Torni Segarra

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135. ¿No puedes comprender que cuando hablas mentalmente -orar, suplicar, platicar- con alguien que no está contigo, te estás hablando a ti mismo? Si pudieras comprender que el que habla y el que escucha es lo mismo, son lo mismo: el pensamiento. Pero ese pensamiento al verse desbordado por los hechos que no entiende -la muerte, el dolor, la amargura de la guerra, los asesinatos y su bestialidad-, que le dan miedo e inseguridad, como no puede soportarlo inventa a otra persona, ya sea un amigo o conocido, un santo, un dios, para poder hablar con él, contarle las intimidades y así sentirte descansada, aliviada. En realidad, eso es todo lo que se conoce como orar. 

Pero lo importante, es darse cuenta que los dos que hablan son la misma persona: tú Claudia.

Ahora tú puedes decir: ‘Bueno, y ¿qué problema hay en el orar, hablar mentalmente con otras personas? El problema está en la raíz de ese acto de orar: dividirnos la mente, cuando para que haya amor no ha de haber división alguna. La mente, que incluye al cerebro, por el miedo ha inventado el pensamiento psicológico que es el ego, el ‘yo’. Y por eso, el pensamiento, el ego, el ‘yo’, son divisivos; porque para existir ellos ha de haber división entre ‘yo’ y ‘tú’, entre ‘nosotros’ y ‘ellos’, todos enfrentados, en conflicto, por lo que son la causa de todas las desgracias, maldades, la ignorancia.

Por eso, una religión sin amor, ¿qué es sino un montón de palabras, de libros, una estructura con su dios y sus santos, sus seguidores, su gobierno, que es su autoridad a la hora de decir o no decir lo que está bien o lo que no lo está? Y todo eso, como lo podemos ver en cualquier lugar del mundo genera la división entre cristianos, musulmanes, judíos, hindúes, budistas, cada uno agarrando a lo que cree que es lo verdadero, pero en realidad están divididos, sin amor, sin compasión por las personas, por los animales, por los menos afortunados.

 

 

136. ¿Aún no se han dado cuenta que la ley escrita e inventada para auto defenderse un grupo de personas contra otro grupo, si se quiere porque es preciso no tiene ningún valor? La constitución tiene la ley que obliga al gobierno a que cada ciudadano tenga vivienda. ¿Lo cumple? Pues desde ahí, y muchas leyes y normas escritas que no se cumplen, hay un montón. ¿Todos somos iguales ante la ley? ¿Por qué los ricos defraudadores al Estado no son perseguidos y recuperar lo que le deben? Cuando hay desahucios de personas que no pueden hacer frente a las exigencias de los bancos, que tienen miles de apartamentos cerrados que no pueden vender.

Y ya que hablamos de bancos, ¿cuál es la ley que autoriza a los bancos, que por tener alguien una cuenta corriente, cobrarle una tasa por ello, cuando hace cincuenta años era el banco el que pagaba al cliente un tanto por ciento por tener allí el dinero? ¿Quién y por qué se ha cambiado esa ley? ¿Ven cómo la ley es tan sufrida como quiere que uno sea?

 

 

137. ¿Qué otra opción queda si se quiere vivir en libertad con respecto de la opresión, los agravios, las injusticias, ante un centralismo feroz que lo abarca todo? Todo el que manda, por la fuerza de los hechos genera rechazo, animadversión, da la sensación de incomprensión. Pues nacer y vivir en un lugar donde todo lo tuyo -idioma, enseñas o banderas, leyes, costumbres y maneras de vivir, además de un mal reparto del dinero que es intervenido por el Estado centralista- es devaluado, rechazado, tratado con desprecio e irrespetuosidad, da la sensación de que mandan unos extranjeros que dominan las instituciones. ¿Se imaginan lo hartos que están los que viven bajo de esa situación?

Es como si alguien te tuviera que decir, tú pedirle permiso, dónde has de poner un clavo en la pared de tu casa. Eso es como una olla presión que siempre está a punto de reventar. No se crean que todo eso de la necesidad de que a uno le respeten, le respeten su libertad, sale de una pared en blanco, es un capricho, un nacionalismo vulgar. No, hay más y mucho más, que el Estado centralista oculta por miedo a que se liberen de él, de su opresión. Estamos hablando de lo que ha estado ocurriendo desde hace unos trescientos años sin parar.

 

 

138. El mundo, el hombre, la vida, y qué hace él con todo ello, es el espejo donde nos podemos ver tal cual somos.

 

 

139. Cuando uno está solo en el campo y tiene un perro asilvestrado a un metro de la pierna gruñendo, empujando, en ese momento no hay miedo. Sólo existe el perro y su deseo de que nos marchemos del lugar. El perro tampoco quiere hacernos daño. Pero no quiere que estemos allí y por eso avisa.

El miedo está ahí operando, pero no molesta, es como una racha de aire caliente o frío que se nota y nos obliga a hacer algo. Y es la pérdida de confort lo que determina el resultado del encuentro.

 

 

140. Cuando he leído tu escrito, parecía que lo que decías era del partido mayor corrupto que se conoce. ¿No sé de qué te extrañas tanto de unos y te complaces en los otros? ¿Será tu odio que te envenena todo tu ser y por la fuerza de los hechos lo has de sacar y dirigirlo hacia los demás?

Sé que necesitas sacarlo, pero hazlo de la mejor manera para que ese odio que tienes a unos no se revuelva contra ti.

 

 

141. La pregunta es: Por qué un vecino, un amigo, un conocido, se distancia de nosotros, ya que tiene que haber un motivo, ¿no? Y el problema se aclara cuando son muchos los que hacen eso. Por lo que, he de investigar por qué huyen de mí, qué les hago para que huyan, se separen; se van de los sitios donde frecuentaba con ellos, se van a otro barrio a vivir.

Primero que nada, está la libertad, que, como el amor, no tiene motivo para explicarla: o uno se siente libre -ama- o no. Es como una sensación de confort básico, que uno ve, dejando otro que no es confortable. Y eso es el mismo paradigma como actúa toda la humanidad: uno come lo que le gusta, uno hace lo que más se adapta a él, a uno le vienen unos y otros no, etc.

 

 

142. La cultura no es tener mucha información, es procesarla para que llegue la inteligencia. De lo contrario las personas cultas son como los ordenadores: llenos de información; pero que no tienen el palpito del amor a la vida, para no hacer daño a los demás -o al menos el menor daño-.

 

143. Todo llega. Los caballos cerriles son domesticados. El problema está en el domesticador: si tiene prisa, si es brutal, cruel, o deja que el caballo vaya entrando sin resistencia en el ámbito de los hombres, aunque sea para explotarlo de todas las maneras posibles.

 

 

144. El problema de los que reclaman la legalidad, es que ellos se tienen que preguntar primero, si son realmente legales. Es como uno pedir a sus compañeros de trabajo, que sean puntuales, pero él mimos no lo es. Y ese el drama de la vida: ‘Yo sí que puedo hacer lo que quiera, pero tú no lo puedes hacer, ni te dejaré’.

 

 

145. El problema no está en el Corán, la Biblia, los Vedas, el Bhagavad Gita, el problema es cómo es procesado, el problema es cómo es interpretado y aplicado. Y el último problema es cómo es cada uno que lo lee. Pues su condicionamiento va a mediatizar, a afectar toda esa información que recibe. Tal cual es la vida misma: una persona de tendencia brutal, violenta, todo lo reduce de manera que le lleva a la violencia, o a más violencia.

Así que el problema es de cada cual, y qué hace con su vida, vale decir los retos que llegan y tiene que gestionar.

 

 

146. Tú has de hacer que no se reavive el conflicto; no esperes que lo hagan los demás.

 

 

147. Si no quieres huir, quieres ver tu paz, también tendrás que ver tu guerra. Pues no existe sólo la paz o sólo la guerra. Existen las dos a la vez.

Aunque de uno depende cuál de las dos va a tener su primacía: la guerra o la paz.