Torni Segarra

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* Hasta que no descubramos, que los gurús, maestros, los que dicen que saben, etc., son iguales a todos. No pararemos de sobarlos. Lo que observamos y nosotros, somos lo mismo.

Es decir. si te conoces a ti, conoces a toda la raza humana, a todas las personas. Sean quiénes sean.

 

* Todos tenemos una parte de diablo. Porque decimos que el diablo es el mal. Ya sea el mal que nos hacen, o el mal que hacemos a los demás.

Los que inventaron al diablo eran tontos, personas atrapadas entre el bien y el mal, la dualidad, los conflictos. Pues para vivir, sobrevivir, es preciso hacer algún daño. Por eso, la compasión, el amor, son tan precisos, necesarios.

 

* Si eres racista, hagas lo que hagas, seguirá trayendo maldad, violencia, guerra. Podrás justificar tus maldades. Pero eso no tiene ningún valor.

O tú quieres la paz. O quieres la guerra -el racismo, las mentiras, el lanzamiento de bombas a los edificios, la brutalidad, la bestialidad, la crueldad-.

Puedes decir, ¿qué quieres que me maten? Si tú tuvieras paz dentro de ti esa pregunta no la harías.

 

* La estupidez de Biden y sus asesores.

Dicen:

Que les ha cogido por sorpresa los bombardeos y las masacres en Palestina e Israel. Y que no ha tenido tiempo de reaccionar, por su pesado y abultado trabajo pendiente.

¿Es qué no tiene teléfono directo con el presidente israelí, para decirle que ha de detener los bombardeos en Palestina, inmediatamente, de lo contario no le dará los miles de millones que recibe de EEUU?

¿Es que no tiene su lugar, voz y voto en el consejo de seguridad de la ONU?

Todo patrañas, política imperialista como siempre hacen los poderosos que dominan la ONU. Pero las bombas, las matanzas siguen.

¿Qué tal si eso les pasara un solo día -que les cayeran bombas en el lugar donde residen-?

Bramarían, se acabaría el mundo. Todos los diarios, las televisiones, radios, etc., estarían todo el día repitiendo la misma información de los bombardeos y las masacres sin parar. Para comer el coco -sus mentes- a las vulnerables personas, para que se incrimine a los agresores.

 

* “¡Convertirse en monje es como convertirse en empresario!”

Es lo mismo. Tanto el monje como el empresario, quieren ganar, triunfar.

Aunque ahí, estamos todos. Pues, la santidad es el invento de los idolatras. Nadie puede ser completamente santo.