Torni Segarra

Seleccionar página

* ”La diferencia entre atención y concentración está bien ilustrada en el dicho: al ver el bosque ves cada árbol, pero al enfocarte en el árbol no puedes ver el bosque”.

Pero nuestra capacidad. Nos dice cuando hay que enfocar. O ver la totalidad de lo que se ve.

Lo importante es no quedarse colgado, atrapado, concentrado en una sola cosa. Pues, ahí se generaría división, desorden.

* El miedo a la muerte en sí no es el problema.

El miedo es porque sabemos que cuando morimos. Es como no despertar nunca más de la siesta, del dormir de la noche. Y entonces todo se acabó. La nada.

* “Quien no es capaz de desprenderse de su yo, de morir y de mirar la muerte cara a cara, tampoco podrá vivir. Son pocas las personas que emprenden el camino de la muerte del yo el camino místico—, y menos aun las que van por él hacia el final. Porque antes del morir está el miedo”.

Todo eso de la muerte, de la programación, del ‘yo’, es más profundo.  Nosotros somos animales humanos. Es decir, estamos programados como los animales para sobrevivir a toda costa.

Luego por el tiempo, inventamos la compasión, el amor. Que los animales no son capaces de experimentar. Por eso, luchamos contra la muerte. Porque sabemos que estamos vivos -hay una entidad, algo, que vemos que es diferente: ‘tú’, ‘yo’, ‘nosotros’, ‘vosotros’-.

Entonces, ese ‘yo’ es el que lucha porque sabe que puede y va a morir. Y no quiere, tiene miedo a lo nuevo, a la muerte que siempre está ahí.

Pero claro, la muerte no va a desaparecer. Y el ‘yo’ tampoco. Hemos de convivir tanto con la muerte y con el ‘yo’. Sin generar división, conflicto. Es como vivir con unos vecinos que no nos gustan, nos molestan. Pero ellos están ahí.

Por lo que, la prueba siempre está ahí: no querer difamarlos, maltratarlos, expulsarlos, destruirlos, generar un conflicto, una guerra con ellos. Pues si hay paz, si hay amor, no hay miedo a la muerte.

* En realidad todos actuamos con el papel que nos toca. Que es el resultado de nuestra programación.

Si somos valientes, sinceros, honestos. Veremos que no hay víctima ni verdugo. Veremos que todo está programado. Para que siga la vida tal cual está programada.

El verano pasado. Con el calor salieron las hormigas. Y empezaron a trabajar.

Se las arreglaron para subir a una alta maceta. Donde había una joven planta crasa. Que tenía unas tiernas hojitas creciendo.

Pues bien, las hormigas se dedicaron a comerse el azúcar que tenían los brotes tiernos.

Y cuando acabaron con lo tierno. Se pasaron a las hojas grandes desarrolladas.

Yo las veía como asesinas. Pero, las hormigas sólo estaban respondiendo a su programación: sobrevivir cueste lo que cueste. Como resultado casi matan a la planta crasa, suculenta. Pues tuve que intervenir. Usando un pulverizador de agua fina. Varios días seguidos, hasta que desaparecieron.