Torni Segarra

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* Charla de N, David Bohm, Jiddu Krishnamurti

“La senilidad y las células cerebrales

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DB: Cuando nace un bebé, las células cerebrales tienen muy pocas conexiones cruzadas; éstas aumentan gradualmente en número, y después, a medida que una persona se aproxima a la senilidad, este proceso comienza a retroceder. Así, la cualidad de esas conexiones cruzadas podría estropearse. Sí, por ejemplo, las repitiéramos con demasiada frecuencia, se fijarían excesivamente.

N: ¿Todas las funciones del cerebro están confinadas a formas racionales, o hay algunas funciones que tienen una cualidad diferente?

DB: Se sabe que una gran parte del cerebro se encarga del movimiento corporal, de los músculos, de los diversos órganos, etc., y esta parte no se contrae con la edad, aunque la parte que se encarga del pensamiento racional, si no se usa, termina por contraerse. Luego pueden existir otras funciones que desconocemos totalmente; o sea, que en realidad es muy poco lo que se conoce acerca del cerebro.

K: Lo que decimos, entonces, es que estamos usando solamente una parte del cerebro. Sólo existe una actividad parcial, una ocupación parcial, ya sea racional o irracional. Pero en tanto el cerebro esté ocupado, tiene que hallarse en esa área limitada. ¿Estaría usted de acuerdo con eso?

DB: ¿Qué ocurriría entonces cuando no está ocupado? Es posible que el cerebro tienda a emplear la mayor parte del tiempo en ocuparse del limitado grupo de funciones mecánicas, y que esto produzca alguna sutil degeneración en el cerebro, puesto que cualquier cosa como esa afectará el tejido cerebral.

K: ¿Estamos diciendo que la senilidad es el resultado de una manera mecánica de vivir, del conocimiento mecánico, y que así el cerebro no tiene libertad, no tiene espacio?

DB: Eso es lo que se sugiere. No es algo que necesariamente acepten todas las personas que estudian el cerebro. Estas han demostrado que las células cerebrales comienzan a morir, en una proporción constante, alrededor de los treinta o cuarenta años; pero éste puede ser un factor. Yo no creo que sus mediciones sean tan buenas que puedan probar efectivamente el modo en que usamos el cerebro. Son medidas aproximadas, hechas estadísticamente. ¿Pero lo que usted quiere proponer, es que esta muerte o degeneración de las células cerebrales proviene del mal uso que se hace del cerebro?

K: Correcto. Eso es lo que estoy tratando de averiguar.

DB: Sí; y existe cierta evidencia ‑muy poca‑ por parte de los científicos, aunque pienso que ellos no saben demasiado al respecto.

K: Vea; los científicos, los especialistas del cerebro, examinan las cosas des­de afuera ‑si se me permite expresarlo sencillamente‑ pero no se toman a sí mismos como conejillos de Indias para investigarlas en profundidad.

DB: La mayor parte no, excepto aquellos que hacen biorretroalimentación, que están tratando de trabajar sobre sí mismos de una manera muy indirecta.

K: Sí, pero yo siento que no tenemos tiempo para todo eso.

DB: Es demasiado lento y no es muy profundo.

K: Volvamos, entonces, a la comprensión de que cualquier actividad, cualquier rutina ‑lógica o ilógica‑ que se repite orientándose en el sentido limitado, debe afectar el cerebro. Eso lo hemos comprendido muy claramente. El conocimiento en cierto nivel es esencial, pero los conocimientos psicológicos con respecto a uno mismo, a sus experiencias, etc., se convierten en una rutina. Las imágenes que tengo de mí mismo también llegan a ser, obviamente, una rutina, y todo eso contribuye a que el cerebro se contraiga. Esto lo he comprendido con absoluta claridad. Y cualquier clase de ocupación, aparte de la mecánica… no mecánica; no…

DB: …física…

K: …aparte de la ocupación física, produce la contracción del cerebro. Ahora bien, ¿cómo ha de detenerse este proceso? Y si se detiene realmente, ¿habrá una renovación?

DB: Pienso que algunos científicos del cerebro pondrían en duda que las células cerebrales pudieran renovarse, y no sé si existe alguna prueba en uno u otro sentido.

K: Yo pienso que pueden renovarse. Es lo que quiero averiguar.

DB: Entonces tenemos que discutir eso.

N: ¿Está usted dando a entender que la mente es distinta del cerebro, que es diferente?

K: No del todo.

DB: Usted ha hablado de la mente universal.

N: Mente, en el sentido de que uno tiene acceso a esta mente, y ella no es el cerebro. ¿Considera usted que ésa es una posibilidad?

K: No entiendo muy bien esto. Yo diría que la mente es global. Cuando es global y lo incluye todo ‑el cerebro, las emociones, todo eso‑ cuando es absolutamente total, no divisiva en sí misma, hay una cualidad que es universal. ¿De acuerdo?

N: ¿Uno tiene acceso esa mente?

K: No “uno”; usted no puede alcanzarla. No puede decir: “Yo tengo acceso a esa mente”.

N: Sólo estoy diciendo acceso. Uno no la posee, pero…

K: ¡Usted no puede poseer el cielo!

N: No. Mi pregunta es: ¿Hay un modo de estar abierto a eso, y existe una función de la mente mediante la cual la totalidad de ella pueda volverse accesible?

K: Pienso que existe. Tal vez lleguemos a eso enseguida, si podemos atenernos a este punto: ahora nos estamos preguntando si el cerebro puede renovarse a sí mismo, rejuvenecerse, llegar a ser joven otra vez, sin ninguna contracción en absoluto. Pienso que puede. Quiero abrir un capítulo nuevo y discutir esto. El conocimiento que el hombre ha adquirido está mutilándolo psicológicamente. Los freudianos, los junguianos, los más recientes psicólogos, psicoterapeutas, todos están contribuyendo a que el cerebro se contraiga. ¡Lo siento! No es mi intención ofender…”.

 

Los psicólogos, psicoterapeutas, etc., es preciso que contribuyan para que el cerebro se destruya. Pues, ellos están inmersos, atrapados por la manera de vivir en el desorden: la competitividad, la ansiedad, la vanidad, el estrés.

Por lo que, ellos mismos, están fuera de lo que haría que el cerebro, no se deteriora ni destruyera.