Torni Segarra

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“El Sueño: «¿Eres Tú Mi Señor?»

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“Al estallar la guerra en 1914, George Arundale se alistó como voluntario en la Cruz Roja y consiguió un alto puesto en el Hospital King George’s. Krishna y Nitya, ansiosos de trabajar, también habían ofrecido sus servicios, pero en vano. Pese al hecho de que un gran número de tropas indias estaban combatiendo para los británicos, el prejuicio racial se hallaba en su punto culminante. La presencia de hindúes de piel oscura en un hospital de hombres blancos, fue desaprobada por las autoridades. Después de grandes presiones ejercidas desde sectores influyentes, Krishna encontró ocupación en un hospital cercano a la Sociedad Teosófica, pero sólo se le permitía fregar los pisos. El 1º de julio de 1915 escribía a Mrs. Besant:

Mi queridísima Madre:

‘Le agradezco muchísimo su carta. Por supuesto, haré lo que usted desea y no tocaré la carne ni nada que se le parezca. Ahora estamos trabajando con el Dr. Guest en un hospital cercano a la Sociedad Teosófica. Me gusta trabajar ahí y estoy ocupado desde la mañana hasta cerca de las 7 de la noche. Creo que a George también le gusta su trabajo, y pienso que es más feliz. Desde luego, estamos trabajando bajo la dirección del Dr. Guest y eso me agrada muchísimo. Pienso que todo sigue muy bien.

Su devoto hijo,

Krishna’.

Pero el 15 de julio se les pidió que dejaran el hospital. En otra carta a Mrs. Besant, escrita desde Greenwood Gate, Withyham, Sussex, Krishna dice:

‘… he estado trabajando realmente duro para que haya un cambio en el hospital, porque hay demasiados teósofos y, siendo yo un hindú, no soy querido por el Comité. Ellos tampoco quieren trabajadores honorarios. Son todos muy celosos y muy mezquinos. Lady Williamson, que es la esposa del Presidente, Sir Archibald Williamson, desea dirigir a todos, incluso al Dr. Guest, y él está designado como Director del Hospital por la Oficina de Guerra. El Dr. Guest es ahora el Mayor Guest, y está un poco enfermo de todo esto. El Comité me ha pedido a mí y a otros que nos marchemos, de modo que no he estado trabajando ahí, desde ayer. Lo lamento, porque el trabajo me gustaba muchísimo y justamente me estaba habituando a él. Ahora voy a encontrar alguna otra cosa en qué ocuparme, y pensaré en otra gente para alejarme de mí mismo. Haré lo que usted dice y seré útil…’.

Los hermanos trataron desesperadamente de encontrar trabajo, pero se les rechazaba. El 18 de agosto de 1915, Krishna escribía:

… He tratado muy intensamente de encontrar trabajo en cualquier parte, pero es realmente muy difícil. En primer lugar, soy un hindú y nadie parece gustar de ellos… De veras quiero trabajar; usted me dice que me olvide de mí mismo, y pienso que es el único modo, trabajar. Espero que todo salga muy bien’.

El hecho de que él fuese un hindú y, por lo tanto, inaceptable, se volvió un estribillo recurrente en sus cartas a Mrs. Besant.

Las respuestas de Mrs. Besant no pueden obtenerse, pero las testarudas viejas señoras que rodeaban a Krishna, sentían que él era demasiado frívolo y deben haberse quejado a Mrs. Besant. El 7 de octubre, Krishna escribió a Mrs. Besant:

‘Sé que hasta ahora no he tomado mi vida en serio, pero voy a hacerlo a partir de aquí. Empezaré mis estudios el lunes próximo. Me he resuelto a estudiar después de la carta que usted le ha escrito a Lady De La Warr. Voy a estudiar sánscrito, inglés, matemáticas, historia y francés. Tengo preceptores para cada materia y espero ingresar en Oxford tan pronto como pueda. Estudiaré con todas mis fuerzas, y después de Oxford está el trabajo que han planificado para mí los Maestros y usted misma. Me propongo honestamente hacer esto, y lo haré a toda costa’.

A pesar de estas cartas, los hermanos se sentían muy solos, desdichados y totalmente rechazados. Cada vez más desilusionados, parecían haber perdido interés en las enseñanzas teosóficas. Krishna escribió a Leadbeater acerca de Nitya:

‘Se siente muy solo, como la mayoría de nosotros, y no hay nadie que le agrade o a quien ame especialmente, y eso hace que las cosas sean doblemente difíciles. Está amargado, se le ve duro, indiferente. Sufre muchísimo, y temo no poder ayudarle mayormente. Necesita de alguien que antes que nada le ame a él, y en quien él pueda descargar todas sus penas. Necesita una madre a quien amar, como yo tengo a Lady Emily’.

La única amiga de Krishna en Inglaterra era Emily Lutyens, esposa de Edwin Lutyens, el visionario arquitecto que había diseñado Nueva Delhi. Tenía treinta y seis años cuando por primera vez conoció a Krishna; ella estaba presente, junto con una enorme multitud, en la plataforma de Charing Cross Road, para recibir a Mrs. Besant y al misterioso jovencito Alcyone. Cuando ella vio al muchacho indio de los grandes ojos y largo cabello, quien entonces tenía dieciséis años, quedó profundamente impresionada. Lady Emily se convirtió en una gran amiga de Krishna, quien se encontraba confundido y solo en un ambiente extraño. Al principio esto divirtió al marido de Lady Emily, Edwin Lutyens. Más tarde, quedó hondamente perturbado cuando se dio cuenta de que su esposa lo estaba descuidando a él y a sus hijos. Mrs. Besant sentía mucha angustia, porque intuía que cualquier atmósfera emocional en torno a Krishna era perjudicial para la futura misión que él tenía asignada. Sin embargo, en las cartas que Krishna siguió escribiéndole a Mrs. Besant y en las que se refería a Lady Emily, se le notaba mucho mejor, más serio y esforzándose mucho más en lo suyo.

Los nombres de los hermanos se habían inscrito para ingresar en el Colegio Balliol de Oxford Pero el director del Balliol, preocupado por las controversias que habían surgido en torno a Krishna, lo rechazó basándose en el “principio general de que este colegio no quiere tener nada que ver con el moreno Mesías”

Todos los intentos de Mrs. Besant para disponer la admisión de ellos en cualquier otro colegio de Oxford o de Cambridge, también fracasaron. Además, Krishna era incapaz de aprobar cualquiera de los exámenes de ingreso a la Universidad de Londres. Estudiaba por muchos días, pero cuando se enfrentaba a un examen, solía retirarse dejando un papel en blanco.

Los hermanos estaban viviendo con Miss Dodge en Wimbledon Miss Dodge era una muy rica y caritativa dama norteamericana. Inválida por la artritis, había financiado muchas actividades de la Sociedad Teosófica. Era amiga de Emily Lutyens, quien la presentó a Mrs. Besant y la introdujo a la teosofía. Krishna y Nitya viajaban diariamente a Londres donde estaban estudiando, con inmensa dificultad, para aprobar los exámenes de ingreso a la Universidad de Londres. “Fue por esta época que ellos aprendieron a vestir bien y a sentirse cómodos en medio de una familia rica aristocrática”.

Habían empezado a ir a sastres costosos y a asistir al teatro. Krishna mostraba pocos signos de cumplir con el compromiso planeado para él por Leadbeater y Mrs. Besant. Tiempo después, Mrs. Besant habría de decirle “Mi querido, ¿qué va a pasar contigo?” Ella veía que Krishna se interesaba solamente en ropas y automóviles. Pero su fe en el papel que los Maestros habían previsto para Krishna, permaneció inconmovible.

Mientras tanto, en la Convención Teosófica que tuyo lugar en Varanasi en diciembre de 1913, C.W. Leadbeater había descubierto a un joven brahmín de trece años, natural de Madrás, llamado D. Rajagopal. Atraído por su aura, C.W.L profetizó para él un brillante futuro -incluso llegó a decir que, en una vida futura, sería el próximo Buda en el planeta Mercurio­. Adoptado por Leadbeater, Rajagopal fue enviado a Inglaterra con C. Jinarajadasa en 1920. Pronto habría de ingresar en Cambridge, donde estudió leyes y aprobó sus exámenes brillantemente.

Cuando Krishna y Rajagopal se encontraron por primera vez, hubo un cierto retraimiento, y los amigos de Krishna trataron a Rajagopal con ligereza y descuido. Rajagopal, hondamente lastimado por sus actitudes, intentó encubrir sus sentimientos. Sin embargo, en 1922, la relación entre Krishna, Nitya y Rajagopal había mejorado considerablemente.

Después de la guerra, habiendo fracasado todos sus intentos para ingresar en la Universidad, Krishna viajó a París y se alojó con sus amigos los Manziarly. Estos formaban una familia grande y cálida, y lo introdujeron en la vida de París. Krishna conoció a bailarines, escritores, pintores, músicos. Estaba despertando a un nuevo mundo creativo y fascinante. Por un tiempo, el papel de Mesías descansó con levedad sobre sus hombros.

Una noche Krishna asistió a una recepción organizada para él. Entre las numerosas personalidades presentes había algunos generales con uniformes de gala; muchos se habían reunido por la curiosidad de ver a este hermoso joven destinado a ser un mesías. Algunos se mostraban cínicos, otros llenos de admiración.

“Muchos esperaban que apareciera el nuevo mesías como una figura oriental” con la “voz de un Elías”. El “mesías” demostró ser “un joven elegante en pantalones de franela”. Sus gestos eran indiferentes e incluso un poco aburridos. Cuando se le preguntó acerca de la pesada carga que implicaba ser considerado la encarnación de una deidad, él contestó riendo en voz alta: “¡Yo diría que es bastante carga! La cosa que más me interesa en este momento es si Suzanne Lenglen será capaz de mantenerse firme frente a Helen Wills [en Wimbledon]”

En diciembre de 1921, después de una ausencia de nueve años, Krishnamurti y su hermano Nityananda regresaron a la India. Krishnamurti veía a la India nuevamente; durante esta visita haría amigos, observaría el ambiente que le rodeaba y restablecería el contacto con los Maestros.

Los hermanos decidieron visitar a su padre, Naraniah, que no había tenido contacto alguno ni noticias de ellos por nueve años. Su nuera G. Sharada, que se había casado con el hermano mayor de Krishna cuando ella tenía quince años, estaba profundamente dolorida y lloraba cuando habló conmigo años después, en 1984, de los relatos que habían circulado acerca de la reunión entre Naraniah y sus dos hijos. Imposibilitado de visitar la Sociedad Teosófica, él había procurado obtener noticias de ellos desde fuera de la Sociedad. Ninguno de los muchachos le había escrito a través de los años, y cuando recibió un telegrama anunciando que ellos venían a visitarle, había llorado. A instancias de él, su nuera pasó dos días preparando las comidas especiales que él sabía les habían gustado a sus hijos.

Era de noche cuando los hermanos llegaron. G. Sharada contó que ella era muy tímida, y que esperó afuera en la galería cuando Krishnamurti y Nitya llegaron a visitarlos. Describiendo a Krishnamurti dijo: “Se veía más allá de toda descripción, muy brillante ­lleno de luz. Tenía un extraño paso rápido, y era más alto que los otros”. Ella inclinó la cabeza en reverencia cuando lo vio. Para hacerle una broma, él se cubrió el rostro con las dos manos, como si no la hubiera visto. Nitya lo reprendió y le dijo: “¿Por qué haces eso? Ella es naturalmente tímida, como una muchacha hindú”.

Naraniah se sintió abrumado cuando vio a sus hijos, y se levantó para darles la bienvenida. Krishnamurti y Nitya se postraron ante él y tocaron sus pies con la frente. Naraniah los abrazó y comenzó a llorar. Krishnamurti se sentó con él y, según G Sharada, “lo consoló”. Después hablaron de Mrs. Besant. El padre y sus hijos no hablaron en telugu sino en inglés. Se ofreció a los hermanos los dulces y postres especialmente preparados para ellos. Los muchachos se mostraban tímidos y vergonzosos, y no estaban seguros de cómo debían comportarse. En consecuencia, comieron muy poco. Krishnamurti rehusó, pero Nitya aceptó una naranja.

Naraniah sufría de diabetes y tenía problemas de vejiga. La excitación emocional de ver a sus hijos le impulsó a ir al baño; y, como lo exigía el ritual, lavó sus pies. Esto fue interpretado más tarde como que Naraniah se había lavado los pies porque habían sido tocados por sus hijos a quienes él consideraba parias.

Los hermanos se quedaron solamente media hora en su primera visita. Según G. Sharada, vinieron a ver al padre tres días seguidos, después de lo cual sus visitas habrían de cesar. (En el Diario de Krishnamurti, hay un relato que difiere del de G. Sharada. Yo le leí a Krishnaji la versión de mi manuscrito. Dijo que no recordaba. A veces, cuando él hablaba del pasado, sus propios recuerdos solían fundirse con lo que otros le habían contado). Naraniah quiso ir a la Sociedad Teosófica para ver a los muchachos antes de que dejaran la India, pero fue disuadido por su hijo mayor. Hasta su muerte en 1924, Naraniah nunca más en la vida volvió a ver a sus hijos”.

 

TS: Los dramas y las obligaciones del destino, que nos impone la vida.