Torni Segarra

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2003. Parece ser, que no nacemos con bondad alguna; sí con inocencia, desconocimiento de la realidad, que luego descubrimos en la relación con los demás, con todo lo que es la vida. Pero, luego nos condicionan para ser competitivos, los mejores, para ganar en lo deportes, en los estudios, en los buenos empleos, en lo que vestimos, en lo que sabemos, en lo que tenemos. Y ese deseo de siempre más y más, es el que impide la bondad, que es comprender la realidad de nuestras vidas, lo que nos toca vivir sin hacer un problema de todo ello.

 

 

 

2004. Tan solo hemos de temer el no comprender la vida, la realidad, el no comprender cómo funcionamos, cómo operan el pensamiento, la mente.

 

 

 

2005. Pero para desacondicionarse, para ser libre, hay que cuestionar las costumbres y rutinas ancestrales, sean las que sean; pues si no se descartan, se vive en el romanticismo del pasado, que nos divide y enfrenta, creando un conflicto con el presente, el ahora, con su desorden y malas consecuencias que eso genera.

 

 

 

2006. Eso quiere decir que, si lo que hacemos, lo que vivimos, lo hacemos totalmente, con todos nuestros nervios, nuestra sangre, con toda nuestra energía, eso vivir lo que nos toca vivir en su totalidad. Es como haber comido todo lo que teníamos que comer y ya no tenemos más ganas. Pues, acabar con algo es el fin del desorden, y la llegada del orden.

 

 

 

2007. Sentirse querido o no querido, puede que sea una ilusión. Porque del querer o no querer, hay un paso. Así que, hagamos las cosas íntegramente, con honestidad, y la soledad desaparecerá.

 

 

 

2008. Todo lo que hagamos para mejorar el mundo en que vivimos, si no hay una buena relación con las personas con las que convivimos, con las que me relaciono, ya sean cerca o lejos, nada tendrá sentido ni significado verdadero alguno.

Y antes de eso, hay que tener una buena relación interna, en la que no haya conflicto entre lo que quiero y la realidad, entre lo interno y lo externo.

 

 

 

2009. La violencia, puede que algunos padres o tutores la usen como algo natural, como si fueran gritos, palabras fuertes e insultantes; por eso, la violencia tiene raíces profundas. Aunque el resultado siempre es el mismo: sufrimiento que distorsiona la realidad, confunde, traumatiza por la crueldad, la indiferencia del que la aplica sin ningún rubor, ni compasión alguna.

La sociedad y su ansiedad, el estrés, que nos genera, es también un factor distorsionante que nos aboca a la brutalidad, la violencia contra los niños. Pero el mejor remedio que hay para que los hijos, niños, no nos provoquen la violencia contra ellos, es tener un máximo respeto a todas las personas, no ser corruptos, sino honesto y dignos de hacer lo que hacemos. Es decir, que generemos orden en cada acción que hagamos.