Torni Segarra

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1086.  Los pensamientos positivos, como los negativos, no existen; ni generan orden o desorden.  La pureza, y su orden, llega cuando vemos toda la trama del pensamiento, del ego, del ‘yo’, que genera toda la miseria humana de la guerra y sus consecuencias de los millones de refugiados, viviendo en campamentos sin los servicios básicos para vivir.

Cuando vemos todo esto tan desafortunado, pero no hacemos nada, como coger un arma y hacer otra guerra para detenerlo, cuando vemos que la vida es así y que nosotros sólo podemos incidir de alguna manera en la manera cómo vivimos, lo que hacemos con nuestras relaciones, las propiedades, nuestro dinero, es cuando podemos hablar del orden, que está más allá de lo positivo y lo negativo.

 

 

1087. Un olvido fatal, porque de ahí vienen los agravios, las injusticias, las peleas, las castas. Lo que quiere decir que las palabras por mucho que estén obligadas a transmitir algo sublime y más allá de ellas, no sirven ni tienen valor pues no pueden. La realidad es más fuerte y poderosa que las palabras.

 

 

1088. El amor cambia el mundo, porque hace lo que nadie hace: negarlo afirmándolo, ya que no huye de él; y afirmarlo negándolo porque es libre de todo, en relación a todo. Por eso el amor es la fábrica de magia más poderosa, extraordinaria que existe.

Por eso, el amor hace toda clase de prodigios como si no los hiciera.

 

 

1989. La mente tiene la capacidad de inventar todo lo que ella cree que necesita. Como la mente necesita paz, confort, inventa el ego, como sustituto del amor, para proseguir; ya que sin el ego desaparecería; siendo lo que realmente es: la nada.

 

 

1990. El amor, esa mezcla de todo con todo, es tan poderoso que nos cambia lo que somos convencionalmente para que hagamos lo que no podríamos hacer sin su influjo y poder. Podemos volvernos necios, aunque seamos personas respetables; podemos entrar en un caos, cuando somos escrupulosos y mañosos. Y sin embargo salir indemnes, sin afectarnos ni jactarnos ni envanecernos.

 

 

1991. Si no tuviéramos ego, ¿por qué nos habrían de herir, hacer algún daño al despreciarnos, subestimarnos, infravalorarnos? Es el ego, el que se atribuye como el hacedor de todo; y por eso, cree que todo está bajo de su responsabilidad, incluso los insultos, los desprecios, los malos tratos.

El ego busca la perfección, la suya, que ha diseñado. Pero como no puede lograrlo, es un generador de neurosis, manías, miedos, agresiones, y de todo el desorden en que vivimos.

 

 

1992, El alma, el ser, el espíritu, la mente, ¿no son todo inventos, consuelos, palabras para ayudarnos a comunicarnos? ¿Cómo podemos reproducir la nada, lo que no es, lo que estás más allá de conceptos, palabras, de imágenes, de ideas y teorías?

Lo que queda siempre es la nada, el vacío de la mente; y es a eso, a lo que nos hemos de atener. Porque de lo contrario al huir e inventar otra realidad, generamos todo el desorden que hay en todas partes.

 

 

1993. Cuando nos agarramos a una imagen, por bien vista y noble que sea, ¿no quedamos presos de ella; y por tanto divididos de la inmensidad de la realidad que lo abarca todo? Nosotros tenemos miedo, y hasta que no nos liberemos, vemos ese miedo en todas partes: en el ir el venir, en el ayudar o no ayudar, en querer a nuestros hijos, parientes, etc., o no quererlos. El miedo es el resultado de la ignorancia, de la incomprensión de la realidad, de la naturaleza, de cómo funcionan nuestros pensamientos.

 

 

1994. La educación es algo preciso para vivir, pues hagamos lo que hagamos hemos de estar informados, instruidos para comprender esto que llamamos vida. De manera que, para que funcionemos adecuadamente en el ámbito científico, técnico, material, hemos de tener orden interno. Y es este orden interno, el que va a mediatizar todo lo que hagamos.

Así que, el principal motivo de la educación ha de ser que seamos capaces de ver dónde está lo negativo para descartarlo. Lo negativo es lo que se opone al orden, lo destruye. Porque lo negativo es lo divisivo, lo que nos fragmenta, lo que nos enfrenta y nos genera el conflicto entre el ‘yo’ y el ‘tú’. Ese conflicto es el que destruye el orden necesario para que haya armonía, para que opere la lógica.

¿Cómo nace la división, la fragmentación? Es el miedo, que es ignorancia, el que hace que me retraiga, me hace mezquino, de mente estrecha, autoritario dispuesto a lo que sea con tal de imponer eso que creo que es el orden, mi orden para sacar beneficios, para sentirme seguro. Pero como eso que quiero no concuerda con la realidad, permanezco dentro del ámbito de la división, colisionando con ella, provocando caos y el desorden que quiero deshacerme de él.

Pero la realidad es lo que es: la inseguridad total, absoluta, donde todo plan, estrategia, idea o teoría no sirven para nada -todo es divisivo, lleva en sí la división-. Pues la división es la misma inseguridad-.

De manera que hasta que no vea cómo un hecho que es, como cuando me doy cuenta que algo que está ardiendo me quema cuando lo toco, que la división, la ignorancia, el mido, y el deseo de huir de todo ello, me dejan en el mismo sitio de siempre: el desorden; seguiré atrapado en la vieja educación que hace hincapié en lo tecnológico, científico, material. Pero si me doy cuenta ahora, en el presente, no mañana u otro día, de que todo nuestro condicionamiento, se basa en la división, entonces eso nos libera de ella.