Torni Segarra

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2462. ‘Hay que ser feliz, aunque sólo sea por joder a los otros’.

Eso es lo que hacemos la mayoría: ¿no?, vencer, derrotar, a los otros. Es el mayor vicio, que no tiene la posibilidad de ser satisfecho, colmado. Porque detrás de todo éxito, triunfo, victoria, derrota, está el placer. Y la persecución del placer engendra dolor.

 

 

2463. La vida es una locura. Así que uno tiene que tener una locura. Pero ha de ser una locura que no nos lleve al abismo de la miseria humana, que nos conduce una vida de egoísmo, insensibilidad e indiferencia.

 

 

2464. A veces parece que sí, pero a veces parece que no tengamos libre albedrío. Como todas las cosas importantes, las palabras no pueden llegar a ellas. Ha de ser uno el que lo descubra. Es como preguntar, si existe algo como la felicidad; cualquier respuesta afirmando o negando, no sirve para aclararlo.

 

 

2465. ¿Y si podemos liberarnos de nuestro condicionamiento, el heredado familiarmente, socialmente, culturalmente, el que lo llevamos inscrito en las células cerebrales desde hace miles de años? ¿Qué es ese condicionamiento sino el miedo, ya sea a morir, primero, a perder algo, miedo a quedarme solo, aislado, dependiente, a no poder hacer lo que se supone que hemos de hacer?

Es decir, si nos libramos del ego, del ‘yo’, es entonces cuando aparece el libre albedrío; porque somos libres sin ningún patrón, ni idea ni teoría por sagrada que sea, buena o noble; sino que encaramos los hechos, que son los retos, desde el vacío, la nada. Y en la nada, no haya nada que se puede explicar, ni agarrarse a ella.

 

 

2466. Puede que sea el que pare la marea musulmana violenta. El problema es cómo lo hará. Parece de corte clásico: Churchill, Roosevelt, Truman. Hombres fuertes para enfrentarse a un enemigo también fuerte. La vida lo arregla así para que pueda seguir funcionando, aunque sea con la amargura de la violencia y la guerra.

 

 

2467. La izquierda, ya sea radical o no, no tiene cien años. La izquierda nació cuando las personas fueron conscientes de los agravios, de las injusticias, de las desigualdades de las castas, del racismo, de la explotación y esclavitud.

Y todos los que cuestionaban esos comportamientos desde Buda, Jesús, los filósofos griegos y romanos, hasta los de hoy en día, tienen el mismo espíritu de la izquierda: ayudar al necesitado, al agraviado, maltratado, ayudar a los menos afortunados que son explotados cruelmente, como si fuera algo normal, preciso, cuando no lo es; pues es por avaricia, codicia, persecución de la vanidad y el placer.

 

 

2468. Los del bando ganador, no quieren remover el pasado, ni hablar de ello, por la sencilla razón de que al finalizar la guerra a los que perdieron se les señalaba como los asesinos, guerreros que mataban, torturaban, etc., de manera que, se divulgó el mensaje de que los únicos que eran capaces de matar, etc., eran los perdedores. Ya que los vencedores, que mandaban, se presentaban como el orden, de personas que iban a misa los domingos, bien vestidos, hablaban con los curas, y se presentaban como incapaces de matar ni a una mosca.

Pero al morir la dictadura militar, cuando se pretendía entrar en una democracia, todo se tenía que airear, mirar, y observar el pasado, que había sido escondido, manipulado durante cuarenta años. Y como resultado de esa libertad de expresión, fue el descubrimiento para las personas vulgares, superficiales, incultas, de que los vencedores, que mandaban, eran igual de asesinos, torturadores y malvados guerreros, que los que habían estado tanto tiempo acusándolos de todos los males, desorden, degradación, incivismo y mala educación.

Y ahora, todavía persiste esa arrogante actitud de la derecha de que ella mata, sin matar; ella tortura, sin torturar: ella roba, sin robar; ella explota a las personas, sin hacerlo; ella es corrupta y miente, pero según ellos no lo es. Y por eso, siempre la derecha se oponía a que los pobres se les instruyera, enseñara a leer y a escribir, a tener cultura, a ser cosmopolitas; habían de ser servidores sumisos, obedientes, ignorantes incapaces ni de saber firmar un documento. Y claro así se les manejaba como si fueran rebaño o manada de ganado.

 

 

2469. Es imposible ponerse de acuerdo en qué fue el motivo, cuándo se inició la guerra, quiénes son los culpables o no. Prueba de ello, lo tenemos con el conflicto y enfrentamiento entre los independentistas vascos, de ETA, y los que se oponían a ellos y a su independencia, el Estado español; que los dos se libran de la culpa, y se la dan al otro que es su contrarío. Siempre es lo mismo; de manera que es uno el que tiene que indagar, inquirir, al margen del establishment, corrupto e inmoral.

 

 

2470. Ese el drama que persiste: la indiferencia del vencedor, de los que mandan, ante el vencido; que tiene en realidad miedo de que todos sepan de qué fueron capaces: asesinar extra judicialmente en caminos, en medio del campo.

Una pregunta: ¿Qué pensarían los vencedores, que se oponen a que se sepa dónde están los asesinados, si se intercambiaran los papeles, y ellos, pasaran a ser las víctimas que durante tanto tiempo esperan para saber qué sucedió con un padre, un hermano, un hijo, pariente o amigo, fusilado y no encontrado aún, por impedirlo la autoridad, los que mandan?