Torni Segarra

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1970. No se trata de años o no. Se trata de la mente, de la mentalidad. Hay quien, desde niño, ya es un carca, facha, y lo es hasta el momento de morir. Y, no hay ningún problema si él no se puede liberar de esa actitud de viejo carca facha. Pues todos hemos de convivir con todos; el problema es hacer otro problema de lo que cada uno somos; ya que así es como empieza el desorden, la confusión, la violencia y la guerra.

Es importante, que lo que somos, lo que hacemos, los hechos, no los convirtamos en violencia, en matar a los otros. Y eso, sólo llega, si uno es afortunado y comprende el hecho de vivir, si quiere vivir en paz o no.

 

 

1971. Señor, con todo el respeto, ponga usted golpe palaciego si le parece más fino, elegante, menos agresivo, violento. Pero al final, siempre un golpe para derrocar a alguien que representa a una institución, es decir mentiras y falsedades, atentar y quebrantar la legalidad, que toda institución necesita para poder ser. Y por eso, todos los que dan un golpe de estado -o palaciego- son tiranos, dictadores, crueles e inhumanos; porque, eso es como abrir la puerta al desorden, al caos, a la anarquía, a la violencia, la guerra. 

Ahora bien, si usted quiere hacer un golpe de estado, la guerra, está en su derecho.

 

 

 

1972. ¿Ya veremos los que van a prisión? Estaré atento para ver lo que dices, de los corruptos ladrones que hay en los dos grandes partidos nacionalistas centralistas españoles. si los condenan, y cuando entran en la prisión. 

De momento ya han hecho un pacto de silencio, para callar y silenciar sus maldades, para que el pueblo llano, los menos afortunados, se olviden de los robos que han hecho. De momento ya se han casado, con padrinos y todo aunque sean ignorantes, pardillos de quiero y no puedo. Dicen que van a construir; pero va a ser más de lo mismo, y eso quiere decir que va a ser a peor. Porque si no reciben lo que necesitan las personas: trabajo, buenos sueldos y pensiones, dignidad laboral, libertad de expresión, libertad e independencia, todo eso se va a ir al garete.

 

 

1973. Sin la mezcla de las personas, éstas se debilitan. Las monarquías cuando son endogámicas, se casan entre ellas, sus descendientes muchos contraen hemofilia; que es la dispersión de un alelo de una enfermedad genética antiguamente mortal.

Y por eso, las familias reales actualmente se están encargando de arreglar con matrimonios con clase plebeya, para eludir la consanguinidad: que es la dispersión de un alelo de una enfermedad genética antiguamente mortal, que es la hemofilia. 

Vi unos canarios, que en Holanda los habían cruzado tanto entre los de una misma familia, para hacerlos puros, que casi no se podían sostener en el posadero de palo, no tenían estabilidad. Eran vistosos, originales, pero débiles y casi inútiles.

 

 

 

1974. Eso demuestra que el gobierno, como les cae bien su tendencia política, les consiente que ocupen, sin pagar nada, todo un gran edificio; y no los echen a la calle después de tanto tiempo estando allí.

Por eso se dice: por lo que hacemos es por lo que nos conocen; y en este caso, se conocen los dos: el propietario del edificio y los que los ocupan.

 

 

 

1975. Hasta lo que se haga después de la muerte El Vaticano, el Papa, lo quiere controlar. Es decir, cada cosa que sucede a las personas, que tiene algo de importancia, trascendencia, los curas han de intervenir, para que así se dependa de ellos.

Pero en toda dependencia, hay esclavitud, explotación, miedo, miserias.

 

 

 

1976. El problema no son las dependencias; pues dependemos de la comida, de la ropa, de la casa, del trabajo para poder tener lo necesario para sobrevivir; de la relación y cooperación con las personas, y también de los medicamentos; el problema es, ¿qué hacemos con esas dependencias, nos esclavizamos a ellas, es decir vivimos con miedo por si perdemos, desaparece, eso de lo que dependemos? 

En la vida no hay seguridad; sólo hay la absoluta y total inseguridad. De manera que, hay que comprende esta inseguridad, que es la vida, e ir más allá de ella, para liberarnos del miedo.