Torni Segarra

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Conversación por chat.

 

 

Interlocutor: ¿Cómo librarte de la depresión, del sentirse triste, del sentirse importante?

 

T. Segarra: ¿Por qué quieres liberarte de la depresión, tan mal te pone? ¿O, es que necesitas atención, hablar con alguien que no sea de banalidades?

 

 

Interlocutor: No lo sé realmente, solo sé que se siente algo mal, aunque no sea tan malo como lo parezca. Supongo que es por el sufrimiento que trae. ¿Porque no nos gusta sufrir? ¿Porque decidimos sufrir?

 

T. Segarra: ¿O, es que necesitas atención, hablar con alguien que no sea de banalidades?

 

 

Interlocutor: Realmente no lo sé, me siento bloqueado hacia mí mismo; pero a veces siento que es mejor alejarme de todos y sus conversaciones banales y sin sentido; sin embargo, a veces me siento muy solo.

 

T. Segarra: Pero, ya sabes que eso sucede recurrentemente. Es como si tenemos ganas de comer, pero no queremos que se acabe ese apetito. La mente hace lo mismo. encuentra algo, una persona, etc., y se encuentra absorta en eso como un niño con un juguete. Pero, cuando nos damos cuenta que eso también tiene que bajar igual como ha subido, es cuando llega esa flojera que precede o es ya la depresión.

Pero, lo curioso es que podemos tener a nuestro lado a la depresión, como si fuera un vecino, una pareja, y funcionamos.

 

 

Interlocutor: ¿Por eso estoy como deprimido? ¿Porque me aferro a algo o alguien? ¿Debo vivir con eso a mi lado o tratar de alejarlo?

T. Segarra: Es preciso estar con alguien con amistad y que se desarrolle un cierto apego; pero el problema es, cuando pierdes tu autonomía e independencia y no quieres que eso sea así.

 

 

Interlocutor: ¿Es preciso eso? O sea, ¿qué debo conseguir una amistad y apegarme ligeramente a esa persona? ¿cómo hacer que eso no se vuelva problema?

 

T. Segarra: Ah, amigo, todo en la vida tiene el mismo patrón: si te pasas encerrándote, mal lo pasarás; si das más de lo que puedes dar, también lo pasarás mal. Tal como todo en la vida: mucho dormir, mal; poco dormir, mal también.

 

 

Interlocutor: ¿Y eso que quiere decir? ¿Qué debo "mantener un equilibrio"?

 

T. Segarra: Mantener el equilibrio no, porque seguramente no es posible; es una ilusión conseguir el equilibrio. ¿Qué hacer entonces, si o me paso, o no llego a lo necesario? Hemos de ver todo ese inmenso panorama, y él nos dirá lo que hemos de hacer. Es como hacer un viaje sin destino fijo, llevando un buen mapa; si no vemos hacia dónde vamos, si no vemos nuestras posibilidades para poder seguir, acabaremos a la deriva, perdidos.

Todo esto que estamos diciendo, ante el reto del hecho -de los hechos, que se suceden sin cesar- no sirve de nada. Si pinchas una rueda y has de cambiarla, lo que te diga ahora, por mucha información que te dé, no va a solucionar el cambiar la rueda que solamente lo tienes que hacer tú, o gestionar para que otro lo haga. ¿Nos damos cuenta que siempre estamos viviendo en el pasado o escudriñando el futuro? Pero todo eso, por mucho que hurguemos, miremos, no va a solucionar los problemas que son de futuro y que traemos al presente -lo que quiere decir, que todo es una invención-.

De manera que sólo queda, ver lo negativo allá dónde esté y descartarlo. Y cuando eso es, o puede ser, entonces la vida -el viaje- es el gozo, la dicha del vivir.

 

 

Interlocutor: Creo que estoy comprendiendo; o tal vez, no. Pero eso me recordó mucho a Jiddu Krishnamurti. ¿Cómo ver lo negativo o estudiarlo? ¿Es preciso abrazarlo, mirarlo todo el tiempo?

 

T. Segarra: ¿Encuentras otra solución? Si uno lo condenan a unos años a estar encerrado en una prisión, por haber hecho algo inadecuado, si no hace de esa prisión su casa, si no vive en armonía con las normas legales de la prisión, ¿qué crees que le va a suceder, si crea jarana, es amargo en el trato, quiere destruir el lugar y a los que lo dirigen?

 

 

Interlocutor: ¿Debo vivir con armonía con mi sufrimiento?

 

T. Segarra: No hay más remedio. Alguien nos ha descrito la vida como si fuera algo que no puede ser: estar libre de todo dolor, contratiempos físicos, como psíquicos, dificultades.

Pero la mayoría, cree que hay algo o alguien -dios- que nos puede liberar de la miseria humana.

Así que, habrás de ser tú quien tenga que descubrir la verdad o la falsedad de ello.

 

 

Interlocutor: ¿Debo vivir con armonía con mi sufrimiento?

 

T. Segarra: No hay más remedio. Alguien nos ha descrito la vida como si fuera algo que no puede ser: estar libre de todo dolor, contratiempos físicos, como psíquicos, dificultades. Pero la mayoría, cree que hay algo o alguien -dios- que nos puede liberar de la miseria humana. Así que, habrás de ser tú quien tenga que descubrir la verdad o la falsedad de ello.

 

 

Interlocutor: ¿Entonces uno no puede nunca liberarse del sufrimiento?

 

T. Segarra: Liberarse, no podemos liberarnos de nada, como si nos quitaran una peca o verruga. Cada uno es como es, alto o bajo, culto o inculto, negro o blanco, con el cuerpo deteriorado o con el cuerpo de un atleta; eso no lo podemos cambiar.  Eso todo es en el ámbito material, físico.

Ahora vamos a lo psicológico. Has intentado liberarte del miedo a morir, pasar por esa experiencia tú solo, aunque estés acompañado de parientes, etc.; el miedo al futuro, al incierto mañana, a la vejez y la soledad, al pensar quién se ocupará de ti; miedo a que estalle la anarquía con su desorden, y haya un conflicto armado, y que la autoridad quiera aplastarlo e imponer su orden. Miedo a perder el trabajo, a quedarse sin nada, a tener que ir a pedir a una ONG caritativa para que te den algo para comer.

Podemos decir que todo eso son pensamientos, cosa del futuro, que no tiene porqué ser tan feos ni dramáticos como los vemos. Sí, eso es cierto, podemos decir todo eso y más. Pero en el momento en que vemos algo fuerte en los demás -muertes por violencia, enfrentamientos-, personas miserables pidiendo; cuando vemos que otros derrochan y son insensibles, indolentes ante el sufrimiento de los demás; todo ese miedo que parecía que había desaparecido, vuelve a estar dentro de nosotros.

De manera que el miedo es como un amigo, un vecino, un pariente o conocido, que no nos podemos deshacer de ellos. ¿Qué haremos entonces con eso que es tan nuestro como la piel, el miedo que siempre nos acompaña? Verdad que si tenemos afecto, cariño, compasión por esas personas, todo irá mejor; habrá alegría al vernos, habrá plática, etc., de manera que la diferencia entre ellas y nosotros desaparece, y nos convertimos en uno, sin división. Pues eso mismo hay que hacer con el miedo: amarlo, disfrutar de él, dejar que venga y se vaya, darle libertad para que sea. Y entonces, todo el misterio del miedo y la vida se nos muestra, lo vemos sin ningún problema.

 

 

Interlocutor: Yo no sé amar, ¿cómo aprendo a amar mi miedo y a vivir con él?  ¿Sólo se trata de no resistirse? O, no sé amar, ¿cómo aprendo a amar mi miedo y a vivir con él? ¿Sólo se trata de no resistirse?

 

T. Segarra: la solución a los problemas, al miedo, está en no huir, en no resistirse a esa energía que nos desagrada y enferma la mente, nos pone neuróticos, capaces de hacer cualquier barbaridad. ¿Sabes por qué los terroristas se inmolan haciéndose explotar la bomba, los explosivos, que llevan adosada al cuerpo? Es por el miedo que tienen a sus vidas, a su manera de vivir y al de la sociedad, que no comprenden; y se enfrentan a todo ello porque se encuentran amargados, rabiosos, confundidos; y eso mismo les pasa a los que los combaten y actúan como ellos, con violencia, aunque se presentan como los representantes de la ley y el orden, que ha de combatirlos para que llegue el orden, que es su orden.

El miedo, es el que inventa su orden particular, que por la fuerza de los hechos se ha de enfrentar al orden de los demás. Por tanto, cuando miramos los hechos, lo que sucede, cómo vivimos, sin miedo alguno, la verdad -que no es de nadie-, la realidad, se impone, se manifiesta.

 

 

Interlocutor; ¿Cómo vivir sin miedo alguno, aprendiendo a ser uno con él? ¿Qué hay con el placer?

 

T. Segarra: No se trata de aprender, se trata de sentir, de ver, de percibir. Cuando tocas algo muy caliente, que quema, ¿verdad que hay una respuesta sin que medie el tiempo, el pensamiento, el intelecto, sólo hay acción? Y esa acción es orden, que el miedo no lo puede tocar, afectar. Así que, no hay aprendizaje, sólo percepción alerta y su respuesta.

Con el placer sucede lo mismo: demasiado placer quema la energía, nos debilita, confunde, vamos a la deriva, al desorden, Si lo ves claramente, si lo comprendes, el placer está ahí, pero no molesta ni se interfiere con el presente, el ahora.

Si eres capaz de ver todo eso -el orden que lleva implícito-, entonces también verás la belleza que lleva consigo, porque la verás en todo, en todas partes.

 

 

Interlocutor: El "truco" está en la percepción alerta, ¿no?

 

T. Segarra: Sí. Esa percepción ha de ser instantánea, donde no puede participar el ego.

Por eso, es tan importante comprender de una vez para siempre cómo funciona el pensamiento, para así comprender también el ego, el ‘yo’. Pues. este ‘yo’, es el fruto del desorden, de la confusión, y por eso se deprime, se altera; ya que no tiene vida verdadera, es como los inventos de los ángeles, del demonio, que no existen más que en la mente de los hombres.

Lo verdadero es lo que siempre ha existido, tiene la posibilidad de existir: la naturaleza, los animales. Y por eso, la naturaleza nos da tanta serenidad, sosiego, la posibilidad de ver la belleza, que es otro invento nuestro. Pues todo lo que existe no es feo ni bello, es como es; pero al emocionarnos, llega el sentimiento, y con ellos en un acceso de pasión decimos: que montaña más bella -cuando todas son bellas-. Con las personas todo se complica más, pues al decir que alguien es bello, los otros se ponen celosos, desarrollan envidia, ganas de hacerle algún daño. En ciertas aldeas del centro de África, no dicen a una mujer que es bella, bonita, porque hay algunos que le hacen algún mal, para que no siga siendo tan bella.

 

 

Interlocutor: Por eso uno debe tener una percepción alerta o ¿no?

 

T. Segarra: La percepción llega con la conciencia, y ésta no sabemos de dónde viene. La percepción alerta depende del interés, la pasión, las ganas de vivir. Es decir, la percepción alerta sólo sucede cuando hemos ido más allá de la división.