Torni Segarra

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* “Ya no está de moda arreglar las cosas, con guerra”.

¿Seguro? ¿Tú que haces con tus conflictos, que son el inicio de la guerra?

 

* Si un bebe se pincha, ¿verdad que llora?

Pues lo mismo nos pasa a nosotros: si nos hacen daño, nos quejamos. Después llega la discusión con el que nos ha hecho daño.

Y de ahí al conflicto, a la guerra violenta, hay un paso.

 

* “El día que los ricos y sus hijos tengan que ir a la guerra se acaban las guerras”.

No lo creas. El odio, la rabia, la humillación, etc., nos genera tanta agresividad y violencia, que nos lleva a la guerra.

Por supuesto que, en esa guerra, ellos seguirán disfrutando de sus privilegios, halagos, etc.

 

* Para resumirlo, el cuerpo sufre cuando hay algo que pone en peligro su seguridad: golpes, pinchazo, caer un porrazo, el fuego cerca, etc.

Y está el otro dolor psicológico: que además de llevar el dolor físico, lleva también el mental. Cuando después de un accidente, llegan las preocupaciones inherentes de esa situación; el excesivo frío, calor, lluvia.

Pero el dolor, se convierte en uno, cuando vemos la vida como una unidad.

 

* Todos merecemos vivir en paz y libertad. Lo difícil es conseguirlo.

Porque, hemos de renunciar, a lo que nos divide de los otros: Ideas y teorías religiosas, políticas, nacionalismo, de raza, sociales.

 

* Dios nos creó para que cumpliéramos nuestro programa: sobrevivir lo máximo posible. Y en esa creación, llevaba implícita la guerra. Ya que todos quieren vivir lo máximo posible. De manera que, para vivir unos, han de morir otros.

¿Se puede cambiar esa programación, ese paradigma?

 

* «Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo».

Nos creemos que somos civilizados, avanzados, llenos de suerte por tener dinero para comprar todas las máquinas, todos los caprichos. Pero no nos damos cuenta, que esa manera de vivir nos divide de los demás, nos enfrenta con ellos; ya que todos queremos más y más placer, caprichos, derrochar.

Por eso, el que quiere la paz de verdad, ha de empezar por él mismo. No siendo corrupto, inmolar, indiferente a los menos afortunados y sus problemas.