Torni Segarra

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 2679. La vida es esa cosa tan extraña en que, de un estado de placidez, de dicha, de orden, a la vuelta de la esquina toda esa maravilla se puede transformar en algo feo, algo que nos quita la energía necesaria para vivir completamente, en su totalidad. Puede que sea una molestia o alteración de una parte del cuerpo, una mala noticia, un mal resultado, la pérdida de algo que nos interesa y amamos.

Esa fealdad, tan intensa y abarcadora -que también tiene su belleza, como todo lo existe y nos llega-, hasta que no vamos más allá del golpe cuando llega, es la causa de la desesperación, de la desdicha, de ansiedad, de miedo, depresión, convirtiéndonos en neuróticos.

Pero si estamos completamente atentos, esa fealdad y desdicha nos irá contándonos su secreto; pues seremos como dos amigos que se cuentan sus cosas. Pero para ello, no ha de haber división, huida, represión, de eso que está sucediendo.

Pues, en cada situación, podemos disfrutar de eso que está sucediendo, por amargo, desagradable, problemático, difícil. Los viejos se las tienen que ver como perdedores en todos los ámbitos mundanos, superficiales; pero ellos, pueden disfrutar de esa dicha que es el gozar de todo lo que se vive.

Los jóvenes, que salen como ganadores, teniendo la fortuna y riqueza corporal, vital, se han de someter al mismo paradigma que los viejos para disfrutar de la vida: participar de esa dicha que es el gozar de todo lo que llega, se vive, sin que haya división, desorden, conflicto interno.

Cuando nos damos cuenta que la división, el conflicto, son los desordenadores, los perturbadores, los que nos amargan, es cuando llega el comienzo del verdadero cambio, que es la libertad, que es amor.

 

 

2680. ¿Podemos huir de la realidad de lo que es la vida con su contienda, ya sea para imponerse en una discusión interminable, conseguir un empleo, una casa, cualquier cosa que necesitemos? ¿Nos damos cuenta que por nimia, sencilla y fácil, que sea la acción, ahí está la disputa, la lucha, la guerra? Es decir, la vida es una guerra total; para ganar una medalla en las olimpiadas, un partido de futbol, para ganar unas oposiciones; para ser los mejores en cualquier cosa que hagamos para satisfacer al ego, eludir la precariedad, la superficialidad, la absoluta falta de sentido, que nos hace ver lo absurdo de la vida, todo nos aboca a esa guerra de la que no podemos huir.

Ahora bien, ¿nos vamos a dejar llevar por la pendiente de la crueldad, viviendo en el desorden, en la inmoralidad, en la corrupción, convirtiéndonos en animales rabiosos, capaces de hacer actos atroces?

Todo depende de nuestra manera de vivir. Quien no quiere la guerra ni su crueldad, no llegará muy lejos con ella. Pero su vida no la generará, no la provocará en todo lo que pueda, es decir, en todos los ámbitos de la vida, en cada acto que hagamos. Por eso, la honestidad, que es una vida de austeridad, que tiene su propia inteligencia, disciplina, ha de estar en nosotros.

 

 

2681. Lo nuevo en acción.

 

 

2682. Lo curioso de la vida es que unos ayudan, respetan, salvan la vida de los animales, y otros los tratan como si fueran juguetes de paja sin ningún valor. Y por supuesto, eso tiene su continuidad en la relación, en el trato con las personas.

 

 

2683. Hay un problema: la ley de uno no sirve para otro. Y ahí empieza el dilema de ¿quién tiene razón? ¿Qué ley es la verdadera, la del hombre, la inventada y escrita en un papel, o la ley de la libertad, que es compasión y amor?

 

 

2684. El político y los que los siguen, los votan, cualquier persona, ¿no son básicamente lo mismo? Es porque tanto el político como sus seguidores al creerse que son diferentes, unos mejores que otros, que se genera el desorden de la división. Donde todos se acusan unos a otros, creyendo que los otros son lo peor; y ellos los mejores. Llegando la ignorancia, la confusión, que es la adoración del ‘yo’, la vanidad insaciable.

 

 

2685. Sin ir más allá de las palabras es seguir estando atrapado, preso de ellas y lo que llevan consigo.

 

 

2686. ¿Esa ley es generadora de orden, de paz, del fin de las disputas y conflictos entre las personas? Si no es así, ¿qué valor, qué sentido tiene la ley que invocamos y queremos que la cumplan los demás?

 

 

2687. Sólo sé vocabulario, algunas palabras en inglés. Pero tengo muchos amigos y conocidos que su idioma es el inglés, y es por ello que a veces los textos que publico lo hago por deferencia a ellos y para que estén informados.

Aunque Google Translate, y Bing Translator, traducen del castellano al inglés; por lo que, aunque lo corrijo, sale como sale.

Las máquinas no pueden traducir correctamente ningún idioma; porque los idiomas están más allá de las academias, las reglas, los textos.

 

 

2688. Toda ley es divisiva, luego nos divide. Esto parece absurdo, pero no lo es. Porque hay que ir más allá de la ley -de la tuya, de la del otro-. Si esto se comprende la ley pierde todo su valor sancionador, quedando como una sugerencia compasiva: como cuando le decimos a alguien que no tome alcohol, no fume, no corra demasiado cuando conduce. Pues, nadie tiene autoridad moral alguna para prohibir a otro lo que tiene que hacer. Porque el que esgrime la ley es igual de corrupto e inmoral que el que es acusado de infringirla.

 

 

2689. Lo principal, lo más importante es la libertad. Si a ti no te doy libertad, si te reprimo, te prohíbo, no te dejo vivir, ¿qué es lo que sucede? Pues que no podremos vivir juntos; y la vida será un infierno, donde nos destrozaremos mutuamente.

¿Es así como queremos vivir? Si no queremos, habrá que hacer algo: descartar lo que nos divide y enfrenta.

 

 

2690. No hace falta pretender unirse, pues todo está unido; y entre ese todo estamos las personas. Una vez comprendemos esa unión universal, total, sagrada, nadie es ajeno ni próximo.