Torni Segarra

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* Diálogo entre Narayan, David Bohm y Jiddu Krishnamurti.

“Más Allá del Tiempo

13 capítulos

El orden cósmico

10º

1

K: El otro día interrumpimos nuestro diálogo, diciendo que la verdadera meditación comienza cuando la mente está por completo vacía de todas las cosas que allí ha puesto el pensamiento. Pero me gustaría investigar esa cuestión más profundamente; volver atrás un poco y descubrir si la mente, el cerebro, puede alguna vez librarse de todas las ilusiones y formas del engaño. Descubrir también si la mente puede tener su propio orden; un orden no introducido por el pensamiento, por el esfuerzo ni por empeño alguno en poner las cosas en su lugar exacto. Y también descubrir, sí por lastimado que esté el cerebro a causa de impactos emocionales y toda clase de situaciones, puede curarse completamente a sí mismo.

Comencemos, pues, preguntándonos si existe un orden que no sea establecido por el humano o por el pensamiento, que no sea producto de un orden planeado desde el desorden; el cual, por lo tanto, sigue formando parte del viejo condicionamiento.

DB: ¿Se refiere usted a la mente? Quiero decir que el orden de la naturaleza existe por sí mismo.

K: El orden de la naturaleza es orden.

DB: Sí; no está hecho por el humano.

K: Pero no estoy hablando de eso. No estoy seguro si se trata de esa clase de orden. ¿Existe el orden cósmico?

DB: Bueno, en cierto sentido, sigue siendo lo mismo, porque la palabra “cosmos” significa orden, pero orden total; que incluye el orden del universo y el orden de la mente.

K: Sí. Lo que estoy tratando de averiguar es si existe un orden que el humano jamás podrá concebir.

DB: ¿Y cómo vamos a discutir eso?

K: No lo sé. ¿Qué es el orden?

N: Está el orden matemático; la más elevada categoría de orden conocido en cualquier disciplina.

K: ¿Estarían los matemáticos de acuerdo en que la matemática es el orden completo?

N: Sí; la matemática en sí es orden.

DB: Pienso que ello depende del matemático. Pero hay un matemático muy conocido, llamado von Neumann, quien definió a la matemática como “la relación de las relaciones”. De hecho, él entendía por relación, el orden. Es el orden trabajando dentro del campo del orden mismo, antes que trabajando sobre algún objeto.

K: Sí; a eso estoy tratando de llegar.

DB: De modo que los matemáticos más creativos tienen una percepción de este orden, que puede ser llamado el orden puro; pero, desde luego, es limitado porque tiene que ser expresado matemáticamente en términos de fórmulas y ecuaciones.

K: Por supuesto. El orden, ¿es parte del desorden tal como lo conocemos?

DB: Lo que entendemos por desorden es otra cuestión. No es posible dar una definición coherente del desorden, porque éste viola el orden. Todo lo que ocurre realmente tiene un orden; pero uno puede, si gusta, llamar desorden a ciertas cosas.

K: ¿Está usted diciendo que todo lo que ocurre es orden?

DB: Tiene un orden. Si el cuerpo no está funcionando apropiadamente, aun si un cáncer se está desarrollando, hay un cierto orden en la célula cancerosa; sólo está creciendo según un patrón diferente que tiende a quebrar la resistencia del cuerpo. Sin embargo, la cosa total tiene cierta clase de orden.

K: Sí; sí.

DB: No ha violado las leyes de la naturaleza, aunque en relación con algún contexto particular, podría decirse que eso es desorden, porque, si hablamos de la salud del cuerpo, entonces el cáncer es llamado desorden. Pero en sí mismo…

K: El cáncer tiene su orden propio.

DB: Sí; pero no es compatible con el orden que implica el desarrollo del cuerpo.

K: De acuerdo. ¿Qué entendemos, entonces, por orden? ¿Existe algo que pudiera llamarse orden?

DB: El orden es una percepción; no podemos apoderarnos del orden.

N: Yo pienso que, generalmente, cuando nos referimos al orden, lo es con respecto a una estructura o en relación con un campo determinado. El orden tiene siempre esa connotación. Pero cuando usted dice “el orden del orden”, como en el estudio de la matemática, nos estamos alejando de esta limitada manera de abordar el orden.

DB: La mayoría de los matemáticos comienzan con el orden de los números 1‑2‑3‑4, y sobre eso establecen una jerarquía. Pero uno puede ver qué se entiende por el orden de los números. Hay, por ejemplo, una serie de relaciones que son constantes. En el orden de los números, tenemos el ejemplo más simple de orden.

N: ¡Y con el descubrimiento del cero, se creó un orden nuevo! El orden matemático y el orden de la naturaleza, ¿forman parte de un campo más vasto? ¿O son formas localizadas?

K: Uno ve que la mente, el cerebro es tan contradictorio, está tan golpeado, que no puede encontrar orden.

DB: Sí; ¿pero qué clase de orden quiere?

K: Quiere un orden en el que esté seguro; en el que no sea golpeado, ni sacudido, ni sienta dolor físico o psicológico.

DB: Todo el sentido del orden y de la matemática es que no haya contradicción.

K: Pero el cerebro está en contradicción.

DB: Algo ha funcionado mal.

K: Sí; hemos dicho que el cerebro tomó un rumbo equivocado”.

 

TS: Vamos a empezar por lo primero. Nosotros hemos de comer, es preciso comer. Y para ello, hemos de matar eso que comemos.

Por tanto, si queremos abstenernos de hacer daño, matar, hay contradicción, algo funciona mal.

Así que, como no podemos dejar de comer, matar lo que comemos es adecuado, es orden para la vida.

El problema llega cuando ingerimos excesivamente alimento -pues hay que matar más-.

Y lo segundo: hemos convertido el matar como el arma para poder conseguir todo lo que necesitamos, después de comer, estar alimentados.

Necesítanos apartamento, casa, ropa, máquinas, viajes; necesitamos toda clase de caprichos, para proporcionarnos placer, sentirnos seguros. Para sentirnos aliviados de nuestra manera absurda de vivir: fragmentados, divididos, en conflicto. Cuya consecuencia, para resolver los conflictos, los pleitos, usamos la violencia, hacemos la guerra -las matanzas en masa-.

Es decir, como la realidad no nos gusta, hemos inventado otra realidad que nos gusta más. Sin comprender que la vida, es como es, y no como me gustaría que fuera. Porque eso, es tomar el rumbo equivocado.