Torni Segarra

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* Alguien que se gastó -el faraón- una inmensa fortuna para enterrarse allí una vez muerto. ¿No es preciso que sea un estúpido? ¿No había otra actividad que hacer? ¿Los cementerios, las tumbas, no son el fracaso de la humanidad? Ya que los muertos no necesitan nada. Los que necesitamos somos lo que estamos vivos.

Lo que quiere decir, que las necesidades de los faraones, eran que les enterraran en las pirámides. Que mandaron que se construyeran.

* Pero la necesidad de alimentar las adicciones. Es más fuerte y poderosa que las informaciones. Sobre el peligro del contagio del Covid-19. Y todo lo que genera.

Eso sucede en todos los ámbitos. Cuando conducimos el coche queremos sentir el placer de la velocidad. Lo escaladores que suben al Himalaya, los Alpes Europeos. Lo pilotos de carrera de motos o coches. Los drogadictos que siguen su ingesta a pesar del deterioro corporal, psíquico. Los que quieren cabalgar sobre las olas en el o los aires.

Y ahora reunirse amontonarse en las playas, en fiestas raves de los jóvenes. Donde el delirio, la promiscuidad, la confusión, el desorden imperan.

* Las personas toxicas. Todo lo van a ver negativamente. Hacer un conflicto, una complicación. No es nada extraño. A nosotros nos pasa lo mismo. Aunque no tan exageradamente, insistentemente. Ya que todos somos iguales. En nuestras necesidades. A la hora de satisfacerlas.

* Hemos de darnos cuenta que es la realidad. Y si lo vemos, también veremos lo negativo. Y lo podremos descartar. O mejor dicho, lo negativo desparecerá. ¿Qué es lo negativo? ¿Qué es el desorden? ¿No es todo lo que nos divide, nos genera conflicto? Así que, descartando lo negativo, llega el orden. Que es la inteligencia, el amor. Donde el ‘yo’, divisivo, conflictivo no puede operar.

* Creo que no lo entiendes. Mi vida es la misma que la tuya, que la de todos los demás. Ese es el problema. Que nos creemos diferentes de los demás. ¿Por qué crees que mi vida es más interesante o más miserable? Y ¿para qué quieres saberlo? Pues cuando uno se conoce, es cuando cono a todos, a toda la humanidad. Es el ‘yo’ el que nos divide de la persona que vive contigo, con el vecino, el compañero de trabajo. Pero cuando nos damos cuenta que todos somos iguales. El ‘yo’ y el ‘tú’, el ‘nosotros’ y el ‘ellos’, todo eso se acaba. Es decir, si todos queremos lo mismo, lo necesitamos, no podemos ser diferentes. Todos necesitamos alimento, necesitamos un lugar para descansar. Todos queremos que nos amen. No queremos estar solos. Y menos aislados. No queremos perder lo que tenemos. No queremos enfermar ni envejecer, ni morir. ¿Dónde está la diferencia? Así que, conociendo tu historia, tu vida, completa y verdaderamente. Es cuando me conoces a mí y a toda la humanidad.

* Un grano de arena, una estrella, no se puede comparar a un ser vivo, una persona. Ni un instante tampoco. De ser íntegros seríamos igual como somos. La diferencia sería que no le daríamos importancia a las miserias de la vida ni a la muerte. Porque comprenderíamos que la vida es así y no se puede cambiar. Nacer, crecer, envejecer, deteriorarse, morir. Da igual que alguien se le diga que es un sabio, un gurú, un liberado.