Torni Segarra

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 2322. La verdad también tiene su aparente anarquía y caos, porque no sabemos ver el orden que hay en ello, es demasiado largo para ver todo el proceso intelectualmente. Por eso en el ámbito psicológico, espiritual, la mente es un obstáculo. Y de ahí llega la libertad.

 

 

 

2323. Si en ese espacio o foro, hay libertad entonces eso implica el poder cuestionar lo que se dice, se expone. Si no hay libertad no hay ningún problema.

 

Cuando alguien tiene la oportunidad de hacer una visita a un monasterio o convento, puede que sean retraídos a la hora de comunicarse. En ese caso está claro, pues ellos se encierran allí, dandi la espalda al mundo. Pero pierden la libertad, porque la ven como un peligro. Es decir, tienen miedo y temor, nada que ver con la religiosidad, la espiritualidad.

 

 

 

 

2324. La felicidad es caprichosa, ella viene y se va cuando le da la gana. Y si no lo aceptamos es peor, pues la felicidad no se la puede forzar, obligar, maltratar, pues ante eso ella no puede ser.

 

 

 

 

2325. Los verdaderos maestros no tienen ninguna misión. Porque si uno tiene una misión, un camino, un sendero, entonces no hay libertad.

 

El sabio sin hacer nada, lo hace todo. Pues el sabio sabe que las enseñanzas son sus actos, la manera cómo vive su vida cotidiana.

 

Las palabras no pueden llegar a describir lo que está más allá de ellas.

 

 

 

 

2326. El amor hacia uno mismo es abrir la puerta a todos los ladrones. Pues, el ‘yo’, el ego, que es el inventor, el director, el que dice que sabe, que quiere estar seguro, no va a parar de reclamar atención, cuidados, necesidades, que es lo que es la autocompasión.

 

 

 

 

2327. En el fondo todo radica en el ver. En ver claramente algo. Mientras no veamos realmente el significado de las palabras, de lo que se dice, los consejos, no tendrán ningún sentido ni valor.

 

Por eso, y ahí está el eterno dilema, no sabemos si va primero el soma o la psique. Si primero es la debilidad corporal la que hace la disfunción, y al darnos cuenta del daño nos deprimimos agravándolo todo. O, primero llega la depresión -la psique-, que debilita al cuerpo -el soma-, enfermándolo.

 

 

 

 

2328. Las prisas nos llevan al desorden, al caos. La ansiedad es una corriente de energía que la vemos pero ella puede con nosotros. Porque nos distraemos, no tenemos la capacidad de atención. Por lo que el orden ha de llegar, acompañado, empujado por el dolor.

 

La ansiedad física está ahí, pero la psicológica es más peligrosa porque no tiene fin.

 

 

 

 

 

2329. Ayudar a los demás tiene su sentido, su momento, su lugar. Pero todo lo que hacemos, por bueno y noble que creamos que es, también nos puede llevar al desorden.

 

Lo primero en la vida para ayudar a los demás, es que uno genere orden. Porque de lo contrario si genero desorden, todo lo que haga será una continuidad del desorden.

 

¿Qué es el desorden? ¿No es la dependencia, el aferrarse a algo -una idea o teoría, ya sea religiosa, política, etc.- o a alguien por inteligente, sabio, o beneficioso que sea, lo que nos genera desorden? El desorden nos genera ansiedad, estrés, el más y más que no tiene fin y que está desbocado.

 

De tal manera, que si uno quiere ayudar a otro, en su ansiedad -el deseo que es vanidad, placer, búsqueda de seguridad, etc.-, no lo va a hacer, va a prolongar sus problemas aunque sean un tanto alterados de como lo eran antes.

 

Puede que uno diga: ¿Y por qué no vamos directamente al orden? Eso no puede ser, porque el orden nadie sabe lo que es -si lo supiéramos dejaría de serlo-. Porque el ‘yo’ que es fruto del pensamiento inventaría lo que él cree que es el orden. Y el ‘yo’, y el , es la repetición del pasado. Así que nada nuevo puede venir del ‘yo’, del ego.

 

El pasado son las divisiones, los conflictos, las peleas, la violencia y su crueldad, las guerras. Todo ello fruto del miedo a la inseguridad, a la búsqueda de certidumbre, a la persecución del placer.

 

Lo nuevo es lo que nadie ha tocado, por eso es sin deseo, lleva en sí el orden que no es tuyo ni mío ni de nadie. Por eso, ese orden es compasión, es amor.