Torni Segarra

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* ‘…para tocar el cielo, primero hay que descender al temible infierno’.

Porque, el cielo y el infierno, son una misma cosa -como el día y la noche-. A nosotros nos gusta ver la realidad, como lo bueno y lo malo. Lo que nos gusta y lo que detestamos, no nos gusta. Y eso nos desequilibra y nos hace vivir en desorden, caos. Quejándonos de todo lo que sucede, si es que va contra nuestro cuerpo, contra nuestro ‘yo’, nuestros deseos.

* ¿Tú cómo lo sabes? Acusar sin aportar pruebas, es muy grave -tan grave, como todo lo grave-. Deberías de aclararlo todo más. Con objetividad, la verdad. Y sin que el odio, la rabia, los deseos personales, políticos, culturales, te dominen la voluntad de hacer el bien: que la pandemia llegue a su fin. Concluya su trabajo. Porque, todo tiene un motivo -nos guste o no-.

* Una pregunta, ¿cuáles eran las causas de las epidemias que siempre han sucedido? Unos dicen una vez, en una ocasión, que eran las ratas. Porque los cristianos, decían que los gatos generaban el mal por su conexión con el diablo. Y al matar todos los gatos, las ratas proliferaron con sus pulgas infectando a las personas. Eso puede ser un cuento o no. Como los cuentos que van a salir a montones. Porque, se trata de la vida, de nuestras vidas. Y no queremos morir ni sufrir, nos da pánico.

* ‘¿La vida es un negocio?’

El negocio de no perder la vida. ¿Hay mayor negocio que el sobrevivir, que no nos timen, nos hagan algún daño?

* ‘El 99 % sufre de estrés para que a fin de mes no sea un suplicio. ¿Desde que nacemos la vida se vuelve negocio? ¿Desde qué punto de vista, apuntas?’

Desde el punto de vista, de que todos somos depredadores. Todos queremos ganar, que se imponga lo que decimos, defendemos. Ya sea en el deporte, en política, en la religión. ¿Por qué es un negocio? Porque, el imponernos es como vencer. Y eso nos proporciona placer, quedando atrapados en eso.

* Sí, sé lo que quieres decir, que es básicamente como actuamos la mayoría. Pero, la cuestión es: ¿Qué ocurre cuándo nos llega un reto perturbador? Entonces, realmente sale lo que somos. Nos deprimimos, frustramos, queremos volver a nuestro estado de confort. Y eso, nos divide y genera conflicto, desorden.

* ‘Somos responsables de la programación que albergamos. Tú puedes tomar conciencia de ella y cambiarla; y, si encuentras límites, puedes pedir ayuda a terapeutas que te van a acompañar en ese proceso, o incluso que harán ciertos cambios’.

Lo que tú pretendes decir, es el cambio psicológico. Lo que no sabes, es si ese cambio, puede o no puede suceder. Desde hace más de diez mil años, los filósofos, los que querían cambiar a las personas, lo están intentando. ¿Tú que dices, es posible o no?

Primero, que nada, hemos de saber quiénes somos. Cuales son nuestros condicionamientos, nuestra programación. O sea, que nosotros, no somos lo que queremos, somos nuestra programación, estamos obligados a comer, a vestirnos, a relacionarnos con los demás. Estamos obligados a responder a los deseos de sexo, de ir a subir una alta montaña, o a hacer servicios sociales.

La pregunta: ¿De verdad creemos que podemos cambiar? Pues, el ego, el ‘yo, no nos va a dejar cambiar; él quiere estar seguro, sentir placer con lo viejo y conocido. Así que, si nos dividimos de ese ‘yo’ -mi trabajo, mi nacionalismo, mis ideas, mi familia, mis amigos, teorías de toda clase-. Seguiremos, como siempre, en plano del ‘yo’.  Pero, si veo que toda huida de lo que es, de la realidad, toda idea de cambio, implica seguir en el círculo del conflicto, de la división. Entonces, no hago nada. Sólo atiendo a lo que está sucediendo, sin tocarlo, sin entrometernos con ello. Ya está ahí, la atención total. Que está más allá de todo lo mundano, todo deseo. No cambia nada. Sólo cambiamos nosotros, los que lo vemos, lo comprendemos.