un área estrecha podría volverse parte del patrón también.

K: Por supuesto; por supuesto.

DB: ¿Pero existe algún otro modo?

K: Investigaremos eso.

DB: Pero, en primer lugar, aclaremos las cosas con respecto al cuerpo. Si alguien realiza gran cantidad de ejercicios físicos, el cuerpo se mantiene fuerte, pero puede volverse mecánico.

K: Sí.

DB: Por lo tanto, eso tendría un efecto desfavorable.

N: ¿Y qué hay con respecto a los diversos instrumentos religiosos tradicionales: yoga, tantra, kundalini, etc.?

K: Los conozco. ¡Oh, deben contraer el cerebro a causa de lo que ahí está sucediendo! Tome el yoga; por ejemplo. Se acostumbraba no vulgarizarlo; si puedo usar esa palabra. Era mantenido estrictamente para los muy pocos; los que no se interesaban en el kundalini y todo eso, sino que se interesaban en llevar una vida moral, ética, una vida que llamaban espiritual. Vea; quiero llegar a la raíz de esto.

DB: Pienso que hay algo que se relaciona con esto. Parece que antes de que el humano se organizara como sociedad, estuvo viviendo en contacto con la naturaleza, y no le era posible vivir en una rutina.

K: No; no le era.

DB: Pero estaba completamente inseguro.

K: ¿Estamos diciendo, entonces, que el propio cerebro se vuelve extraordinariamente activo ‑no está preso en un patrón‑ si vive en un estado de inseguridad? ¡Sin volverse neurótico!

DB: Creo que está más claro cuando usted dice, “sin volverse neurótico”; entonces la seguridad llega a ser una forma de neurosis. Pero yo preferiría que el cerebro viviera sin tener seguridad; sin exigirla; sin exigir ciertos conocimientos.

K: ¿Estamos diciendo entonces, que el conocimiento también marchita el cerebro?

DB: Sí; cuando es repetitivo y se vuelve mecánico.

K: ¿Pero el conocimiento mismo?

DB: Bueno, ahí tenemos que ser muy cautos. Pienso que el conocimiento tiene una tendencia a volverse mecánico. O sea, que queda fijo, pero siempre podemos estar aprendiendo, etcétera.

K: ¡Pero aprendiendo desde un centro, aprendiendo como un proceso acumulativo!

DB: Aprendiendo con algo fijo. Aprendemos algo que queda fijo, y después uno aprende a partir de ahí. Si pudiéramos aprender sin retener nada permanentemente fijo…

K: Aprender y no añadir. ¿Podemos hacer eso?

DB: Sí; pienso que, al llegar a cierto punto, tenemos que desprendernos de nuestro conocimiento. El conocimiento puede ser válido hasta un punto, y luego cesa de ser válido. Se vuelve un obstáculo. Podría decirse que nuestra civilización se está derrumbando debido a un exceso de conocimientos.

K: Por supuesto.

DB: No descartamos lo que estorba”.

 

No descartamos todo lo viejo. Descartamos sólo lo viejo que nos molesta. Pero la maldad y el ataque -que es lo más viejo-, siempre están en nosotros. La ‘maldad’ -matar para comer, etc.-, es precisa.

Pero, cuando el deseo es más y más y más, llega el desorden. Y con él la confusión, los celos, la envida, el odio, las agresiones, la crueldad, la violencia, la guerra. Es decir, nos volvemos neuróticos. Con su maldad extrema.