Torni Segarra

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* Diálogo entre David Bohm y Jiddu Krishnamurti.

“El fin del conocimiento psicológico

11º

4

DB: Lo que usted señala es que, cada vez que hay una comunicación, el conocimiento comienza a operar en muchas formas diferentes.

K: Usted ve, entonces, que es enormemente difícil estar libre del conocimiento.

DB: Uno podría preguntarse por qué el conocimiento no espera hasta que se le necesita.

K: Eso implica estar psicológicamente libre del conocimiento, y cuando surge la necesidad, uno actúa desde la libertad y no desde el conocimiento.

DB: Pero el conocimiento interviene para informar mi acción, aunque él no la haya originado.

K: Eso es estar libre del conocimiento. Y al estar libre, es desde la libertad y no desde el conocimiento que uno se comunica. O sea, que hay comunicación desde el vacío. Cuando usamos palabras, éstas en si son el resultado del conocimiento, pero surgen desde ese estado de completa libertad. Ahora bien; supongamos que yo, como un ser humano común, he llegado a ese punto en que existe esta libertad, y desde ella tiene lugar la comunicación. Usted, como científico eminente, ¿se comunicará conmigo sin ninguna barrera? ¿Entiende mi pregunta?

DB: Sí. Esta libertad con respecto al conocimiento, existe cuando el conocimiento es visto como información. Pero, por lo común, parece ser más que información, y el conocimiento mismo no ve que el conocimiento no es libre.

K: Jamás es libre. Y si he de comprenderme a mí mismo, debo estar libre para mirar.

¿Cómo se comunicará usted conmigo; he llegado a cierto punto en que estoy ardiendo por recibir lo que usted expresa, recibirlo de manera tan completa que el conocimiento psicológico se termine? ¿O me estoy engañando a mí mismo, con que me encuentro en ese estado?

DB: Esa es la cuestión: el conocimiento está constantemente engañándose a sí mismo.

K: ¿De modo que mi mente está engañándose siempre? ¿Qué haré entonces? Volvamos a eso.

DB: Nuevamente pienso que la respuesta es escuchar.

K: ¿Por qué no escuchamos? ¿Por qué esto no lo comprendemos inmediatamente? Uno puede dar todas las razones superficiales del por qué; vejez, condicionamiento, pereza, etcétera.

DB: ¿Pero es posible dar la razón profunda de ello?

K: Pienso que se debe a que el conocimiento, que es el “yo”, es tan tremendamente fuerte como una idea.

DB: Sí; por eso he tratado de decir que la idea tiene una tremenda importancia y significación. Suponga, por ejemplo, que usted tiene la idea de Dios; ésta adquiere un poder tremendo.

K: O, si se tengo la idea de que soy inglés, o francés, esta idea me da una gran energía.

DB: Y así la idea crea un estado del cuerpo que parece ser la existencia misma del yo. Entonces la persona no experimenta eso como mero conocimiento…

K: Sí; ¿pero seguimos y seguimos girando en círculos? Parece que así fuera.

DB: Bueno, me estaba preguntando si hay alguna cosa que pudiera comunicarse con respecto al poder abrumador que parece venir con el conocimiento…

K: …y con la identificación.

DB: Eso parece ser algo que valdría la pena investigar.

K: ¿Cuál es, entonces, la raíz etimológica de “identificación”?

DB: “Siempre lo mismo”.

K: Siempre lo mismo; correcto. ¡Muy cierto! No hay nada nuevo bajo el sol.

DB: Usted dice que el yo es siempre el mismo. Él trata de ser siempre el mismo en esencia, si no en detalle.

K: Sí; sí.

DB: Pienso que esto es lo que anda mal con el conocimiento; que intenta involucrarse en lo que siempre es lo mismo, y así se adhiere a ello. El propio conocimiento trata de encontrar lo que es permanente y perfecto. Quiero decir, incluso independientemente de cualquiera de nosotros. Es como incorporar eso dentro de las células.

K: De esto surge la pregunta: ¿Es posible prestar atención diligentemente? Uso “diligencia” en el sentido de ser exacto.

DB: En realidad, significa esmerarse.

K: Por supuesto. Esmerarse en captar la cosa total. Tiene que haber algún otro modo por completo diferente a todo este asunto intelectual. Esto lo hemos ejercitado muchísimo, y esa capacidad intelectual nos ha conducido hasta el muro en blanco. Yo abordo la cosa desde todas direcciones, pero a la larga está ahí el muro, que es el “yo”, con mi conocimiento, mis prejuicios y todo lo demás. Y entonces, el “yo” dice: “Debo hacer algo al respecto”. Lo cual sigue siendo el “yo”.

DB: El “yo” siempre quiere ser constante, pero al propio tiempo quiere cambiar.

K: Ponerse una chaqueta diferente. Es siempre el mismo. En consecuencia, la mente que está funcionando con el “yo”, es siempre la misma mente. ¡Dios mío, ya lo ve, estamos de vuelta en lo mismo!

Lo hemos intentado todo ‑ayuno, toda clase de disciplinas‑ para deshacernos del “yo” con todos sus conocimientos e ilusiones. Uno trata de identificarlo con otra cosa, que es la misma cosa. Entonces uno vuelve a la pregunta fundamental: ¿Qué hará desaparecer totalmente el muro en blanco? Pienso que esto sólo es posible cuando el humano que está bloqueado puede prestar atención completa a lo que el hombre libre está diciendo. No hay otro modo de derrumbar el muro: ni el intelecto, ni las emociones, ni ninguna otra cosa. Cuando alguien que ha ido más allá del muro, que lo ha derrumbado, dice: “Escuchen; por el amor de Dios; escuchen” y yo le escucho con mi mente vacía, entonces se acabó el problema. ¿Entiende lo que estoy diciendo? No tengo la sensación de que espero que algo ocurra o que algo vuelva, ni tampoco me preocupa el futuro. La mente está vacía, y por lo tanto, escucha. Punto final.

Para que un científico pueda descubrir algo nuevo, debe tener cierto vacío desde el cual habrá una percepción diferente.

DB: Sí; pero sólo en el sentido de que, por lo general, el problema es limitado, y así la mente puede estar vacía con respecto a ese problema particular; permitiendo el descubrimiento merced a una percepción lúcida e instantánea en esa área. Pero nosotros no estamos cuestionando esta área particular, sino la totalidad del conocimiento.

K: Es realmente extraordinario cuando uno lo investiga.

DB: Y usted dijo antes que la terminación del conocimiento es el Vedanta.

K: Esa es la verdadera respuesta.

DB: Pero, por regla general, muchas personas sienten que deben conservar el conocimiento en un área, para poder cuestionarlo en otra. Podría preocuparles la pregunta: “¿Con qué conocimiento cuestiono la totalidad del conocimiento?”

K: Sí. ¿Con qué conocimiento cuestiono mi conocimiento? De acuerdo.

DB: En cierto sentido, poseemos de hecho un conocimiento, porque hemos visto que toda esta estructura del conocimiento psicológico no tiene sentido, que es inconsistente, sin significación alguna.

K: Desde ese vacío del que estuvimos hablando, ¿hay una base o una fuente en la cual tienen su comienzo todas las cosas? La materia, los seres humanos, sus capacidades, sus necedades, ¿todo el movimiento parte de ahí?

DB: Podríamos considerar eso. Pero tratemos de clarificarlo un poco. Tenemos el vacío.

K: Sí; el vacío en que no hay movimiento alguno del pensar como conocimiento psicológico. Y, por lo tanto, no existe el tiempo psicológico.

DB: Aunque sigue existiendo el tiempo del reloj…

K: Sí; pero hemos ido más allá de eso; no retrocedamos. No existe el tiempo psicológico; no hay movimiento alguno del pensar. Ese vacío, ¿es el origen de todo movimiento?

DB: Bueno… ¿Usted diría que el vacío es “la base”?

K: Es lo que pregunto. Examinemos esto muy despacio.

DB: Previamente, estuvimos diciendo que existe el vacío y que más allá de ese vacío está “la base”.

K: Lo sé; lo sé. Discutamos esto más adelante”.

 

TS: ¿La base no es lo desconocido -la energía que hace que todo funcione-?

La cuestión es, ¿por qué queremos cambiar la realidad, el funcionamiento de lo que sucede: la soledad, la muerte, la pérdida, la tristeza, la náusea, la vejez, querer que siempre llegue lo que necesito, me agrada?

Todo es el pensamiento, el intelecto, que es el pasado, la mente, que no puede vérselas con el vacío, lo desconocido, la libertad, lo nuevo.