Torni Segarra

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* Sólo hay que comprender desde la misma raíz, que la creencia, las ideas, son la causa de todo el desorden, la confusión que tenemos. Y que ese desorden llega a la sociedad, la contamina, la hace corrupta.

Si es así, que comprendemos la realidad, las creencias -religiosas, políticas, espirituales, económicas, nacionalistas, artísticas, de moda, etc.-, no arraigarán en nosotros.

 

* “…la empatía no consiste en dar limosna”.

Eso depende de cada cual. ¿Para qué queremos el dinero que nos sobra, después de cubrirnos en lo básico?

La riqueza, el exceso de dinero, nos hace insensibles, indiferentes, caprichosos, superficiales, derrochadores, egoístas mezquinos. Y va a generar celos, envidia, desorden y conflictos, entre las personas.

 

* ¿Los sueños no son el resultado de algo?

Por ejemplo: Quien tiene hambre sueña con comida.

 

* “Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir. Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia, de quienes se desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación.

Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental. En realidad, nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Sobre todo, se muere de pereza, es decir de abundancia. Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición.

El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas.

Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo”.

Si todo eso está y sucede en todas partes. Pues todas las personas tienen los mismos impulsos, pecados y virtudes.

Todo lo demás el color del cabello, bajo o alto, educado o no, vivir en un pueblo o gran ciudad, etc., es superficial, común también a toda la humanidad.

Pues psicológicamente todos somos básicamente iguales. Tenemos miedo, buscamos la seguridad, salud, no tener problemas. Si nos pinchamos nos quejamos; si nos respetan, son amables, nos alegramos, nos sentimos felices.