Torni Segarra

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* “…se puede decir: que el conocimiento de sí mismo el que lo posee es el Diablo”.

No hace falta tantos riesgos.

El conocimiento de mí mismo, sólo llega cuando te conoces realmente quién eres, cómo vives y actúas.

Y entonces, nos damos cuenta que todos somos iguales. Conociéndose uno, es cuando se conoce a todos los seres humanos.

 

* Somos tan poca cosa, que queremos inventar lo bello.

Lo que sale de la mano de las personas, lleva la confusión y el desorden, que tenemos todos nosotros.

 

* Todo eso que dices, está muy bien. Pero todo son palabras.

Tú no te has visto en el dramatismo de que te violaran, de que ti hicieran un gran daño.

Y entonces, es como nos conoceríamos de verdad. Y no creer que las palabras, lo escrito, las enseñanzas, los conceptos, lo que dicen los otros, nos van salvar de las miserias de la vida.

 

* Para escuchar adecuadamente a los demás, es preciso haberse deshecho de lo que estaba haciendo ahora. Para que la atención pueda ser en su totalidad, en el presente, el ahora.

 

* Morir a todo lo que somos. Esa es la verdadera revolución pendiente.

Estamos apegados, aferrados a algunas personas, al empleo, al lugar donde vivo. Y por eso, es que vivimos en desorden, en la confusión, en las desgracias.

 

* (Una pareja dándose la espalda, en la cama sin mirarse).

Tal vez, seguro que está pensando en otra. O tal vez, seguro que está pensando en otro.

¿No somos iguales?

 

* Tú, yo, y los que nos lean, no somos iguales. Hemos de sobrevivir, y para ello hemos de comer. Hemos de tener apartamento. Hemos de sacar dinero, trabajar. Hemos de tener buenas relaciones. No queremos enfermar. Ni queremos morir. ¿Todo eso no le pasa a toda la humanidad?

¿Dónde está esa pretendida diferencia? La diferencia está en lo superficial: unos saben, otros no, uno tiene la piel negra, blanca, rojiza; unos hablan idiomas diferentes de los otros, otros tienen pareja o no.