Torni Segarra

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4715. El racismo, puede que sea una pulsión humana, como el miedo, como la violencia; pero eso es, para todos. Es decir, si somos racistas, también lo serán con nosotros. Y ya entramos en la estupidez de: ‘Yo sí que puedo ser racista; pero, tú no puedes, no te dejaré’. Por lo que, ya estamos actuando como desde hace medio millón de años: enfrentados, agrediéndonos, destrozándonos. 

Todo ello, porque nos creemos que somos diferentes, y por eso nos dividimos, nos fragmentamos de los demás que creemos que no son como nosotros. Todavía estamos en el mismo estadio de la tribu, el clan familiar, la casta. Eso sí, nos creemos que somos modernos, avanzados, porque tomamos vino, alcohol, drogas, manejamos toda clase de máquinas. Pero en realidad somos viejos, carcas, sin haber salido de la Edad de Piedra.

 

 

4716. La libertad, es cuestión de uno. Uno puede vivir en un infierno, o donde sea, y ser libre. De hecho la vida es un infierno. Y es donde todos vivimos. No hay manera de salir de él.

 

 

4717. Hay una parte de superficialidad cuando decimos que la iluminación es posible. ¿Quién es la persona, la autoridad, que va a decir que alguien está iluminado o no? Y así mismo, ¿quién o quiénes le han dado a esa persona la autoridad para que juzgue y pueda decir quiénes están iluminados o no?

La iluminación, que es libertad, es cosa de cada uno. ¿Qué nos importa el querer saber si estamos iluminados o no? ¿Podemos saber si somos libres o no?

Para ser libre, iluminado, hay que dejar de vivir en conflicto, que es la consecuencia de estar divididos internamente, y externamente con los demás, con la naturaleza, etc. Pues es de la única manera para que pueda llegar el amor.

Con división, fragmentación, con conflicto, no puede haber amor, sólo desgracias y sus maldades.

 

 

4718. Samuel, todo lo que digan los demás, ¿eso qué sentido tiene verdaderamente, real? No tiene ninguno. Lo verdadero, lo real, es lo que tú vives, ves, comprendes hasta la raíz lo que es la vida.

La vida se compone de la parte física, la naturaleza; pero también tiene su parte, y se compone, de psicología -la mente, el pensamiento-. De manera que, si no comprendemos cómo somos, cómo actuamos, cuáles son las leyes psicológicas por las que queremos o no queremos funcionar, nada tendrá sentido ni significado. Porque actuaremos como robots programados, condicionados por la tradición, por los libros, por la autoridad, por todo lo que nos han dicho sobre lo que es la vida y cómo hay que vivirla. Por tanto, hasta que no nos vaciemos, no nos desacondicionemos, no seremos libres.

Y sin libertad, no puede haber amor.

 

 

4719. La filantropía de los multimillonarios, de los ricos, es una lavadora de las conciencias, es propaganda para que nos vean lo buenos que somos. Por eso, la filantropía tiene esa parte absurda.

Es como si invirtiéramos en el mejor material y recursos para apagar los incendios forestales, sin darnos cuenta que somos nosotros mismos, con nuestra manera desordenada y confusa de vivir, los que los provocamos. O, como cuando decimos que queremos vivir en paz y seguridad, y generamos todo lo contrario por nuestra manera divisiva, egoísta de comportarnos. Por muchos hombres armados que haya para defendernos, no lo podrán hacer; pues, hacemos las cosas, vivimos, de manera que generamos lo contrario de la paz, la seguridad. Que es vivir con indiferencia, insensibilidad, ante los problemas para vivir de los menos afortunados.

 

 

4720. Dicen que quieren la paz, pero los hechos van en otra dirección. Si uno quiere la paz, lo primero que tiene que hacer es olvidarse del pasado, del ayer, de hoy, de lo que está sucediendo a cada instante. Para que nada contamine esa paz, precisa, necesaria.

Pero las palabras son engañosas, un disfraz, que nos ocultan la realidad de lo que somos. Sólo tiene valor lo que hacemos, cómo vivimos, cuál es la relación con las personas con quienes convivimos.

 

 

4721. La inmoralidad está en que sólo les puede tocar un premio, a los que tienen dinero para apostarlo, jugar; a los pobres, a los que no tienen nada, como no apuestan, no juegan, nada les puede tocar. Por lo que, todo sigue igual, los que más tienen, tienen más oportunidades para que les toque un premio.