Torni Segarra

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192. El problema no son las imágenes, porque ellas no han de parar de llegar. El problema es lo que hacemos con ellas. Si entramos en conflicto con ellas, nos peleamos, las queremos reprimir, cambiar. Porque entonces, eso mismo es lo que vamos a hacer con las personas que no nos gustan, no nos caen simpáticas, las que no piensan como nosotros.

Así que, lo mismo que hacemos con las personas lo haremos con las imágenes mentales, el parloteo de la mente. De manera que cuando vemos todo esto como un hecho que es, su verdad de ello, su inteligencia y lo feliz que es, es cuando la mente se aquieta, las células cerebrales hacen una mutación y se callan, permanecen silenciosas.

 

193. ¿Por qué no lo haces? Si es mejor para leer y la comprensión del texto con más facilidad.

Cuando algo que hacemos parece que es como un juego, todo parece aceptable. Pero cuando pasa de un juego a algo que es divulgativo, instructivo, comprometido, entonces hay algunas reglas y normas técnicas que se han de respetar por el bien de todos.

 

194. La vida, si sabemos ver su orden para funcionar como ella quiere, siempre tiene su belleza. La muerte tiene su belleza, porque es parte de la realidad de la vida. Y para que la vida sea, ha de haber muerte, para que haya creación ha de haber destrucción. Es decir, la belleza está en el orden de la vida, nos guste o no. Cuanta más aceptación de ese orden de la vida, más orden también hay en nosotros.

 

195. Es el vacío de la mente y su comprensión, lo que impide que el último instante vivido entre en el presente y genere el pasado. Por eso, la palabra que es el pasado, no puede describir lo que está más allá del tiempo.

 

196. Igual que el desorden es contagioso, también lo es el orden. De manera que si una persona que tiene orden entra en una sala donde hay personas, éstas se ven afectadas y no tienen más remedio, están obligadas, a participar de ese orden -ya sean conscientes o no-.

 

197. Cuando más débiles y vulnerables estamos, es cuando más necesitamos creer. Porque nos vemos impotentes ante la imposibilidad de vencer a la realidad de que estamos agotados, faltos de energía; y si no es por medio de un descanso reparador, no vuelve la agilidad, la vitalidad necesaria para responder a los retos que nos llegan a cada instante de cada día.

Cuando tenemos orden y armonía con la vida, no necesitamos creencias, dioses, santos, gurús ni maestros.

 

198. Todo el problema es acción y su reacción. El principio, la primera acción, no sabemos lo que es. Pero, sí que sabemos dónde está el final de la cadena de acción y reacción: en la comprensión de ese paradigma, que nos tiene en guerra desde hace un millón de años.

 

199. Si te sirve todo eso, sí que te sale barato. Aunque la prueba definitiva es que, si te aferras a eso, todo lo que hagas y digas no tiene sentido ni valor.

 

200. La opinión puede ser subjetiva, personal, una invención que no tenga nada que ver con la realidad, o que sí que es la realidad. La realidad, lo que es, es atenerse a esa realidad que está ahí, sucediendo. Es como si llega un perro donde estamos: eso es la realidad incuestionable. Eso es muy fácil de ver si es que no estamos medio dementes. Pero la complicación, los problemas llegan cuando nos referimos a la realidad, a la hora de referirnos a unas ideas, teorías, al referirnos a algunas situaciones entre personas que generan conflicto.

El conflicto puede ser interno entre la parte que quiere algo y la parte que no lo quiere. Y se soluciona comprendiendo por qué es que sucede esa división y conflicto. Pero cuando el conflicto es entre dos o más personas, el convencerse unos a otros de que su realidad es la verdadera, puede generar brutalidad, violencia, crueldad, guerra. Porque todos dicen que su realidad es la verdadera, al tener miedo de perder algo que, si se acepta la realidad, lo tiene que ceder.

Hay un relato que lo dibuja claramente: dos mujeres decían que eran la madre de un niño pequeño. Y se entabló una disputa, un pleito, hasta llegar ante el juez. A la pregunta de quién era la madre del niño, las dos le dijeron al juez lo mismo: cada una dijo que era ella. Y entonces, el juez cogió una espada y dijo. ‘Vamos a córtalo por la mitad y así cada una que se lleve una parte’. Pero, enseguida una de ellas, empezó a gritar, a suplicar al juez que no hiciera eso, que ella renunciaba; que diera el niño a la otra mujer.  Y el juez ante esa realidad, ante esos hechos que había vivido con ellas, dijo: ‘El niño es el hijo de esta mujer que ha llorado, ha sentido una conmoción por la situación que se ha generado, ocurrido’.

 

201. Todo pleito, desavenencia, conflicto, agravio, ¿no crees que siempre es entre dos? Puede que uno de los dos diga, que él no tiene ningún problema con el que le reclama algo que dice que es suyo; y dice que no quiere saber nada de todo eso. Ese recurso, tiene poco de sensibilidad, ni de inteligencia. Porque la inteligencia es libertad, y ¿cómo puedo ser libre si siempre que me veo contigo, te tengo miedo, me entran ganas de agredirte, porque cuando hablamos empezamos suaves, pero al poco tiempo al ver que no nos entendemos, empezamos a gritar, a insultarnos?

¿Así se puede vivir, sin ver la belleza que hay en todas partes? El problema es más grave cuando uno se aprovecha económicamente de otro, que por su destino al tener más poder quiere que se le obedezcan sus mandatos y decisiones.

¿Tan difícil es esto de ver, de comprender que con agravios no podemos vivir con gozo y alegría, sino que lo hacemos emponzoñados, feos, brutales, autoritarios crueles? Por lo que todo el problema, el conflicto, es falta de respeto al otro, que por lo que fuere, porque el destino lo ha querido, tiene razón y me va a hacer perder algo que creo mío, cuando no lo es.

 

202. Todos los nacionalismos, grandes y pequeños, tienen el mismo objetivo: ser soberanos en su territorio o país. El problema está cuando hay naciones sojuzgadas dentro de otras, menos poderosas, que son tratadas y explotadas injustamente. El problema se agrava más aún cuando un nacionalismo es monárquico y otro es republicano. Y ambos tienen mucho que perder.

¿Tiene esto solución alguna, pacífica, sin vencedores ni vencidos, sin que nadie salga agraviado? Sólo con un cambio fundamental internamente, en el que la compasión sea lo más importante, todos los problemas dejarán de serlo.