Torni Segarra

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286. Si alguien me ama, me observará la manera cómo vivo, como amo. Y los demás, me amarán.

 

 287. Los sueños, son para soñar, pensar con ellos, para así creer que no estamos tan solos. Los sueños, como un invento de diseño de cada cual, pueden ser adaptables a cada persona -a su inventor, creador-. 

Pero los sueños duran lo que uno tarda en darse cuenta de que son como los cuentos de los reyes magos, santa Claus -Papá Noel-, de que los niños al nacer los traen las cigüeñas, y todas las fantasías supersticiosas religiosas. ¿Tienen sentido estas leyendas, sueños, alucinaciones?

Como metáfora instructiva tiene su sentido -como toda la mitología-, pero ha de advertirse que todo es una mentira. De lo contrario, seguiremos educando a los niños, tiernos e inocentes, en la falsedad y la mentira, como si fuera la cosa más natural y adecuada del mundo. Pero que a la larga genera una cultura de corrupción e inmoralidad que abarca todas las facetas de la vida.

 

 288. El pasado sólo en el ámbito material, científico, técnico tiene su utilidad. Pero en el ámbito espiritual, psicológico, es un impedimento. Ya que, en el presente, en el ahora, el pasado no tiene cabida, queda disuelto, aniquilado.

 

 289. La aceptación sólo puede llegar cuando no tenemos ninguna imagen de nosotros, ni de los demás. Cuando tenemos una idea de cómo tengo que ser, cómo tienen que ser los demás, es cuando la aceptación no es posible. Porque la imagen que creamos de nosotros y la de los demás, es una ilusión, es algo imposible.

Es como les pasa a los perros de carreras en los canódromos, donde corren tras un trapo que hace de liebre a la que nunca pueden coger. Nuestra ilusión hacia lo que queremos ser, y queremos que sean los demás, lo que genere será más de esa ilusión. Por eso, es preciso descubrir, comprender la manera cómo funcionan nuestros pensamientos, con el miedo, y el deseo de huir de lo que somos.

 

290. ‘Tú haces de los días lo que realmente quieres que sean. En esta vida no tendrás carga mayor que no puedas soportar’.

¿Por qué queremos encarar los retos de una manera desafiadora, en la que se genere la actividad del ego, del ‘yo’? Cuando decimos que algo es de una determinada manera, sin admitir posibilidad alguna para poder alterarse, cambiarse, es cuando nos bloqueamos y nos quedamos encerrados en el círculo del absurdo, del ’yo’. La certidumbre en el ámbito psicológico, hace que nuestra vida funcione inadecuadamente.

Lo inadecuado es la ignorancia del ego, del ‘yo’, que es el egoísmo de lo ‘mío’ y lo ‘tuyo’, de ‘mi’ país y ‘tú’ país, de ‘mi’ religión y ‘tú’ religión, de ‘mi’ idea y ‘tú’ idea. Y esa división tan normalizada, asumida, inconsciente, es la que nos lleva a la lucha, a la contienda, a la violencia, a la guerra y sus matanzas en masa.

 

291. Sin comprender qué es la envidia, los celos, qué son, cómo se originan, ¿cómo podremos ir más allá de todo eso y sus consecuencias?

Nosotros tenemos miedo de quedar atrás, relegados, de quedarnos solos, de ser un don nadie, un vulgar ser humano, una persona sin importancia alguna. Ya que eso significa que estamos yendo contra nuestra programación, nuestro condicionamiento, que dice que hemos de ser los mejores, triunfar, pelear por ello, pelear por una pareja, por un empleo, pelear para tener abundante dinero, ser el mejor, o ser el macho o la hembra alfa. Ya que creemos que así todos nuestros males desaparecerán. Por tanto, entramos en esa carrera de los celos, la envidia de la comparación, del cotejarnos con el vecino, con el compañero de trabajo, para saber cómo viven, dónde están, y así planificar nuestras estrategias a fin de vencerles o igualarlos. 

Pero el problema está en que esa dinámica, ese paradigma que llevamos en los genes, en las células cerebrales, se nos va de las manos y empezamos una lucha que pasa del ámbito personal, creándose los nacionalismos, las religiones, los bloques políticos, las ideas y teorías para una nueva sociedad. Aunque el resultado de toda esta actividad, ya vemos dónde nos lleva: a la absoluta manera egoísta, a la insensibilidad, a la indiferencia e indolencia, hacia los menos afortunados. Poniendo en peligro, con su desorden y caos, esta sociedad donde vivimos.

Así que, cuando veo que ese deseo de comparación con los demás, ese deseo de ajustarme a un patrón y manera de vivir pone en peligro mi vida, ya que me aísla de los otros, de los demás, a los que veo como enemigos, competidores, es cuando tengo suficiente energía para ir más allá de los celos y la envidia.

 

292. Lo que dicen los libros, lo que dicen los otros, los maestros, líderes y autoridades, los gurús, se convierte en un entretenimiento, en una distracción, en una huida para no encararse con la realidad, lo que es, lo que está ocurriendo. De manera que, si no hincan el diente en sus problemas, es cuando se convierten en papagayos quejosos, repetitivos, dando vueltas sin parar en el círculo absurdo de decir: Haz lo que yo te digo, pero no hagas lo que yo hago; o sea, decir una cosa y hacer otra para así tener unos beneficios egoístas.

 

293. El amor de dios -como lo conocemos- es una ilusión, pues no nos sirve. Ya que él -dios- nos envía los terremotos, los huracanes, las grandes nevadas y sus tormentas, nos envía la abrasadora y mortífera sequía. Por eso, hablar de dios como si fuera nuestro vecino es tan superficial, como infantil.

 

294. Es preciso comprender de una vez para siempre, que nosotros estamos programados para responder a todo lo que nos llega. Es una ilusión creer que a uno no le afectan las impresiones violentas, desagradables, o las situaciones que nos gustan y en las que estamos a gusto.

Por eso, cuando sentimos algo, que rechazamos o queremos, es una pérdida de energía luchar contra ello. Es como si sintiéramos calor, agobio, o frío paralizante, y no quisiéramos responder, ¿tiene eso algún sentido verdadero?

De manera que, si estamos abiertos, sin prejuicios, cuando nos llega una situación o alguien, si lo rechazamos o huimos, ahí está la confusión y el desorden. Pero si llega un reto cualquiera y lo observo, sin huir ni querer rechazarlo ni cambiarlo, me acerco a él muy cerca, entonces él me cuenta su historia, me cuenta su secreto.

 

295. La represión o el alentar, es ausencia de inteligencia, falta de amor por eso que reprimimos, alentamos. Y por eso, esa represión va a generar más desorden. Psicológicamente, espiritualmente, nada se puede reprimir, alentar. ¿Podemos reprimir o alentar el crecimiento de una flor?

 

296. Cuando nos damos cuenta que nadie puede ser santo, perfecto, en el sentido de abstenerse de hacer algún daño a los seres vivientes, a todo lo que existe en la vida, es cuando dejamos de ser desdichados. Ya que hemos descubierto la manera cómo funciona la vida, todo lo que existe, las personas, los animales, las plantas, las células, las moléculas, los protones, los neutrones, la antimateria. Todo funciona por la misma ley: destrucción -hacer daño-, amor y construcción. ¿Es posible vivir sin hacer algún daño así mismo, a los demás, a lo que existe?