Torni Segarra

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* La guerra, es la vida realmente como es. En toda su locura. Que, aunque tiene su lógica, su correlato -para conseguir algo que creemos necesario-, es el horror que lo destruye todo: casas, carreteras, hospitales, escuelas, fábricas, ciudades, los campos de cultivo, animales. Y a las personas.

La guerra, es la muerte, el dolor, la desesperación. Por eso, uno tiene que ver y comprender, poniendo toda su energía en descubrir si la guerra puede desaparecer de nuestras vidas.

 

* “Un día de estos me iré para Estados Unidos para tomarme fotos de lo bien que estaré. Es que la pobreza mental la llevo en los genes”.

¿Tienes bastante dinero para ello?

 

* El caso de Mary Ellen; origen de la protección del menor y su sorprendente relación con la defensa animal.

“Mary Ellen Wilson era una niña de ocho años que vivía en Nueva York en 1872. Sus padres de acogida la trataban como a una cosa, como a algo de su propiedad; la maltrataban, estaba desnutrida, dormía en el suelo, nunca pisó la calle y cuando la dejaban sola la encerraban en un cuarto oscuro.

Etta Wheeler era lo que hoy llamaríamos una trabajadora social. Enterada de las condiciones de Mary Ellen se las ingenió para entrar en su domicilio y comprobar que la realidad era peor de lo contado por los vecinos: la niña tenía cortes de tijeras y señales de haber sido azotada. Denunció los hechos ante las autoridades, pero éstas se negaron a intervenir al no existir ninguna norma que protegiera a los menores.

Era 1874. En Nueva York, los animales maltratados tenían un lugar donde recibir amparo. Los niños no.

Ellos eran propiedad de sus padres y lo qué ocurriera con ellos era asunto privado.

Desesperada por la impotencia, Etta recurrió a los miembros de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad Animal quienes pusieron a su disposición a sus mejores abogados que acabaron llevando y ganando el caso ante la Corte Suprema del Estado de Nueva York en 1874. Los cuidadores de Mary Ellen fueron condenados en la que se conoce como la primera sentencia de la historia en favor de la protección de menores.

El alegato de los letrados fue tan sencillo como eficaz: si Mary Ellen era parte del reino animal debía aplicarse al caso la Ley contra la Crueldad Animal, aprobada algunos años antes gracias a la intensa labor de la citada Sociedad.

Desde el siglo XIX se ha progresado mucho en favor de la protección de menores. Instrumentos internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño y todas las legislaciones nacionales hacen de los menores un bien jurídico de especial protección por su vulnerabilidad. Sin embargo, la defensa de los animales, que en su día dio cobertura decisiva a la protección infantil, no ha corrido la misma suerte”.

Otra guerra -está escondida, doméstica-. Y es que, sin la guerra, no se puede vivir. A no ser que veamos el absurdo que es, maltratar, destruir los cuerpos de las personas. Y así que llegue la energía, que está libre del conflicto, de la guerra.