Torni Segarra

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* El Sueño: «¿Eres Tú Mi Señor?»

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“Krishna contestó el 5 de abril de 1910:

Por supuesto mi cerebro físico recuerda cuando usted me rodea con sus brazos, porque yo estoy tratando de hacer que mi conciencia sea la misma todo el tiempo, pero todavía no estoy completamente seguro de que sea siempre así. Trabajo permanentemente en lo que se necesita para el segundo paso, pero ello tomará algún tiempo. Creo que no tengo muchas dudas ni supersticiones, pero es muy difícil librarse de la ilusión del yo; no obstante, lo haré. Todavía no sé muy bien cuándo, pero de algún modo se hará.

He leído “Nidos de nuestro país”, y en unos tres días más habremos terminado “La Historia de la Gran Guerra”. He escuchado los relatos acerca del “Petirrojo y la Ardilla”, pero todavía no he visto un Petirrojo. Han pasado 1250 años desde que estuve por última vez en Sarnath, pero espero ir allá también en esta vida. Hay allá un gran pedestal gris sobre el que se encuentra un león, y otros pedestales más pequeños forman un semicírculo alrededor. ¿Cuándo regresará usted con nosotros? Le envío muchísimo amor todos los días.

Su afectuoso hijo, Krishna.

Una fotografía que se le tomó a Krishna inmediatamente después de su primera iniciación, a los tres meses de haber sido “descubierto” por Leadbeater, muestra al joven brahmacharín envuelto en un angavastram. Es un rostro frágil con sugerencias de una fuerza ilimitada. De perfil, el cabello le cuelga justo hasta debajo de los hombros; sus ojos reflejan la infinitud del akasha. La boca está ligeramente entreabierta, ni sonriente ni severa; un tierno retoño de mango sin deseos propios, con sólo la energía de la vida; un rostro sin defensas, completamente desprovisto de astucia: “De las aguas la savia recién nacida, del mismo modo que la savia de los árboles del bosque”

Muchos de los biógrafos de Krishna, al describirlo en la época en que fue descubierto por Leadbeater, hablan de él como de un retardado, hasta de un imbécil, sucio, desgreñado, con sólo sus grandes ojos destacándose en el rostro. Asombrosamente, no hay comentarios sobre su pasmosa belleza.

En septiembre de 1910, Mrs. Besant, que se encontraba en Adyar, llevó a los hermanos consigo a Varanasi. Fue aquí que Krishna envió a buscar las notas que se dice había escrito en Adyar, las cuales habrían de formar el material para su primer libro, A los Pies del Maestro.

La aparición del libro suscitó una gran controversia. Especialmente encuadernado en cuero azul y autografiado por Krishna, un ejemplar destinado al Maestro Kut Humi y puesto bajo la almohada de Krishna, habría de desaparecer en la mañana. Se vendieron un gran número de ejemplares. En esa época el inglés de Krishna era flojo, y muchos críticos sostuvieron que el libro había sido escrito por Leadbeater. El libro era lúcido, combinaba la enseñanza teosófica con ciertos principios básicos del hinduismo.

Existen pocas dudas de que, aun si las notas hubieran sido escritas originalmente por Krishna bajo la guía del Maestro K.H., la versión final lleva un definido sello de Leadbeater. Se cuenta que, cuestionado por su padre, Krishna negó haber escrito el libro.

Unos cincuenta años más tarde, el físico George Sudarshan interrogó a Krishnaji sobre la autoría de A los Pies del Maestro. Krishnaji contestó. “El hombre que escribió el libro ha desaparecido”. Se negó a decir nada más al respecto.

En 1911 Mrs. Besant viajó a Inglaterra con sus dos pupilos. Sus antiguos amigos y admiradores en la India, se habían mostrado muy críticos acerca de todo eso que ellos llamaban “El negocio del Mesías”, y ella había sido implacablemente atacada por The Hindu, un influyente diario inglés que se publicaba en Madrás. Pronto muchos miembros de la Sociedad Teosófica en toda la India, algunos de los cuales eran íntimos amigos suyos, se rebelaron abiertamente contra su adoración por el pequeño muchacho hindú que ella llamaba Alcyone”.

A pesar de la ridícula y abierta oposición, y de la deserción de muchos miembros eminentes de la Sociedad Teosófica. Mrs. Besant se erguía como una roca, inconmovible en su fe, ateniéndose firmemente a las instrucciones de los Maestros en la certidumbre de que Krishna habría de ser el vehículo para el Buda Maitreya.

Antes de partir hacia Inglaterra, Mrs. Besant encargó a los mejores sastres de Bombay un vestuario occidental completo para los muchachos. Cuando llegaron a la estación de Charing Cross donde fueron recibidos por un grupo de teósofos, Krishna vestía un conjunto de saco y pantalón de Norfolk.

Mrs. Besant se alojó con los muchachos en la casa de su amiga Miss Bright. En su libro, Viejos recuerdos y cartas de Annie Besant, Esther Bright describió a los dos pupilos hindúes de Mrs. Besant:

Fue a esta casa que A.B. trajo a sus dos jóvenes pupilos hindúes, los hermanos Krishnamurti y Nityananda. Ellos se sentían con nosotros como en su propia casa. Era interesante observar sus reacciones a nuestra vida occidental; aunque muy tímidos y reservados, estaban intensamente atentos a lo que ocurría en nuestro peculiar mundo occidental; y sin duda alguna, con gran frecuencia se mostraban muy críticos con nosotros. ¡Especialmente en la cuestión del Arroz! “Yo no creo que Miss Bright entienda del todo” dijo una vez muy gravemente Nitya, “lo mucho que nos gusta el arroz”. Era él un muchachito encantador, con un rostro muy serio y ojos penetrantes, amistosos e inquisitivos, una grande y bella naturaleza en ese pequeño cuerpo de indio. A.B. estaba consagrada a estos muchachos y les dedicaba todo el afecto y la amorosa atención de que era capaz. Resultaba hermoso verlos juntos”.

 

TS: Cuánto fanatismo, cuánta creencia, cuánta superstición, cuánta confusión -todo ello blanqueado por el establishment religioso hindú-.

Todo lo que JK durante su vida, desde que se dio cuenta de la falsedad, explicó, informó, que todo eso era el origen del desorden, la confusión, las miserias humanas.

El misterio es, cómo él que lo manejaron, lo adoctrinaron, pudo comprender que todo eso era negativo, divisivo, y descartarlo todo definitivamente.

Tal vez, el contacto con el mundo occidental -Europa, América, etc.-, le hizo percibir la libertad que en Oriente -India, etc.- no existía, ni existe.