Torni Segarra

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* Diálogo entre Jiddu Krishnamurti y David Bohm.

“La mente en el universo

12º

7

DB: Consideremos el orden del pensamiento. Cuando el pensamiento es racional, está en orden. Pero en la contradicción, el orden del pensamiento se ha desbaratado; ha llegado a su límite. El pensamiento opera hasta que llega a una contradicción, y ése es el límite.

K: Entonces, si en mi vida diaria hay un orden completo en el cual no existe perturbación alguna, ¿cuál es la relación de ese orden con el orden infinito? ¿Puede ese movimiento silencioso del orden, de esa cosa extraordinaria, afectar mi vida cotidiana, cuando tengo orden psicológico interno? ¿Comprende mi pregunta?

DB: Sí. Hemos dicho, por ejemplo, que el volcán es una manifestación del orden total del universo.

K: Absolutamente. O el tigre matando un ciervo.

DB: La pregunta es, entonces, si un ser humano, en su vida corriente, puede ser algo similar.

K: De eso se trata. Si no fuera así, ¿cuál es el sentido de lo otro, lo universal?

DB: Bueno, ello no tiene sentido para el ser humano. Algunas personas dirían, ¿a quién le interesa el universo? Todo lo que nos interesa es nuestra propia sociedad y lo que nosotros estamos haciendo. Pero entonces eso se malogra porque está lleno de contradicción.

K: Obviamente. Es sólo el pensamiento el que dice eso. De modo que el universo, que se halla en orden total, afecta realmente mi vida cotidiana.

DB: Sí. Pienso que los científicos podrían preguntar cómo la afecta. Vea; uno podría decir: Yo comprendo que el universo está constituido por materia y que las leyes de la materia afectan nuestra vida cotidiana. Pero no está claro cómo influyen en la mente, ni si existe esta mente absoluta que afecta la vida cotidiana.

K: ¡Ah! ¿Qué es mi vida cotidiana? Desorden y una serie de reacciones; ¿verdad?

DB: Bueno, en su mayor parte es eso.

K: Y el pensamiento está siempre esforzándose por introducir orden en eso. Pero cuando lo hace, eso sigue siendo desorden.

DB: Porque el pensamiento está siempre limitado por sus propias contradicciones.

K: Desde luego. El pensamiento siempre está creando desorden porque en sí mismo es limitado.

DB: Tan pronto trata de ir más allá del límite, eso es desordenado.

K: Correcto. He comprendido eso, lo he investigado, tengo en ello un instante lúcido de discernimiento; por lo tanto, hay cierta clase de orden en mi vida. Pero ese orden todavía es limitado. Lo reconozco y digo que la existencia es limitada.

DB: Ahora bien, algunas personas aceptarían eso y dirían: “¿Por qué debe usted obtener más?”

K: No estoy obteniendo más.

DB: Pero otras podrían decir: “Seríamos felices si pudiéramos vivir una vida material con un orden verdadero”.

K: Y yo digo: ¡Hagámoslo! Ello debe hacerse. Pero en el mismo hacerlo, uno tiene que darse cuenta de que eso es limitado.

DB: Sí; incluso el más elevado orden que podamos producir es limitado.

K: Y la mente se da cuenta de su limitación y dice: Vayamos más allá de esa limitación.

DB: ¿Por qué? Algunas personas dirían: ¿Por qué no ser felices dentro de esos límites, expandiéndolos continuamente, tratando de descubrir nuevas ideas, un orden nuevo? El artista descubrirá nuevas formas de arte, el científico una clase nueva de ciencia.

K: Pero todo eso es siempre limitado.

DB: A menudo sentimos que podemos llegar hasta aquí y debemos aceptar que sólo esto es posible.

K: ¿Se refiere usted al sentimiento de que debemos aceptar la condición humana?

DB: Bueno, mucha gente dirá que el hombre podría hacer las cosas mejor de lo que las hace.

K: Sí; pero todo esto sigue siendo la condición humana; un poco reformada; un poco mejor.

DB: Algunas personas dirían que enormemente reformada.

K: ¡Pero sigue siendo limitada!

DB: Sí. Tratemos de poner en claro qué hay de malo en la limitación.

K: En esa limitación no hay libertad; hay sólo una libertad restringida.

DB: Sí. Por lo tanto, finalmente llegamos al límite de nuestra libertad. Algo nos hace reaccionar, y a causa de la reacción, caemos de vuelta en la contradicción.

K: Sí, pero ¿qué sucede cuando veo que estoy moviéndome siempre dentro de cierta área?

DB: Entonces estoy bajo el control de las fuerzas.

K: Es inevitable que la mente se rebele contra eso.

DB: Ese es un punto importante. Uno ve que la mente necesita libertad. ¿Correcto?

K: Es obvio.

DB: La mente dice que la libertad es el valor supremo. ¿Aceptamos eso, entonces, y lo vemos realmente como un hecho?

K: Vale decir: comprendo que dentro de esa limitación soy un prisionero.

DB: Algunas personas se acostumbran a ello y dicen: “Lo acepto”.

K: ¡Yo no lo aceptaré! Mi mente dice que debo liberarme de mi prisión. Soy un prisionero, y la prisión es muy agradable, muy refinada y todo lo demás. Pero mi mente sigue siendo limitada, aunque dice que más allá de todo eso tiene que haber libertad.

DB: ¿Qué mente dice esto? ¿La mente particular del ser humano?

K: ¡Ah! ¿Quién dice que tiene que haber libertad? Oh; eso es muy simple. El dolor mismo, el sufrimiento mismo exige que superemos esa limitación”.

 

TS: Mientras haya dolor, estamos atascados, bloqueados.

¿Qué hacemos cuando vuelve, llega? Vivirlo. El dolor hará lo que tiene que hacer y desaparecerá.

Pregunta: ¿Puede el dolor irse para siempre y que no vuelva nunca más?