Torni Segarra

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«Todo te se dará por añadidura, incluso esa maravillosa paz interior, cuando los humanos se contacten con su SER interior, eso es todo y es en una sencilla mente». Pero, tú ya estás viviendo a todas horas, minutos, segundos, ¿’en esa maravillosa paz interior, cuando los humanos se contacten con su SER interior’?

Seguro que no lo haces. Porque si fuera así, no hubieras hecho ese comentario-escrito anterior.

 

* “Dios o dioses, ¿cuándo mueras, adónde irás?”.

Nuestra energía se fusionará con toda la energía universal.

 

* Dios, el universo, no habla. Los que hablamos somos nosotros.

Y nosotros no sabemos nada de nada, de lo que hay más allá de nosotros.

 

* «…la mitad de la población mundial es creyente y la otra mitad es atea».

No lo ves.

Los creyentes y los ateos, los dos piensan igual: se agarran a su creencia.

 

* Los niños son demasiados valiosos, para llevarlos a las iglesias, donde están los locos fanáticos, supersticiosos. Que se creen que tienen tanta autoridad, que se permiten maltratar, golpear a los niños.

Sus padres deben de ser devotos, supersticiosos también. Por lo que los niños están completamente perdidos.

 

* La mente es ingobernable, como la vida. Querer controlarlas, es de idiotas; porque es como dar con la cabeza a una pared.

 

* “El problema es que hay líderes que logran controlar mentes, haciendo que multitud hagan lo que ellos digan … cerrando los ojos, para no ver la verdad”.

Por eso, son idiotas.

O listos, porque como no pueden con su miedo existencial, toman la medicina de los espabilados, embaucadores.

 

* Cada ve vez, demuestras que estás loca -como todos, pero tú eres una de las campeonas-. ¿Tú consentirías que el día del bautizo de tu hijo de unos meses, cuando el cura que lo está bautizando le diera una bofetada en la cara y le provocara un estado de pánico?

Y el sacerdote aún quería darle más al niño, porque no callaba ni paraba de llorar; y así, demostrar que el que tiene la autoridad, el que manda, es él.

Incluso, sus padres, devotos, supersticiosos creyentes obedientes católicos, tuvieron que huir del sacerdote que se había descontrolado; y no quería soltar al niño, que lo tenía su madre en los brazos, lleno de pánico por la bofetada, los tirones, la algarabía, etc.

Y que al final, consiguieron huir del enloquecido, neurótico cura.