Torni Segarra

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* Diálogo entre David Bohm y Jiddu Krishnamurti.
“La mente en el universo
12º
5
DB: Usted no quiere describir a Dios, pero alguna clase de noción similar a esta ha sido sostenida en el pasado por diversas personas. Pienso que desde entonces pasó de moda.
K: ¡Pongámosla de moda! ¿Sí?
DB: No estoy diciendo que la idea de Aristóteles fuera correcta. Digo meramente que él estuvo considerando algo en cierto modo similar, aunque probablemente distinto en muchos aspectos.
K: ¿Era un concepto intelectual o una realidad?
DB: Esto es muy difícil de decir, porque se conoce muy poco.
K: Por lo tanto, no tenemos que introducir a Aristóteles.
DB: Yo solamente quería señalar que el concepto de un movimiento de quietud, no era una locura, porque otras personas muy respetables habían sostenido algo similar.
K: ¡Me alegro! ¡Me alegro de que se me asegure que no estoy loco!
¿Y es ese movimiento que emerge de la quietud, el movimiento de creación? No estamos hablando de lo que los poetas, escritores y pintores llaman creación. Para mí, eso no es creación; sólo es capacidad, destreza, memoria y conocimiento operando. Aquí, pienso que esta creación no se expresa en la forma.
DB: Es importante establecer la diferencia. Por lo general, pensamos que la creación se expresa en la forma, o como estructuras.
K: Sí; estructuras. ¡Hemos superado la locura, así que podemos continuar! ¿Diría usted que este movimiento, al no ser del tiempo, es eternamente nuevo?
DB: Sí. Es eternamente nuevo en el sentido de que la creación es eternamente nueva. ¿Correcto?
K: La creación es eternamente nueva. Esa novedad es la que los artistas tratan de descubrir. Debido a eso, se complacen en toda suerte de absurdos, pero son pocos los que llegan a ese punto en que la mente está en absoluto silencio; silencio desde el cual surge este movimiento que es siempre nuevo. El instante en que ese movimiento se expresa…
DB: … ¿la primera expresión es en el pensamiento?
K: Es justamente eso.
DB: Y eso puede ser útil, pero después queda fijo y se convierte en una barrera.
K: Un erudito indio me contó una vez que, antes de que los escultores comenzaran a esculpir la cabeza de un dios, o lo que fuere, tenían que entrar en una meditación profunda. En el momento exacto, tomaban el martillo y el cincel.
DB: Entonces ello surgía del vacío. Vea; hay otro punto. Los aborígenes de Australia dibujan figuras en la arena, de modo que éstas no tienen permanencia.
K: Eso es verdad.
DB: Tal vez el pensamiento pudiera ser considerado de esa manera. El mármol es demasiado estático y permanece por miles de años. Así, aunque el escultor original pueda haber comprendido, los que vienen después ven eso como una forma fija.
K: ¿Qué relación tiene todo esto con mi vida cotidiana? ¿De qué modo opera a través de mis acciones, de mis habituales respuestas físicas al ruido, al dolor, a las múltiples formas de perturbación? ¿Qué relación tiene lo físico con ese movimiento silencioso?
DB: En cuanto la mente se halla en silencio, el pensamiento está en orden.
K: Estamos llegando a algo. ¿Diría usted que el movimiento silencioso, con su inagotable frescura, es el orden total del universo?
DB: Podríamos considerar que el orden del universo emerge de este silencio y vacío.
K: ¿Cuál es, entonces, la relación de esta mente con el universo?
DB: ¿La mente particular?
K: No; la mente.
DB: ¿La mente en general?
K: La mente. Pasamos por lo general y lo particular, y más allá de eso está la mente.
DB: ¿Diría usted que es universal?
K: No me gusta usar la palabra “universal”.
DB: Universal en el sentido de que está más allá de lo particular. Pero tal vez esa palabra origine dificultades.
K: ¿Podemos encontrar otra palabra? “Global” no. ¿Una mente que está más allá de lo particular?
DB: Uno podría decir que es la fuente; la esencia. Se la ha llamado “el absoluto”.
K: Tampoco quiero utilizar la palabra “absoluto”.
DB: “Absoluto” significa literalmente lo que está libre de toda limitación; de toda dependencia.
K: Muy bien, si usted está de acuerdo con que “absoluto” significa libertad respecto de toda dependencia y limitación.
DB: Y de todas las relaciones.
K: Entonces usaremos esa palabra.
DB: Tiene connotaciones desafortunadas.
K: Desde luego. Pero por el momento usémosla en nuestro diálogo por una cuestión de conveniencia. Existe esta quietud absoluta, y en o desde esa quietud, hay un movimiento, y ese movimiento es eternamente nuevo. ¿Cuál es la relación de esa mente con el universo?
DB: ¿Con el universo de la materia?
K: Con la totalidad del universo: la materia; los árboles; la naturaleza; el humano; los cielos.
DB: Esa es una pregunta interesante”.

 

TS: ‘¿Cuál es la relación de esa mente con el universo?’.

No ha de ser una relación fragmentada. Para ello, el orden es preciso. No mi orden, sino el orden del universo, el orden que tiene la luna, la Osa Mayor, las lluvias y las sequías.

El orden que tienen las guerras, a causa de la confusión y el desorden, del egoísmo. Chocando unos con otros. Por el miedo al otro, sea quien sea, se ha impuesto.