Torni Segarra

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2336. ‘Decreto que desde este momento me entrego con valor, optimismo y de lleno a mi misión.
Que disfrutar cada momento sea mi guía y me abra el camino para llegar a la meta.
Nunca más volveré a callar la realidad de mis sentimientos y pensamientos, no actuaré desde el temor al rechazo o el miedo a la pérdida’.

 

El optimismo y el pesimismo son dos caras de la misma moneda. Los dos no son reales, son una ilusión. Pues un hecho cualquiera, un reto, no tiene porque provocarnos optimismo o pesimismo. Los hechos están más allá de nuestros deseos y necesidades, son como dictadores, tiranos. De manera que uno no puede dialogar ni discutir con ellos. Cuando llega la muerte no se le puede decir: dame un poco de tiempo más, unos días, un año. Sino que ella es con toda su radicalidad implacable.

 

 

 

 

2337.El amor no supera a los demonios. Porque el amor no los ve ni los teme. Pues el amor lo engloba todo, lo une y funde en una unidad.

 

 

 

 

2338. ¿Puede una práctica, un método por bueno que digamos que es, liberarnos de nuestros problemas? Una práctica, un método, quiere decir que nosotros ya tenemos la solución de un problema. En psicología, en el ámbito de la espiritualidad, cuando resolvernos completamente un problema ya están todos también resueltos.

 

Pero para resolver un problema, cualquiera que sea, uno tiene que estar internamente completo, entero, sin fragmentación ni división alguna. Pero si tengo ya un plan, un sendero, un camino, una idea o teoría, una práctica o método, ¿todo eso no me divide del reto del presente del ahora que tenemos ante nosotros como el fuego que nos quema -si es que somos sensibles-?

 

Sólo desde el vacío de la mente, desde la nada, que los problemas se solucionan. Pero a nosotros no nos gusta vivir a esa intensidad, nos gusta el tiempo y sus plazos, nos gusta llegar a ser, con tal de no vernos como en realidad somos.

 

 

 

 

2339. Soltar, liberar o liberarse de algo o de alguien puede que sea el mayor reto al que nos hemos de enfrentar. Cuando soltamos a alguien nos liberamos de la dependencia que hemos desarrollado con él. Pero el problema no está en el hecho de soltarlo, liberarse. El problema está en que lo hemos de comprender como el hecho que es. De manera que en ese soltar haya un acabar, un morir a eso a lo que estoy atrapado.

 

Si no comprendemos, es cuando llegan los problemas del adicto cuando deja algo y le provoca dolor, toda clase de problemas. Eso que se llama el síndrome de abstinencia para describir lo que sienten los drogadictos cuando dejan de ingerir droga. Y eso es una enfermedad que abarca completamente, tanto al cuerpo como a la mente.

 

La mente cree tener sus necesidades, pero como no lo son es cuando se degenera y aparece el placer y su dependencia.

 

 

 

 

2340. Sí, Espíritu Del Lobo, lo decía por si algunos no lo sabían. Pues todo depende de la profundidad en que miramos.

 

 

 

 

2341. Solamente quería que viéramos que los que mandan usan las leyes, las normas, según les convenga. Por ejemplo: ¿Cuándo se ha visto votar el presupuesto económico en la segunda quincena de Agosto. Yo no le he visto nunca y tengo sesenta años. Y algunas otras cosas chocantes que se hacen a la discreción del que manda-pues están cerca las próximas elecciones.

 

 

 

 

3342. Panteísmo vendría a ser que todo lo que existe es dios. Pero el problema no es el panteísmo, el problema es dios y cómo llegar a él.

 

 

 

 

3343. La paz interior es el resultado de una vida de no corrupción. De manera que uno no tiene miedo, pues su acción no participa del robo, la explotación, la mentira.
¿Puede haber paz interior si nuestra actividad es perseguida por la
ley, la autoridad, o por otros a los que hacemos daño?

 

Uno puede creer que con ciertas prácticas, ejercicios mentales, etc., puede conseguir paz interior. Tal vez, puede que momentáneamente la mente se aquiete al embotarse por una prácticas o repetición -como si tomara una droga-, pero el mecanismo psicológico lleva su curso y sus resultados: miedo, sentimiento de culpabilidad, impotencia, agresividad, paranoia en la que uno cree que todos quieren hacerle daño.