Torni Segarra

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1759. La felicidad es como el saber, siempre es en relación a los otros que saben menos; es decir, uno solamente es más feliz de los que lo son menos.

 

 

 

1760. ¿Cómo podemos saber si alguien es espiritual o no? Eso nadie lo puede saber, pues no hay un tribunal que examine para saber si somos o no espirituales. Además, si existiese ese tribunal, ¿quién le ha dado esa autoridad de que ellos son los adecuados para decidir quién o no es espiritual, o qué graduación tiene?

 

La espiritualidad, el saber, si uno es bello o no, si uno hace lo correcto, solamente lo podemos saber en relación con los demás, en el contrastar con los demás que decimos que lo son menos, son más, o nos parecen igual. Por eso, cuando estamos libres del pasado, de lo que se dice qué es lo correcto o no, uno solamente es un ser humano que ha de vérselas con los retos que nos llegan.  De manera que sólo existe lo que es, la realidad, nos guste o no; y no inventar lo que debería ser, otra realidad que más gusta y satisface.

 

 

 

1761. Maite. Creo que lo que tú crees que es violencia, es solamente pegarse las personas con violencia, hacer la guerra, etc. Pero hay otra violencia, como si fuera una dictadura que nos exige ejecutarla: la violencia exigible para poder sobrevivir; ya que, para sobrevivir, has de ser violenta cuando sacrificamos a los animales para alimentarnos. También hay otra violencia más sutil, cuando rechazas a los que te pueden perturbar, romper tu intimidad, defender lo que tienes, donde vives, tus pertenencias, tu dinero que alguien te puede pedir, o exigir que le des algo que tu no quieres o puedes.

 

Así que el hecho de vivir es violencia, con los insectos que pisamos y aplastamos cuando vamos por el campo, o encontramos donde vivimos; y lo primero es no huir de ese hecho. Pues, la violencia es división, conflicto, dos fuerzas antagónicas cada uno estirando hacia sí. De manera que cuando hay división, hay violencia. Por eso, el problema es descartar la división, pero sin que ello genere otra división, otro conflicto.

 

 

 

1762. Si no hay una buena relación con las personas que nos relacionamos, ya sean cercanas o con las personas que viven lejos, en la otra parte del mundo, nada de lo que hagamos no tendrá sentido ni significado verdadero; entendido éste significado verdadero, como la generación de orden, que es compasión, amor.

 

 

 

1763. El victimismo sin lugar a dudas es una explotación de una desgracia, que se puede prolongar por el tiempo, a lo largo de siglos, milenios, toda la vida. Un ejemplo sencillo de victimismo son las mujeres, que siempre han estado oprimidas por los hombres, o los pobres, los menos afortunados, los gais. Pero en todos los casos, uno tiene que atenerse a la realidad, a lo que es, y no hacer otro problema de ese problema.

 

A no ser que quieran hacer una revolución sanguinaria; un apartheid con el sexo; un feminismo, agresivo, conflictivo. Porque, tal vez, el verdugo no desaparezca, no se pueda vencer; y entonces, se viva en un conflicto continuo con su amargura.

 

Hay verdugos que son tan viejos como la humanidad: los que más poder tienen, los ricos; y eso, de momento, parece ser que no se puede cambiar.

 

 

 

1764. Está claro que los más altos magistrados y los políticos que mandan, hacen un mismo cuerpo. Unos les dan sueldos suculentos, seguridad y privilegios, y a cambio hacen prevalecer las leyes estúpidas, crueles, propias de salvajes, como es derogar la abolición de la tortura y asesinato violento de los toros, por placer y diversión macabra y sanguinaria, a petición de los políticos que están en el poder.

Todo porque se han inventado los políticos que mandan -que jamás representan a todos- de la derecha más rancia, carca y facha, que esa salvajada sádica la hayan convertido en fiesta nacional de España.

 

Y porque hay una posibilidad de que vuelva a ver nuevas elecciones, y la usen como señuelo, para los inocentes e ignorantes, subdesarrollados mentalmente, para que les voten.

 

No se trata de democracia o no democracia, de tener razón o no, se trata del sentido común, de humanismo, que dice que a un animal nadie puede torturarlo salvajemente en un espectáculo para luego asesinarlo con una espada que le produce una agonía lenta, sangrante, cruel.

 

Que sepan que en mi nombre que no se escuden esos políticos, insensibles e indiferentes al dolor, salvajes por tolerar y participar esa maldad inmensa, brutal, cruel.

 

Y, dicen que España es un país europeo; lo será burocráticamente, pero en lo que respecta a la sensibilidad hacia los animales, su respeto, son peor que los africanos.