Torni Segarra

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768. ¿No es el apego tener miedo a la vida, a la muerte, a la soledad, como a las personas? Y, por supuesto a perder la casa y sus muebles, el equipo de música, el ordenador, al coche, la ropa; porque somos todo eso; hemos ido a comprarlo, a elegirlo, le hemos dedicado tiempo y le damos mucho valor. Así que, sin darnos cuenta estamos apegados a todo eso.

Nosotros no podemos ir contra lo que es, la realidad, porque somos como somos. Ahora bien, puedo darme cuenta que estoy apegado a todo lo que es la vida, puedo ver el gran problema que eso es, sin ponerme neurótico, sin huir de ello, irme al campo, a un rincón allí escondido. Pues si me doy cuenta, entonces todo se convierte en un juego de apego y desapego. Es decir, me doy cuenta que cuando compro algo, una nueva camisa todo el proceso del apego se pone en acción, entonces me muevo todo el tiempo con él, sin querer reprimirlo, sin tocarlo, simplemente ver qué sucede.

 

 

769. La pobreza es lo que es, la realidad, un hecho. Y, ante un hecho uno tiene que actuar. ¿Qué haremos, esperaremos a que los políticos resuelvan el problema de la pobreza, esperaremos a tiempos mejores para actuar, hacer algo?

Si somos afortunados, sensibles, no tendremos más remedio que responder a ese hecho de la pobreza: hacer lo que querríamos que hicieran las autoridades, los ricos y poderosos. Por eso, todo el problema siempre está en uno, y qué es lo que hace con ese problema.

 

 

770. La imagen es toda esa tontería del color de la piel, de mujer, de hombre, de rubio, negro o moreno, de pobre o rico, de joven o viejo; de centro, de derechas, de izquierdas; del traje que llevamos, del corte de pelo, de la manera de caminar, de hablar, de mirar, etc. Y todo eso, si no vamos más allá de ello, es lo que obstruye la relación entre nosotros. El milagro está en que cuando tenemos la capacidad de unión con el otro, todas esas tonterías de pobre o rico, amarillo o cobrizo, desaparecen. Donde la relación es entre dos personas que no se dividen ni se fragmentan ni nada las puede separar.

 

 

771. ¿Qué es el espíritu? ¿Qué es el alma, qué es el corazón, la mente? Son inventos para describir estados emocionales, que no se pueden explicar por palabras.

 

 

772. Él, eso que llamamos dios, es una ilusión, una alucinación, una invención. El dolor nos azuza, nos pincha, nos llena de dolor, nos lleva al borde de la locura, la miseria, de manera que uno no puede soportarlo más. Y entonces, esa capacidad de la mente de crear, de inventar, de imaginar, generó a algo más poderoso que nosotros, que sería capaz de dominar y mandar sobre el sol, las tormentas, las nevadas frías, las sequías abrasadoras; y ese algo que creó también era capaz de ir más allá de la muerte de la nada insoportable; capaz de hacer toda clase de prodigios, de milagros, favorecedores a nosotros, como curar enfermedades, durar muchos años, proporcionar riquezas, hijos, cosechas, abundancia, todo lo necesario para sobrevivir.

Pero, ese invento -dios- tenía un problema:  ni se le podía ver ni hablar ni ir donde él estaba. Por lo que, todo lo relacionado con él pasó a ser esotérico, oculto, supersticioso, cosa de fanáticos por demostrar lo indemostrable, y sus desviaciones en paganismo e idolatría.

Somos lo mismo que hace medio millón de años: desvalidos, vulnerables, supersticiosos, que nos impela a hacer algo por eludir o paliar las miserias, enfermedades, el hambre, la sed, la muerte implacable, sin remisión. Unos creen en ese dios, creador, capaz de todo; otros no creen, porque cómo un dios todopoderoso no es capaz de crear y generar una vida -nosotros los animales desarrollados o no- que esté exenta de sufrimiento, de dolor, de amargura, de muerte.

 

 

773. No asumir el destino, es inteligencia, porque siempre puede ser mejor. Pero, hacer un problema de lo que nos llega, rechazándolo, etc., denota superficialidad, una pérdida de energía; pues la realidad, lo que es, lo que nos llega no se puede elegir opcionalmente, como un capricho.

 

 

774. Cuántas ganas de hacer algo, y que se note; cuánta tontería. Aunque, sus razones tendrán; costumbre que desde hace años se hace, mediante convocatoria, en cualquier lugar del mundo: Viajar sin pantalones en el Metro de una gran ciudad.

 

 

775. La sinceridad no hace falta para vivir, es un detalle de buen gusto, como el pedir perdón. Pues nos hagan lo que nos hagan, ya está previsto lo que sucederá. Lo que hagamos es fruto de nuestro condicionamiento, que es nuestra cultura, nuestra manera de vivir, que incluye las respuestas a los retos que nos llegan.

 

 

776. Decir que la vida es bella es una opción; que otros optan que no. Los dos tienen sus motivos, que les da energía para decir lo que dicen. El que dice que la vida no es bella, ¿por qué sigue con ella? Lo hace porque, a pesar de todo, todavía la encuentra más bella, que fea.

 

777. Aprender, el acto de aprender, es como un relámpago, en el que vemos en un solo instante todo lo que tenemos que ver para poder afrontar un reto cualquiera. Aunque en el ámbito material, técnico, científico, el aprender sí que es paso a paso, necesita del tiempo para llegar a descubrir o inventar algo que ya sabemos lo que es.

 

778. ‘Hoy son días de guerra, mañana serán de gloria’. Pero, pasado mañana volverá la guerra, con su muerte y dolor; y otra vez la gloria.

¿Si quitáramos la gloria, desaparecería la guerra? Porque, la guerra es cosa de dos; son dos los que tienen que arreglarse en su pleito, intentar dirimir quién va a perder o ganar. O, que ninguno de los dos pierda ni gane.