Torni Segarra

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2665. ¿La creencia no es tiempo, una proyección? Cuando creemos en algo está implicado el futuro, ¿no es así? Pero el futuro como no es un hecho, sino una eventual posibilidad, es por eso que lo apuntalamos con la creencia; nos aferramos a ella, la defendemos. ¿Pero qué pasa si me muevo con esa creencia de instante a instante, muriendo a todo lo que ella me provoca, viendo todo lo que tiene de falso y de verdadero a la vez?

 

 

 

2666. No podemos saber lo que es lo real, lo verdadero. por eso cada vez que nos referimos a la verdad, hay que decir: ‘Eso no es’. ‘Eso no es’. ‘Eso no es.’

 

 

 

2667. Cuando uno descubre que es como cualquier otro, esté donde esté y haga lo que haga, ya está dentro, y no fuera, del orden. No hace falta examinarlo, compararlo, entrar en ello -pues todo eso ya ha pasado, es el pasado-. El ver, en el ver algo claramente, es acción total, donde el tiempo no cuenta.

 

 

 

2668. El problema desde siempre está en comerse a los otros o que los otros nos coman. Debe de haber libertad para los pacifistas lo sean, que se supone que aceptan que se los coman, los maten, los asesinen, sin ninguna resistencia ni amargura, ni rencor ni horror.

Por supuesto que antes de eso, nuestra manera de vivir ha de ser escrupulosamente honesta, no corrupta en ningún ámbito ni acción.

 

 

 

2669. El fin del conflicto entre la obscuridad y la luz, es .la llegada del orden. Y el orden tiene su sabiduría innata, que es la máxima seguridad posible. No hay nada más seguro que el orden, pues nos hace nuevos, vacíos, sin el ‘yo’ y sus neurosis.

 

 

 

2670. La compasión es la acción que ve en un único instante cuál es la manera más adecuada y correcta que hace que actuemos en orden; es decir, es lo que hace que nos convirtamos en el mismo orden.

 

 

 

2671. Una mujer, vecina, vino y dijo que se había dejado la llave dentro de su casa; traía una bolsa del supermercado, donde llevaba alimentos para preparar la comida para ella y su marido. Estuvimos viendo cual sería la mejor estrategia, pues su marido estaba trabajando en un horno de panadería; ya que eran las once de la mañana y su teléfono no respondía a las repetidas llamadas; pues ya debería de haber llegado de la gran ciudad distante unos treinta kilómetros.

 

La joven mujer y su marido, tenían a sus tres hijos pequeños en casa de los padres de ella, pasando unas semanas estivales; pasando los días descansando y trabajando en reponer la pintura del apartamento, pero acusando la ausencia de los niños. Por lo que, la mujer estaba angustiada ante el reto que le llegó. No sabía que hacer; pero decidió irse a la estación del ferrocarril a esperar la llegada de su marido; por lo que dejó los alimentos en el frigorífico; y estuvo esperando más de una hora a los trenes que llegaban; yéndose al final a casa de su cuñada. Uno la llamó; y al fin, su marido ya había llegado a casa; dijo que estaba preparando algo para comer.

 

Al día siguiente, la mujer dijo que su marido había tenido que hacer un trabajo extra y que tenía problemas con su teléfono para comunicarse con él.

 

Unos días después, el marido trajo a casa a tres personas por sorpresa, dos hombres y una mujer, sin estar ella en casa, por lo que encontró algo extraño: el marido no parecía el mismo de siempre, la trataba con indiferencia, aunque sin brutalidad ni violencia. Después de comerse la comida que había preparado para los dos, salieron todos y le dijeron que si quería acompañarles e ir a un bar a tomar algo. Ella, enfadada y extrañada por el comportamiento de su marido, se negó a ir con ellos.

 

Al día siguiente vino toda descontrolada, triste, desorientada, con mucha rabia, pero sin manifestarla; y estuvimos investigando el comportamiento tanto de ella como de su marido. Sucedió que hace unos días, su marido tuvo que ser ingresado de urgencias por un dolor en el pecho; después de pasar toda la noche en el hospital, los doctores le dijeron que solamente era un desgarro muscular que afectaba a los huesos, que ya podía ir a trabajar. Recetándole capsulas para el dolor, y otras para despreocuparlo y relajarlo de las consecuencias que su nueva situación le deparaba. Y todo eso, al mezclarlo con el alcohol, y tal vez otra droga, como el hachís, etc., le provocaban estados donde nada le afectaba. Ella decía que su marido no parecía su marido, que parecía al margen de todo lo que acontecía; y que sólo quería salirse con la suya, lo que quería y necesitaba; y para ello, su esposa era un obstáculo, un impedimento.

 

Concluimos que su marido no se daba cuenta de los efectos de los medicamentos al mezclarlos con el alcohol, etc., por lo que tendría que ser comprensiva, y comprender su situación, aunque estuviera sedienta de venganza por las humillaciones repetidas; aunque esa situación sacará toda la peor parte de él; pues, él también es esa parte, la lleva en la sangre. 

 

Cuando el ego, el ‘yo’, desaparece hay libertad. Pero en esa libertad es cuándo estamos desnudos frente a los otros y frente a la vida. La vida puede ser algo maravilloso, pero también puede convertirse en una pesadilla, un terrible drama. Por lo que, hemos de estar siempre alertas a todo lo que sucede. Eso quiere decir, no ser vulgar ni banal, no seguir la corriente del mundo y sus entretenimientos, su constante actividad para conseguir algo, ser el mejor, triunfar, tener propiedades innecesarias, caprichos, siempre en busca de la persecución del placer.