Torni Segarra

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* Krishnamurti y los psicoterapeutas – David Shaimberg

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“P: No creo que ver lo que vemos sea independiente de la experiencia e independiente de la interpretación de nuestros conceptos. Los conceptos son particularmente herramientas humanas que extienden nuestro rango de visión.

K: No veo por qué debo tener un concepto.

P: Pero usted está hablando acerca del ver.

K: El ver no es un concepto.

P: Yo no dije que el ver fuera un concepto.

K: Hacer una abstracción a base del ver, es un concepto.

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En este contexto, un psiquiatra dijo que estaba completamente de acuerdo acerca de la conexión entre el ver y la percepción alerta. Sostuvo que algunos habían advertido, por ejemplo, que los importantes descubrimientos de Freud, eran de hecho un nuevo modo de ver; un nuevo microscopio. Observó que una nueva percepción era un estado deseable, pero dijo que no creía que la percepción fuera pura o directa entre el sistema nervioso y el mundo exterior. Es importante, dijo, darnos cuenta de que traemos a ese momento directo nuestra propia presencia condicionada y que esa presencia ya está optando. Krishnamurti preguntó por qué uno tenía que optar. Señaló que sólo tenemos que optar cuando hay confusión. Hemos llegado, sin embargo, a pensar que donde hay posibilidad de optar, hay libertad, y nos han hipnotizado para que creamos que la libertad es opción. Pero si vemos claramente que no hay opción, que hay simplemente acción, podemos descubrir la libertad en la acción inmediata y sin opciones de la percepción. Krishnamurti señaló así que la opción es una función del yo como algo separado del mundo, y que en el carácter inmediato de la acción está el contacto directo del organismo, en la totalidad de su esencia, con la necesidad del momento. Un psicoterapeuta resumió esto cuando dijo que, según Krishnamurti, “El ver no incluye la opción; es un movimiento neural por parte de una persona; es un instante de extrema claridad”.

De ese modo, esta discusión cuestionó profundamente la manera cómo los terapeutas trabajan tradicionalmente con los pacientes. Cuestionó toda la idea de la comunicación a través del pensar como conocimiento, memoria, conceptos y teorías. ¿Es posible la verdadera curación bajo tales auspicios? Si la enfermedad es el pensamiento que fragmenta al observador separándolo del instante, de la acción, ¿puede la acción que involucra al pensamiento efectuar una cura? ¿o es necesario tener una comunicación instantánea fuera del campo del pensamiento? Krishnamurti llevó a los participantes a considerar si, para sanar en el campo del yo, del dolor y el conflicto, es en absoluto posible utilizar el conocimiento.

Según Krishnamurti, lo que el humano llama amor es en realidad pensamiento como recuerdo; apego -y la pérdida de los apegos, con el sufrimiento que entonces sobreviene-. Preguntó: “Existe una compasión que no tenga que ver con la dependencia y el sufrimiento?”.

Krishnamurti señaló que la psicoterapia debe tener algo que ver con una relación verdadera; con la compasión. El pensamiento, al dividir al sujeto del objeto, obstaculiza la percepción directa e inmediata que hace posible una relación semejante, y esa división impide la acción de lo total. A esta acción instantánea, no fragmentada, él la llama verdad.

La discusión prosiguió suscitando preguntas acerca de la naturaleza del cambio observado en los pacientes que el terapeuta considera mejorados. Se sugirió que, si bien tales personas pueden hacer progresos al adaptarse a este mundo corrupto, ¿significa ello que son capaces de amar, de vivir en el instante o que están libres del temor? ¿es la adaptabilidad una medida verdadera de cordura?”.

 

TS: Para poder curar a un enfermo mental -y también a cualquier enfermo-, hay que escucharlo, conocerlo, dedicarle mucho, todo el tiempo.

Porque, si los que tienen que curar, también están contaminados de la misma enfermedad que quieren curar. Es muy difícil que el médico tenga ese poder curativo.

Y por eso, es que se usan tantos fármacos. Que lo que hacen es aislar, dividir, fragmentar aún más al enfermo.

Pero el sistema corrupto, inmoral, bloquea el buen hacer de los médicos. Ya que, están sobre pasados en la cantidad de enfermos que se les asigna, el horario, etc.

Y las terapias convencionales, que no resuelven la división, los conflictos, los problemas.