Torni Segarra

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* Relato sobre J Krishnamurti.

“»Madre; por favor; toca mi rostro: ¿Está ahí todavía?»

3 partes – 1 de 3

A principios de 1922, Krishnaji y Nitya viajaron por barco de Colombo a Sydney, Australia, para asistir a la Convención Teosófica que iba a realizarse allí. Krishna y C.W.L. iban a encontrarse después de diez años, y él parecía feliz de reunirse con su viejo tutor. En Sydney surgieron otra vez cargos de homosexualidad contra Leadbeater, y entre los teósofos serios estalló una preocupación que Krishna hizo todo lo posible por aliviar.

Fue en Sydney que Krishna habría de conocer también a James Wedgwood. Para entonces, Wedgwood había sido ordenado obispo de la Iglesia Liberal Católica. (La Iglesia Liberal Católica emergió de un grupo de católicos germanos que en 1870 se rebelaron contra la Iglesia de Roma y la doctrina de la infalibilidad papal. Se asoció con la antigua Iglesia Católica de Holanda que, aunque muy extendida entre sacerdotes católicos y anglicanos, tenía pocos seguidores). En 1916, él a su vez había consagrado a C.W.L. como Obispo Regional de la Iglesia Liberal Católica para Australia C.W.L. estaba encantado, porque esto implicaba no sólo los rituales y las espléndidas vestiduras ligadas a la Iglesia, sino también una nueva liturgia en idioma inglés.

Como Nitya seguía mal de salud, después de la Convención se decidió que los hermanos viajaran de nuevo a Europa vía San Francisco y los Estados Unidos. A.P. Warrington, Secretario General de la Sociedad Teosófica en los EE.UU. se encontraba en Sydney para la Convención. Invitó a Krishna y a Nitya a pasar un tiempo en Ojai, California, una antigua área nativa norteamericana próxima a Santa Bárbara, que tenía un clima seco excelente para la tuberculosis. Cuando el momento de abandonar Sydney se acercaba, C.W.L. recibió un mensaje del Maestro K.H. para Krishna, quien se sintió profundamente conmovido por el realismo.

Fue un largo viaje, durante el cual la enfermedad de Nitya progresó desesperadamente. Pero al finalizar el viaje, recobró las fuerzas y arribaron a California. Era su primera visita, y Krishna estaba encantado con la belleza del campo. Después de una excursión a un bosque de secoyas, aludió él a la majestad de los árboles y a la semejanza que tenían con inmensas catedrales.

Krishna y Nitya llegaron finalmente a Ojai, donde se alojaron en una cabaña rodeada por seis acres de terreno. Más tarde la propiedad sería comprada por Annie Besant para los hermanos, y se le pondría el nuevo nombre de Arya Vihara, el monasterio de los nobles.

Krishnamurti había empezado a meditar con regularidad todas las mañanas, y se sorprendió de la facilidad con que le respondía la mente. Encontró que podía sostener la imagen del Señor Maitreya en la conciencia durante todo el día. Como él decía, estaba “cada vez más calmado y más sereno”. Toda su perspectiva de la vida estaba cambiando. Las puertas internas se abrían. Desde Ojai, Krishnamurti le escribió a Leadbeater:

Como usted bien sabe, en muchos años no he sido lo que se dice “feliz”; todo cuanto tocaba me producía descontento; mi condición mental, como usted sabe, querido hermano mío, ha sido deplorable. He cambiado considerablemente en relación con lo que era en Australia. Naturalmente, he estado pensando y meditando acerca del mensaje que el Maestro K.H. me comunicó mientras estuve en Australia.

En agosto de 1922, Krishnamurti iba a sumergirse en el intenso despertar espiritual que cambió el curso de su vida. En la tradición hindú, el yogui que ahonda en los laberintos de la conciencia, despierta las energías explosivas del kundalini. (El principio de la energía kundalini, dormido hasta que es despertado por el yogui, se asemeja a una serpiente; surge en la base de la espina dorsal, detrás de los órganos reproductores, y asciende por el sushumna nadi atravesando y despertando chakra por chakra hasta que sale por el centro del cuero cabelludo, la apertura de Brahma. Los seis chakras del kundalini yoga, se consideran como seis centros de energía cósmica, explosiva pero dormida, de la naturaleza del fuego. La ruta a lo largo de la cual están situados estos centros es la columna vertebral. Los chakras se asemejan a la flor del loto; despertados por el ascendente kundalini o poder serpentino, se abren y miran hacia arriba. A cada lado del sushumna o nervio mediano, están los canales solar y lunar, ida y pingala, enroscados como serpientes alrededor del sushumna. El punto entre las cejas, es el sexto chakra o punto nodal de la energía. Con la apertura del loto de mil pétalos en el cuero cabelludo, el yogui se libera; contiene en su interior una fuente inagotable de energía que no se disipa jamás). Y campos enteramente nuevos de fenómenos físicos, al penetrar en su viaje dentro de áreas desconocidas de la mente. A un yogui que alcanza estas energías primordiales y pasa por la iniciación mística, se le reconoce como un ser vulnerable a peligros inmensos; el cuerpo y la mente afrontan peligros que podrían llevar a la locura o a la muerte.

El yogui aprende las doctrinas secretas, y bajo la dirección de un gurú experimenta el despertar de la energía dormida. Una vez que el yogui llega a ser un adepto, estas transformaciones de la conciencia se manifiestan en el campo de la misma en la forma de un drama místico. El cuerpo y la mente deben ser sometidos a un viaje sumamente peligroso. El adepto está rodeado y protegido por sus discípulos; una gran reserva y un silencio protector impregnan la atmósfera.

En Ojai, Nitya y Rosalind Williams, una muchacha norteamericana, estaban presentes cuando Krishnamurti experimentó la mayor parte del fenómeno.

Ambos, Nitya y Krishnamurti, enviaron a Annie Besant relatos de los acontecimientos. El relato de Nitya describe vívidamente la agonía de su hermano. Krishna padecía fuertes dolores, se desmayaba, llamaba en telugu a su madre, pedía que lo llevaran a los bosques de la India, se quejaba de la suciedad pidiendo a Nitya y Rosalind que no lo tocaran. Krishna habló de la presencia de seres poderosos; era evidente un vaciado de la conciencia de Krishna, y con ello se percibía por momentos una granpresencia. Finalmente, Krishna salió de la casa y se sentó bajo un pimentero. La descripción de Nitya, aunque condicionada por la terminología teosófica, revela azoramiento, ansiedad y una honda preocupación por su hermano mayor. Krishnamurti también escribió un relato de los acontecimientos a Mrs. Besant:

El 17 de agosto sentí un dolor agudo en la base de la nuca y tuve que reducir mi meditación a quince minutos. El dolor, en vez de mejorar como había esperado, empeoró. El clímax fue alcanzado el día 19. Yo no podía pensar, no era capaz de hacer nada, y mis amigos de aquí me obligaron a permanecer en cama. Luego quedé casi inconsciente, aunque me daba cuenta muy bien de lo que sucedía a mí alrededor. Volvía en mí diariamente cerca del mediodía. Ese primer día, mientras estaba en tal estado y más consciente de las cosas que me rodeaban, tuve la primera y más extraordinaria experiencia. Había un hombre reparando la carretera; ese hombre era yo mismo, yo era el pico que él sostenía, la piedra misma que él estaba rompiendo era parte de mí, la tierna hoja de hierba era mi propio ser y el árbol junto al hombre era yo. Casi podía sentir y pensar como el hombre que reparaba la carretera, podía sentir el viento pasando a través del árbol, y a la pequeña hormiga sobre la hojita de pasto. Los pájaros, el polvo, y el mismo ruido eran parte de mí. Justo en ese momento pasaba un auto a cierta distancia; yo era el conductor, la máquina y las llantas. Conforme el auto se alejaba, yo también me alejaba de mí mismo. Yo estaba en todas las cosas o, más bien, todas las cosas estaban en mí, las inanimadas así como las animadas, las montañas, el gusano y toda cosa viviente. El día entero permanecí en esta bienaventurada condición. No podía comer nada, y otra vez cerca de las seis empecé a perder mi cuerpo físico y, naturalmente, el elemental físico hizo su gusto; yo estaba semiconsciente.

En la mañana del día siguiente [el 20] ocurrió casi lo mismo que el día anterior. No comí nada y no podía tolerar a demasiadas personas en la habitación. Podía sentirlas de una manera más bien curiosa, y sus vibraciones irritaban mis nervios. Esa tarde casi a la misma hora, las seis, me sentí peor que nunca. No quería a nadie cerca de mí, ni que nadie me tocara. Me sentía extremadamente cansado y débil. Creo que sollozaba de puro agotamiento y falta de control físico. Mi cabeza estaba bastante mal y en la coronilla era como si me clavaran innumerables agujas. Mientras me hallaba en ese estado, sentí que la cama en la cual descansaba, la misma del día anterior, estaba sucia e inmunda más allá de toda imaginación y que no podía permanecer acostado en ella. De súbito me encontré sentado sobre el piso mientras Nitya y Rosalind me pedían que volviera a la cama. Les rogué que no me tocaran y grité que la cama no estaba limpia. Continué así por algún tiempo hasta que, finalmente, salí a la galería y me senté por unos momentos exhausto y algo calmado. Empecé a volver en mí y, al cabo de un tiempo, Mr. Warrington me pidió que fuera bajo el pimentero que está cerca de la casa. Allí me senté con las piernas cruzadas en la postura de meditación. Cuando había estado así por un rato, me percibí a mí mismo saliendo del cuerpo, y me vi sentado abajo con las tiernas y delicadas hojas del árbol encima de mí. Me encontraba de cara al oriente.

Frente a mí estaba mi cuerpo y sobre mi cabeza vi la Estrella brillante y clara. Pude entonces sentir las vibraciones del Señor Buda; contemplé al Señor Maitreya y al Maestro K.H. Era muy dichoso, estaba en calma y en paz. Aún podía ver mi cuerpo, y yo flotaba suspendido cerca de él. Había una calma muy profunda tanto en el aire como en mí mismo, la calma que existe en el lecho de un lago profundo e insondable. Como el lago, yo sentía que mi cuerpo físico con su mente y sus emociones, podía ser agitado en la superficie, pero que nada, absolutamente nada, podría ya turbar la quietud de mi alma. La presencia de los poderosos Seres permaneció conmigo por algún tiempo y después Ellos desaparecieron. Yo era supremamente bienaventurado por haberlos visto. Nada podría ya jamás ser igual. He bebido en las puras y transparentes aguas que manan de la fuente de la vida y mi sed fue aplacada. Nunca más podría estar sediento, nunca más podría hallarme en la total oscuridad. He visto la Luz. He tocado la compasión que cura todo dolor y sufrimiento; ello no es para mí mismo sino para el mundo. He estado en la cumbre de la montaña y he contemplado fijamente a los poderosos Seres. Nunca puedo ya estar en completa oscuridad, he visto la gloriosa Luz que cura. Me ha sido revelada la fuente de la Verdad y las tinieblas se han disipado. El amor en toda su gloria ha embriagado mi corazón; mi corazón jamás podrá cerrarse. He bebido en la fuente de la Felicidad y de la eterna Belleza.

¡Estoy embriagado de Dios!

Por los siguientes diez días el cuerpo de Krishna permaneció quieto, recuperándose. Sin embargo, el 3 de septiembre hubo signos de que se despertaban las sensaciones en la espina dorsal y de que su conciencia abandonaba el cuerpo. Pronto comenzaron períodos de dolor agudo. Tres testigos estaban presentes: Nitya, Rosalind y Mr. Warrington. Nitya tomó notas detalladas, pero ninguno de ellos pudo comprender lo que significaban los sucesos. Las notas con la firma de Nitya y con fecha 11 de febrero de 1923, fueron enviadas a Mrs. Besant. Sólo recientemente redescubiertas, permanecieron por años dentro de una heterogénea carpeta en los archivos de Adyar Nitya escribió: “Es difícil para mí decidir si escribir sobre ello como si fuera un proceso científico, o como si se tratara de una ceremonia sagrada en un templo. Los sucesos se concentraban y comenzaban todas las tardes alrededor de las 6. Continuaban por un período regular y terminaban al mismo tiempo tarde en la noche; a las 8; unos pocos días duraron hasta las nueve de la noche­».

La secuencia de los sucesos parece haber sido la siguiente: Todas las tardes Krishna meditaba bajo el pimentero. El 3 de septiembre, después de que hubo finalizado sus meditaciones, entró en la casa en un estado semiconsciente y se acostó. Empezó a gemir y a quejarse de un gran calor; tuvo unos cuantos estremecimientos y se derrumbó sobre el lecho. Cuando recuperó su plena conciencia, no recordaba lo que había ocurrido, aunque sentía una incomodidad general. En la tarde siguiente hubo una recurrencia de los síntomas. El 5 de septiembre bajó a Hollywood para ver una dramatización de la vida de Cristo. Había dispuesto hacerlo mucho tiempo atrás y no quería romper el compromiso.

Más tarde, Krishna le contó a Nitya que mientras veía la función en la tarde, sintió que gradualmente perdía conciencia de sí mismo, y que fue con un gran esfuerzo que logró despertarse. Regresó a Ojai en la tarde del día 6. En la noche del 7 de septiembre, un día después de la luna llena, ésta se veía aún muy brillante”.

 

TS: La mente, que es infinita, es capaz de ver lo que nadie puede ver.  Aunque eso no es lo real, lo verdadero. Si hay un plan para jugar con ello.

Ahí están los juegos de Buda, de Jesús de Nazareth, etc., además de los que usan drogas, que según dicen hicieron cosas extraordinarias.