Torni Segarra

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 5566. El pasado ya no cuenta, en todo caso sólo cuenta como referencia de algo que fue. Por lo que traer el pasado al presente es tan fútil, como imposible. Cuando tenemos un problema -los problemas siempre son del ahora, el hecho del ahora que es cuando se manifiestan y se desarrollan-, las referencias del pasado ya no nos sirven, porque la mente lo altera engrandeciendo, infravalorando, o verlo con indiferencia.

O sea que cuando tenemos un problema, todos nosotros somos ese problema: no hay división entre el problema y nosotros. Y por eso, no podemos huir de los problemas, hemos de vivirlos, pasar por ellos, nos gusten o no. Y por eso, como realmente lo verdadero, lo que tiene valor es el presente, el ahora, toda referencia del pasado con respecto a un problema específico, no tiene ningún valor ni la capacidad de resolver el problema. Sólo puede ser un consuelo: el ver que pasamos por él -el problema- y estamos todavía aquí viviendo como siempre.

 

5566. El poder, los más poderosos, tienen sus miserias, su basura. Pero recordemos que somos nosotros los que los votamos, elegimos para que en nuestro nombre manden.

 

5567. ¿Creer que sólo podemos tener el cielo o el infierno, no es una estupidez, un sinsentido, un absurdo?

El cielo quiere decir la felicidad absoluta: que ni el dolor ni nada que no nos agrada no afecte. Y el infierno sería lo contrario: todos los males nos afectarían, sin nada bonito que nos hiciese felices.

Pero la vida se compone del infierno y del cielo, de la belleza y lo feo, es decir, del mal y del bien. Entonces, siguiendo con lo de que sólo puede haber cielo o infierno: solamente el bien -y el mal excluido-, ¿puede ser eso?

Mírenlo, entren en ello, no digan que sí ni que no, entren dentro de la mente y descubran cómo funciona. Pues los maestros,  los gurús, los que dicen que saben, también están confusos, viven en desorden.

 

5568. No digamos que una cosa es absolutamente cierta, porque en la vida lo cierto es que todos vamos a morir cuando nos toque. Decir que el mundo está lleno de buenas personas, ¿no es un atrevimiento, algo irreal, un invento, un deseo romántico?

Si miramos el mundo, por todas partes hay violencia, malos tratos, corrupción, ladrones, guerras, ¿no es cierto? Y, ¿quiénes son los que dirigen el mundo, mandan y ordenan decisiones dramáticas, como el salario mínimo, las pensiones, etc.? Lo hacen los que mandan, los políticos. Y, ¿quiénes han elegido a esos que mandan, los políticos? Somos nosotros los que los votamos los que les damos la autoridad, el poder, para que actúen en nuestro nombre y poder.

Ahora bien, si decimos que el mundo está lleno de buenas personas, pero que son buenas superficialmente. Porque ayudar coyunturalmente eso no es ser una buena persona, que genera orden. Pues el orden no ha de ser para unos momentos, sino un orden que sea toda nuestra vida, nuestra manera de vivir. Y para tener orden, no ha de haber división entre el blanco y el negro, entre la mujer y el hombre, entre el pobre y el rico, entre el musulmán y el cristiano.

Pues la división y el desorden, nos confunden, nos hace que nos enfrentemos, que siempre estemos luchando, compitiendo. Y claro, la vida es como un negocio, una empresa que si no tiene paz y armonía, si no tiene orden, si no se respetan las personas siendo honestas, todo es un caos, una anarquía. Donde sólo ganan los más poderosos, los insensibles, los indiferentes, los indolentes, es decir, los ricos.

 

5569. Siempre que leo tus originales escritos, llama la atención que siempre acusas, denigras, quieres destruir a uno de los dos  contendientes, que están enfrentados. En todo conflicto, en todo pleito, en toda guerra, siempre hay dos o más que participan, se hacen daño, se atacan, hacen toda clase de maldades. Pero tú solamente vas a por uno.

Por eso, si me lo permites, sería interesante, para comprender todo el entramado que siempre hablas de él, preguntarte ¿qué opinas de los otros que participan también en el conflicto, en la lucha, en la guerra?

 

5570. ¿Los sueños los hacemos realidad o llegan sin que nosotros no hagamos nada? Si un sueño se consigue, eso es una vulgaridad, lo viejo y conocido, por lo que hemos luchado como un guerrero, nos hemos esforzado, y por tanto hemos hecho mucho daño a los demás, que también tienen su sueño. Los sueños para que se hagan una realidad, los hemos de manosear mentalmente, maquinar, hacer una estrategia, forzar las situaciones, mentir, engañar, falsear la realidad, ser insensible, indiferente, indolente, etc.

¿Por qué si gozamos de algo tenemos que esforzarnos, perdiendo así la belleza de la vida, que es vivir sin conflicto, sin división? ¿Hay verdaderamente belleza en un encuentro entre dos tenistas que se juegan un trofeo con su abultado  beneficio de dinero? ¿Hay belleza entre los dos equipos de fútbol que quieren ganar, que luchan con los pies, los codos, las manos, todo el cuerpo para vencer al otro en cada momento, en cada instante, para así conseguir su sueño de campeón?

 

5571. Para que haya paz en el mundo, en el lugar donde vivimos, en París o en Afganistán, en Siria o Irak, en Palestina o en EEUU, uno ha de tener esa paz dentro de él. ¿Es eso posible? No. Lo que es posible es ser lo menos brutal, cruel, violento posible.

Estamos constituidos para hacer la guerra, ser guerreros, porque hemos de comer, sobrevivir. Y como todos queremos lo mismo, se desencadena una batalla por la comida, por el bienestar. Y como consecuencia, por la seguridad que incluye el derecho al sexo, a un trabajo, a unos ingresos económicos, a la obtención de toda clase de objetos.

De manera que, si no hay un renunciar a lo que nos sobra -vivir en lo básico no es tan difícil ni complicado: comida, ropa, casa-, nos dividiremos de los hambrientos que mueren a todas horas, de los que no tienen nada para cobijarse ni de noche ni de día, de los pobres que no se pueden quitar la miseria que llevan en sus vidas.

Después están las divisiones religiosas, políticas, culturales, nacionales, que si no vamos más allá de ellas, van a generar división.

Y si hay división interna, ya está ahí el germen de la guerra.